Economía

No invierta si no es verde: bienvenido al nuevo modelo de riqueza

Los negocios atraviesan una redefinición de su objetivo fundamental: la generación de beneficios y de valor. Este reto exige llevar la sostenibilidad al corazón de nuestras organizaciones y, quien lo subestime, se encontrará más pronto que tarde en fuera de juego.

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15
Jun
2021
energías renovables

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El planeta está logrando lo que economistas como Adam Smith, Milton Friedman, Karl Marx o Friedrich Engels no alcanzaron: un reajuste del modelo de riqueza. El mundo de los negocios hoy ya se divide en dos clases de organizaciones, por un lado, aquellas que están logrando reordenar su modelo de negocio con la meta de maximizar el beneficio de su ecosistema (facturación propia, impacto en su comunidad, reducción del impacto ambiental, etc) y, por otro, las que siguen apostando únicamente por su propio beneficio.

Los últimos tiempos han reforzado la tensión entre ambos grupos de la mano del cambio de hábitos que han atravesado (y atraviesan) nuestros clientes, sobre todo a partir de la pandemia. El principal reflejo es la creciente presión de los consumidores que están dispuestos a pagar más por productos y servicios (incluso online) y que ponen la sostenibilidad de sus cadenas de producción en primer lugar. 

Más que una idea sacada de un antiguo manual de vida de los años 60, la tendencia responde está en línea con el concepto conocido como ‘economía circular’ que toma protagonismo. Para la Fundación Ellen MacArthur, la economía circular «busca redefinir qué es el crecimiento, con énfasis en los beneficios para toda la sociedad. Esto implica disociar la actividad económica del consumo de recursos finitos y eliminar los residuos del sistema desde el diseño». Así, apunta la organización, «el modelo circular crea capital económico, natural y social, y se basa en los principios de eliminar residuos y contaminación desde el diseño, mantener productos y materiales en uso y regenerar sistemas naturales».

Es aquí donde la economía circular viene a cambiar el concepto de lo que entendemos cómo riqueza y valor. De repente ya no nos podremos definir como organizaciones por nuestros ingresos, sino que el diferencial de valor se medirá (y medirán nuestros clientes) por lo sostenibles que somos a la hora de generar esos ingresos y el impacto que alcanzamos en nuestra comunidad al hacerlo. Esto supone que la antigua meta de la abundancia –maximizar los recursos para un mayor consumo que genera una mayor ganancia– se redefine. La nueva regla se basará en nuestro nivel de conciencia, buscando el reparto para todos.

El futuro ya está aquí

¿Cómo de cercano está ese futuro? Lo muestran los ecosistemas que vienen formándose en torno a quienes hacen de la sostenibilidad el centro de su negocio. Un buen ejemplo son las empresas que voluntariamente se proponen trabajar bajo los estándares del movimiento B Corp. Así, las B Companies están hoy presentes en 70 países y en 150 sectores de actividad. Hace apenas tres años, tan solo lo hacían en 50 países y 130 sectores. «El continuo crecimiento de este tipo de modelos empresariales representa el mayor desafío para las empresas y el modelo centrado en el accionista», anticipaban hace unos años Suntae Kim y Matthew Karlesky en Por qué las compañías se reconvierten en corporaciones B, publicado en la prestigiosa Harvard Business Review.

Recordemos que las ‘empresas B’ conforman un ecosistema de organizaciones que se compromete a respetar un conjunto de reglas que responden a principios de sostenibilidad y de economía circular. Es, sin duda alguna, la nueva forma de hacer negocios. Un simple ejemplo: el modelo B Corp exige que, a la hora de elegir un proveedor, una ‘empresa B’ se compromete a seleccionar como primera preferencia a otra ‘empresa B’. Dicho de otro modo, quien no es B no será nunca la primera opción para hacer negocios en el ‘mundo B’. Y me animo a decir que, quien no sea B en un futuro, no será una opción en lo absoluto.

En el centro de este círculo virtuoso no hay otra persona más que el CEO. Son ellos quienes tienen la capacidad, las herramientas y la obligación de liderar este movimiento para inspirar a sus equipos. Porque, parafraseando la famosa cita de William Gibson: «El futuro ya está aquí. Simplemente que no está distribuido de forma equitativa».


Gabriel Weinstein es socio y managing partner para Europa de la consultoría Olivia.

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