Sociedad

«La ciudad se define de forma contradictoria a los propósitos del Pacto Verde»

El arquitecto Jorge López Conde reflexiona sobre la profundidad de los retos a los que nuestras ciudades, afectadas por los cambios en la movilidad y el calentamiento global, se verán sometidas en los próximos años.

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Paula Caballero
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22
Dic
2021
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Paula Caballero

El arquitecto Jorge López Conde cuenta con la dilatada experiencia que solo puede ofrecer el paso de los años. A ello se suma su trayectoria académica y laboral, siempre estrechamente vinculada a la innovación, la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático, tal y como demuestra su pertenencia a la iniciativa ‘The European Clusters Alliance‘ y su colaboración con la Nueva Bauhaus Europea. Estos valores se ven plasmados a la perfección en el Observatorio de la despoblación, donde se enfoca en las dificultades que presentan las zonas rurales y el reto demográfico. López Conde acaba de inaugurar, además, una exposición en el espacio CentroCentro del Ayuntamiento de Madrid. ‘De la Huerta a la Mesa‘, así, explica cómo el desarrollo del ser humano, el origen de la civilización, la creación de la cultura y de la ciudad van en paralelo a nuestra alimentación. Nos atiende para relatar los retos a los que se enfrentan las ciudades (y sociedades) del futuro.


Tu trayectoria académica y laboral ha evolucionado rodeada siempre de la investigación y la innovación. ¿Qué papel crees que juega esta última en la transición hacia el desarrollo sostenible? ¿Cómo se distribuye entre países y regiones urbanas y rurales?

La innovación es fundamental. La propia definición del concepto se basa en la transferencia de nuevos conocimientos a la sociedad para producir un cambio, por lo que desde ese punto de vista del cambio climático la innovación es clave. Entre estos cambios, eso sí, se ha puesto fin a ecosistemas empresariales sin demostrar que la propuesta alternativa funciona, lo cual puede ser problema de la aceleración. El ritmo de los cambios está reformando muchos ámbitos sin que lo hayamos medido antes. Sobre la distribución territorial de la innovación hemos detectado que, de alguna manera, se produce una imposición de modelos de conocimientos de la ciudad sobre lo rural. Esto es muy relevante, y por eso lo presentamos en un mapa donde se agrupan startups por región y donde se identifican determinados vacíos. Esto no significa necesariamente que no existan proyectos en dichos territorios, sino que no son fáciles de encontrar o carecen de visibilidad en las redes. Muchas de estas ideas que llamamos innovadoras se basan en trabajar con materiales que probablemente lleven siglos con nosotros, pero a los cuales se les está dando un nuevo uso. En arquitectura, por ejemplo, es posible citar el uso de biomateriales como el centeno, así como materiales upcycled como residuos que se reciclan para darles un nuevo uso. Se va a re-enfocar la innovación de la arquitectura en esa dirección para poder recuperar dinámicas de siglos atrás que se perdieron por la imposición los modelos constructivos de la ciudad sobre lo rural.

«La innovación se basa en la transferencia de nuevos conocimientos a la sociedad para producir un cambio»

¿Cómo crees que han evolucionado estos campos en los últimos años? ¿Has percibido cambios asociados a la sostenibilidad?

Hay un cambio de modelo y, además, las instituciones europeas van a forzar que muchas industrias cambien. Esto se está viendo sobre todo en el área de la construcción: por ejemplo, se plantea reducir el uso de hormigón y sustituirlo por madera, aunque parece, no obstante, que hay industrias que aún no están preparadas para estos cambios. En nuestro estudio tan solo logramos identificar a una empresa en el área del Pirineo adaptada a este modelo, el cual viene impuesto por Austria y Suiza. Por otro lado, la arquitectura, desgraciadamente, no lleva la velocidad de adaptación que otras industrias, principalmente porque el cambio de modelos y tipologías es más complejo. Es difícil introducir cambios por muchas razones, pero la mayor complejidad reside en introducirlos en determinados aspectos del día a día. Las cocinas abiertas, los espacios compartidos o las lavanderías comunitarias son ideas o estrategias que llevan planteándose muchos años, pero que todavía no las vemos de forma generalizada. Otro ejemplo habitual son las casas prefabricadas, que permanecen en la fase de prototipado y no alcanzan la producción masiva, especialmente en España, ya que sí se han desarrollado de forma masiva en algunos países asociados al desarrollo de la industria aeroespacial, como por ejemplo Francia o Estados Unidos.

Hace poco se inauguró tu exposición en el espacio CentroCentro de Madrid, De la Huerta a la mesa. Esta exposición nos traslada a una selección de ciudades emblemáticas en un agradable viaje en el tiempo. ¿Qué motiva la selección de estas ciudades? ¿Qué lecciones destacarías sobre el pasado aplicables?

