Cultura

Mariana Pineda, la heroína que dio sentido a la libertad

La granadina Mariana Pineda, una de las activistas más entregadas a la lucha contra el absolutismo de Fernando VII, vivió una vida plagada de persecuciones por defender la bandera de la tolerancia en una sociedad en la que la libertad parecía una actividad de riesgo.

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12
May
2021

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Ahora que el término «libertad» está sufriendo un manoseo sin precedentes, conocer la vida de Mariana Pineda, breve en años pero inmensa en significado, es un buen ejercicio para devolverle su enjundia. La heroína liberal nació en Granada en 1804, y en sus escasos 26 años se enfrentó como pocos contra Fernando VII, un rey que volvió embrutecido del exilio y arrasó las ansias de libertad y modernización de España con su descarnado absolutismo, llevándose por delante (dos veces) la Constitución de 1812 en pos de la autarquía radical.

En aquella época, el liberalismo tenía un significado más humanista. Pineda era una persona liberal y defendía la libertad y la tolerancia en la vida de la sociedad, lo que bajo el régimen apisonador de Fernando VII se veía como una actividad de riesgo. Una infancia difícil y una adultez prematura (se casó de adolescente y tuvo una hija con un militar 11 años mayor que ella) no la impidió ser consecuente con su oposición a la satrapía, sobre todo con sus actos. Intervenía en las reuniones secretas de los liberales que conspiraban para restablecer la Constitución, y les ayudaba a sortear el yugo del régimen ocultándoles en su casa, proporcionándoles con pasaportes falsos y asistiendo a los presos políticos. Uno de ellos la delató en 1824 ante las autoridades y eso supuso su detención y la de su criado, si bien fueron finalmente absueltos sin condena.

Antes de ser ejecutada, Pineda pasó a la posteridad con una última frase: «Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios»

Lejos de amedrentarse o desencantarse por la traición, Pineda siguió ejerciendo un activismo cada vez más riesgoso, como la planificación de la fuga de un preso político que finalmente logró traspasar los muros de la cárcel disfrazado de fraile, para acabar a salvo en Gibraltar junto a otros muchos exiliados. Su elevada exposición en aquella acción la puso en el punto de mira de un fiscal de la alcaldía de Granada, Ramón Pedrosa y Andrade. Dicen algunos episodios apócrifos que la obsesión del funcionario con la heroína tenía un sesgo sentimental, puesto que esta le había rechazado años atrás. Sea cual fuera el móvil, Pedrosa no cejó hasta conseguir la muerte de Pineda: primero intentó infructuosamente reabrir la causa de 1824, y luego optó por ardides mucho más ladinos. Un chivatazo le desveló que un grupo de bordadoras estaba confeccionando para la activista una bandera con un mensaje contrario al régimen, algo castigado con la pena capital.

El fiscal las contactó y las obligó a llevarle a Pineda el estandarte de tela, aún sin terminar. A continuación mandó registrar su domicilio y ese fue el principio del fin de la joven. Fue arrestada en su casa y posteriormente internada en un convento. Pineda intentó, en vano, fugarse, y eso solo empeoró más aún su situación. Después de un juicio absolutamente irregular, en el que su abogado apenas tuvo un día para preparar su defensa, fue condenada a morir de la manera más sañosa que se conocía en la época: el garrote vil. 

Ni siquiera conociendo su suerte Pineda dejó decaer sus convicciones, y justo antes de morir cometió un último acto que la encumbró definitivamente como heroína de las libertades: cuando le propusieron indultarla si delataba a otros rebeldes, respondió con un escueto y contundente «nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios», una frase que automáticamente pasó a la posteridad.

La vida de Pineda, sin duda, vuelve a darle la dimensión que merece a un término como ‘libertad’, tan elevado que muchas personas en la historia han estado dispuestas a morir por ella. Y lo que las bordadoras escribieron en su bandera le da el contexto necesario: «Libertad, igualdad y ley». Porque la libertad no significa nada si no es para todos por igual. 

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