La farmacia: el kilómetro cero de la lucha contra la violencia de género

Muchas mujeres siguen siendo víctimas de una violencia que se escuda en el silencio, un problema cuya única solución parece estar en las redes y en la recomposición del tejido social.

Ilustración

Natalia Ortiz
¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
26
Nov
2021
Violencia de género

Ilustración

Natalia Ortiz

El pasado mes de julio el Consejo General de Colegios Farmacéuticos y el Ministerio de Igualdad firmaron un convenio con el objetivo de poner en marcha un protocolo de atención a las víctimas de violencia de género que acudan a una farmacia, para que sean derivadas a una intervención integral por parte de recursos especializados. Un paso más en la apuesta de la profesión farmacéutica por ser un refugio para las mujeres que sufren este problema. «Es clave la labor de los farmacéuticos y personal de las farmacias en la atención, información y posterior derivación a recursos integrales especializados en materia de violencia de género», apunta Victoria Rosell, delegada de Gobierno de Violencia de Género, quién también señala que «las farmacias han reaccionado con toda la sensibilidad necesaria en esta época tan complicada, especialmente con personas vulnerables. En nuestro ámbito no podemos olvidar la iniciativa del Gobierno de Canarias, Mascarilla 19, que ha permitido la atención a 45 mujeres al menos en Tenerife y Gran Canaria. Esta iniciativa se ha prorrogado hasta 2026». 

Quintanilla: «La farmacia es un punto de encuentro para las mujeres, un sitio en el que pueden encontrar la seguridad que muchas veces no encuentran en casa»

También Carmen Quintanilla, diputada y fundadora de la Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural (AFAMMER) coincide en la visión de la farmacia como un refugio seguro. Lo primero que dice es que la violencia contra las mujeres en el campo español tiene un cómplice: el silencio. Ella señala a esa otra forma del miedo porque sabe que tras cada denuncia hay un temor enorme en la víctima por «saber lo que le espera en casa».  «La farmacia es un elemento integrador para la sociedad y un punto de encuentro para las mujeres, además de un sitio en el que pueden encontrar la seguridad que muchas veces no encuentran en casa». Una red de apoyo, cercana, y especialmente importante para luchar contra ese maltrato injustificable en el medio rural.

Lo mismo opina, Juana Borrego, fundadora y presidenta de la Federación de la Mujer Rural (FEMUR), quien sostiene que la peor violencia que viven las mujeres rurales «viene desde dentro de casa».  Para ella el reto es grande, porque «aún hay pueblos en los que ni siquiera hay farmacias ya. Muchas personas tienen que ir a la del pueblo vecino». Y por eso sostiene que «las mujeres rurales nada tienen que envidiarles a las heroínas de la historia, porque ellas salen adelante en condiciones que la gente de la ciudad ni se imagina».

En 2017, distintos grupos parlamentarios, las Comunidades Autónomas, y entidades locales representadas por la Federación Española de Municipios y Provincias, ratificaron el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Se trata de 11 ejes de acción para erradicar el problema (mejoras asistenciales, protección a las víctimas, fortalecimiento de las redes de apoyo, etc.). Sin embargo, Quintanilla reflexiona sobre que el Pacto de Estado «ha lanzado el claro mensaje de que sí se puede romper el círculo de violencia y de terror, pero desgraciadamente va lento; la realidad de muchas mujeres en la España rural sigue siendo muy difícil». 

Sus opiniones son contundentes, pero sus datos lo son aún más. Es ella quien proporciona el dato de las 35 mujeres asesinadas en lo que va de este año. Y que la mitad de ellas vivían en el campo. «Muchas siguen sin denunciar a sus agresores por miedo a las represalias», dice. «Las farmacias no sólo transforman a la sociedad en el ámbito sanitario, sino que transforman y recomponen la realidad social. Son el núcleo de la vida social de un pueblo y donde muchas mujeres crean una red de apoyo». Además, añade, «la mayoría son farmacéuticas, y así muchas pueden hablar de tú a tú con otra mujer, que también es su vecina, y que seguramente podrá apoyarla y entenderla en las crudas situaciones que está padeciendo».

ARTÍCULOS RELACIONADOS

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME

Aviso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrar a los usuarios publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si se continúa navegando, consideramos que se acepta su uso. Es posible obtener más información aquí.