La selección da respuesta a las políticas europeas desde la arquitectura, en concreto al Pacto Verde y a la estrategia de introducción de la sostenibilidad en los procesos de alimentación, lo que motiva el nombre De la granja a la mesa. La arquitectura es la única disciplina que atraviesa esas escalas, que ordena el territorio, que analiza cuáles son las áreas que deben destinarse a cultivos, a suelos urbanizables. Después diseña los espacios de aprovisionamiento de alimentos –como los mercados– y, por último, diseña las mesas. Es la única disciplina legitimada legalmente para poder cumplir con la normativa vigente y poder desarrollar esos proyectos. Hasta la fecha, la arquitectura ha estado desconectada de estas visiones. Ahora está reconectándose, dando prioridad a adaptar la gestión del territorio. Esta exposición ha seleccionado unos modelos de ciudades que a lo largo de la historia han desarrollado una serie de propuestas que siguen vigentes. Hemos intentado ir a esos hechos históricos para analizar el presente y proyectarnos al futuro. En muchos casos, la selección también se ha guiado por cercanía. El recorrido empieza en el Edén, seguido por Roma; después nos trasladamos al mundo árabe, representado por El generalife, en Granada, que se considera «la huerta del arquitecto»; posteriormente viajamos a México, donde las chinampas nos enseñan el modelo más eficiente de producción; las últimas paradas son las más cercanas: San Lorenzo del Escorial y Madrid. En este recorrido se producen, por tanto, tres desconexiones: la primera, al abandonar el Edén; la segunda, con el intercambio cultural fruto del descubrimiento de América; la última, con la Revolución industrial, donde las ciudades rompen con el equilibrio del territorio. El final del recorrido sugiere dos modelos que tratan de reconectar con el planeta y encontrar el equilibrio entre lo rural y lo urbano. Presentamos, así, la ciudad sostenible y la ciudad del futuro.

En línea con la Nueva Bauhaus Europea, tu proyecto incluye el reto de la despoblación rural. ¿Cómo puede la arquitectura contribuir a este reto demográfico?

El planteamiento es similar. Para mí, todos los proyectos que hemos comentado están relacionados. La ciudad se define como lo opuesto a lo rural, lo cual resulta contradictorio a los propósitos del Green Deal, que están basados en la cooperación. Es necesario redefinir las ciudades, y para esto el concepto de densidad es principal: es la clave que determina si un territorio está despoblado o no. El principal objetivo es tratar de conseguir el equilibrio territorial y determinar cuatro zonas específicas que necesitan especial atención: las zonas despobladas, las zonas transfronterizas, las montañas y las islas. Ahora hay que trabajar –colaborando con las instituciones– con el territorio como laboratorio, partiendo de esa densidad. En nuestro estudio, por ejemplo, hemos identificado que las zonas protegidas han dificultado en cierto modo el desarrollo de determinados territorios, dado que resultaba más complejo desarrollar la vida ahí. Esto requiere prototipar nuevos modelos que garanticen un equilibrio entre lo rural y lo urbano, un problema que no está solo presente en España, sino que es global.

«La ciudad se define como lo opuesto a lo rural, lo cual resulta contradictorio a los propósitos del ‘Green Deal’»

En línea con De la Huerta a la mesa, la Comisión Europea se centra en dos parámetros del sistema alimentario mundial: el consumo final y la producción. ¿Qué crees que sería necesario para cambiar los hábitos de consumo? 

Sobre este tema hay un debate muy abierto y cuya respuesta es incierta por la falta de mediciones concretas de los cambios de consumo. Contamos con recomendaciones de la ONU para reducir nuestras dietas a 2500 kilocalorías, pero estas también promueven que se mantengan las tradiciones propias de cada cultura. Así, la introducción de nuevos alimentos no garantiza que se vaya a hacer una reducción del impacto en términos planetarios. Por ejemplo, el caso de la soja o la quinoa, cuyo transporte tiene una alta huella de carbono debido al transporte, debería compararse frente al consumo de determinadas carnes que están dentro de nuestra cultura. Otro caso es hablar de la producción industrial de dichos alimentos, y de cómo estos patrones deberían ajustarse. Todos estos equilibrios han de hacerse manteniendo el paisaje cultural que ha mantenido nuestros territorios. Los productos etiquetados como ecológicos no suelen incluir la medición de la huella de carbono vinculada al transporte de los mismos: estas certificaciones requieren una maduración y una regulación que garantice la medición del impacto a todos los niveles de producción, si bien es un proceso que se sigue acelerando. Por otro lado, en lo que se refiere a los cambios en la demanda y en los hábitos de consumo, según múltiples encuestas la pandemia ha provocado una transición hacia determinados cambios en nuestra forma de vida: durante el confinamiento se hizo una supervisión mucho más estricta y dirigida de la compra, enfocando esta hacia productos ecológicos.

Úrsula Von der Leyen define el proyecto de la Nueva Bauhaus Europea como un movimiento creativo e interdisciplinar que desarrolla estándares estéticos y funcionales, en sintonía con los planteamientos más avanzados en materia de tecnología, medio ambiente y clima. ¿Cuáles son estos estándares estéticos y funcionales?

Lo bonito de la Nueva Bauhaus Europea es que se está creando en directo, con lo cual esos estándares no están definidos aún. Lo que quiere la Unión Europea es construir prototipos de ese nuevo Pacto Verde que pueden estar también basados en la rehabilitación, no solo en la construcción. Se habla mucho de reutilización de redes y proyectos que ya están en marcha y de cómo redirigirlos a modelos de innovación: pretende, así, definir unos modelos que sean extrapolables a otros territorios.

Se ha comentado que el Bauhaus Europeo presenta tendencias centroeuropeas y nórdicas claramente definidas. ¿Cree que los intereses del área mediterránea quedan igual de presentes? ¿Dónde se sitúa España y qué es representativo?

Al construirse en vivo y en directo habrá este tipo de desequilibrio también en función de los que participen. A día de hoy, en los premios que se han recibido hay una gran mayoría de españoles que merece apreciación. Esos desequilibrios podrán tener lugar, especialmente a nivel político, pero la voluntad no es esa. Por otro lado, las ayudas también deben estar equilibradas. Obviamente, las zonas mediterráneas presentan problemas agravados por las condiciones regionales como el desempleo y los valores económicos. Es difícil dar una respuesta concreta a esta pregunta en este momento, pero te diría que el peso es casi inverso: hay una voluntad mediterránea muy activa, así como ecosistemas creativos destacables.

«Lo bonito de la Nueva Bauhaus Europea es que se está creando en directo, con lo cual esos estándares no están definidos aún»

¿Qué elementos desearías ver en la elaboración de políticas públicas venideras para acelerar la implementación del Pacto Verde? ¿Cuáles son los principales desafíos?

Yo soy bastante europeísta y creo en las líneas que se están desarrollando, las cuales considero bastante bien diseñadas. Sin embargo, existen problemas estructurales y administrativos a la hora de recibir la financiación a nivel nacional. A nivel profesional también he percibido dificultades vinculadas a la Ley de Contratación del Sector Público y los modelos de licitación, que resultan muy restrictivos. Al fin y al cabo, estas restricciones, si bien han sido motivadas por la corrupción del pasado, ahora ralentizan y complejizan la aplicación de determinadas subvenciones y ayudas que buscan la colaboración público-privada. Europa tiene un gran poder en la gestión de este dinero a todos los niveles, y por eso las líneas van a estar muy definidas, lo que va a permitir guiar los proyectos detalladamente. Otro desafío destacable es que se están haciendo muchas propuestas transversales, y esto en la administración es complicado: resulta difícil que múltiples ministerios se sienten a hablar, que colaboren, que desarrollen políticas en común. Los comisionados de los Objetivos de Desarrollo Sostenible –o los del reto demográfico– son transversales en algunos gobiernos, y esto es muy importante, pero en España se está tardando más de lo que debería en implementarse. Quizás en nuestro país no esté sucediendo con la fluidez con que debería, pero hay una voluntad, y es habitual que diversos consejeros de distintas áreas se sienten a pensar en cómo dar solución a problemas transversales como el cambio climático.

¿Cómo ayuda El Observatorio de la despoblación a este cometido?

Este estudio pionero se alinea con las políticas europeas y funciona como herramienta-puente entre el lenguaje legal, científico y humano de los marcos políticos y económicos. Consta de dos partes. Por un lado, trabaja con una red neuronal para analizar el problema multiescalar de la despoblación, dando un marco estratégico a los problemas vinculados. Por otro, facilitamos también a las administraciones públicas y a toda entidad dedicada a tratar esta problemática una posible solución para dar respuesta a este complejo desafío. Para ello, hemos creado un ecosistema de 200 ideas, proyectos, startups y empresas –que hemos llamado «unicornios rurales»–, que están trabajando contra el cambio climático y el reto demográfico en España. Es importante que trabajemos en una misma dirección, dado el carácter transversal de la problemática para provocar ese cambio. Por eso hemos hecho este estudio pionero desde el punto de vista de la arquitectura, de la investigación y la innovación: para intentar ayudar.

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