Cultura

«La libertad de expresión se gana ejerciéndola»

Iván Ferreiro, referente incontestable para el indie nacional desde hace más de veinte años, no esquiva las preguntas para hablar de política, de libertad de expresión o de feminismo en la música española. ¿Estamos mejor que en los ochenta?

Fotografía

Noemí del Val
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16
Abr
2019

Superado –o no– el debate sobre qué es o no el ‘indie’ que vuelve cíclicamente a la música española, pocos se atreverían a poner en cuestión que, por méritos propios, Iván Ferreiro (Vigo, 1970) es un referente incontestable para varias generaciones de melómanos, desde los fieles que ya vibraban con Los Piratas en los noventa hasta los que le conocieron en una carrera en solitario que dura ya más de quince años. Tras el himno vitalista que recogen las canciones de ‘Casa’ (2016), presenta  ‘Cena recalentada’, un disco homenaje a Golpes Bajos, grupo de referencia de un tiempo en el que las cosas eran distintas… O no tanto. Hablamos con él de esos cambios en la música y la política, de canciones, de libertad de expresión y de tecnología en el marco de los Passion Tech BMWDays, en el que ha participado como uno de los pioneros en introducir la electrónica en el pop-rock indie español.

Vivimos un momento políticamente muy convulso en España. En uno también complicado compusiste una canción muy política como Ciudadano A. ¿Qué cantarías ahora? Si se la hiciste a Aznar, ¿le harías una canción crítica a políticos que ha pasado por Moncloa como Zapatero, Rajoy o Pedro Sánchez?

No se me ocurre cantar otra canción parecida porque esa lo dice todo. Al final, el estar descontento es siempre la misma sensación, solo cambian las circunstancias. Ahora tengo que ponerme a escribir un disco y no sé si incluir las cuestiones políticas que tengo que contar, porque están contadas todo el rato por ahí. Se puede hablar de las emociones o sobre cómo nos sentimos: el enfado y la decepción son siempre enfado y decepción. Ciudadano A no era una canción para Aznar, él era solo el que estaba ahí. Le llamé así por ser el ciudadano más importante, la letra A, el uno. El otro día, comiendo con unos amigos artistas, hablábamos del apoyo que tenemos que dar a los políticos. Realmente hay muchas cosas que están mal, pero yo creo que ser músicos es crear cosas, y nuestra única posición política es estar en contra del poder. Hasta que todo sea perfecto, gane quien gane, siempre voy a estar en contra de él, aunque sea la persona que yo haya votado. En la novela de ficción de Arthur C. Clarke, El fin de la infancia, cuando llegan los súper señores y arreglan el mundo y acaban con el hambre, también acaban con el arte… En el momento en el que estemos todos de puta madre no habrá nada que contar.

Estamos en medio de la turbopolítica y del ruido mediático de preelecciones, Podemos, VOX, Cataluña… ¿Meterse en esos asuntos os trae problemas a los artistas o los músicos españoles se mojan bastante?

«La política es un campo de mediocridad donde ya ni siquiera existe la erótica del poder»

No estamos ni obligados ni vetados para hacerlo. Creo que cuando un músico habla de política, lo hace como cualquier otro ciudadano porque ni sabemos más ni estamos más informados. Los músicos no tenemos una responsabilidad política, nosotros no vamos a mandar ni a legislar y, personalmente, prefiero mantenerme alejado de todos los políticos. No quiero una foto con ninguno. Pero es una cuestión personal, no porque crea que vaya a ser malo para mi carrera. Actualmente tenemos los políticos peor preparados de todos los tiempos. Ha habido otros momentos en la historia en los que en cada partido estaban los más preparados de cada ideología, pero ahora me da la impresión de que es un campo de mediocridad, ni siquiera existe la erótica del poder. También se habla de política en muchas canciones de amor:  es una extensión de cómo somos las personas y cómo somos como sociedad. Tenemos tanto derecho a hablar de ello como cualquiera: la única responsabilidad del músico es la de hacer canciones honestas que le salgan del corazón. Sí hay una clara posición política por parte de muchos grupos, pero a veces se te quitan las ganas porque, cuando lo haces, te dan muchas hostias. Yo ahora mismo tampoco tengo mucho que decir sobre ello… Pero tampoco es que me importe llevarme hostias, me las han dado muchas veces por otras cosas que no tenían que ver con la política.

Siempre hay dos bandos

No es cuestión de la música, es cuestión de la sociedad. Se han empeñado en enfrentarnos a todos en bandos y obligarnos a pelear. Hay gente que se caga en el indie, otros en el trap. Deberíamos acordarnos de que somos parte de la misma sociedad y de que tenemos que vivir unos con otros. Para mí, uno de los problemas es que no hay diálogo: la gente solo lee al que dice lo que piensa o al que le da la razón. Por ejemplo, pasa con el tema de feminismo –que creo que es el asunto más importante ahora mismo y el primero que deberíamos arreglar–: la mitad de la población nos está contando que está puteada y mucha gente directamente dice que no existe ese problema.

Precisamente las mujeres en el sector de la música ya se están movilizando para pedir una mayor visibilización porque los datos reflejan una gran brecha. En España, en 2017, solo un 15 % de los artistas que actuaron en los principales festivales de música españoles eran o incluyeron mujeres. Por ejemplo, en 2018 en el SanSan actuaron 121 hombres y 3 mujeres, en el Viñarock, 488 hombres y 17 mujeres o en el Sonorama 334 hombres y 43 mujeres. Las cifras de Spotify dicen que el 80% de la música que escuchamos la hacen hombres.

«Los músicos no tenemos una responsabilidad política más que como ciudadanos: nosotros no vamos a mandar ni a legislar»

Sí, pero ahí tienes a Rosalía, que está demostrando que está por encima de todos los demás, a nivel musical, empresarial y de ideas. Es un problema que espero que se vaya solucionando poco a poco. Me he dado cuenta de muchas cosas hace relativamente poco porque tengo una serie de amigas que me han explicado cosas que hasta ahora no era capaz de ver. También estoy leyendo unos libros de una escritora americana en los que la protagonista es una inteligencia artificial que no distingue entre hombres y mujeres. Todo el libro está escrito en femenino: las ciudadanas, las tenientes… Hasta que pasas algunos capítulos no te das cuenta de si el personaje es hombre y mujer y te das cuenta de la importancia que tiene el lenguaje. Era una cosa de la que yo no me había dado cuenta.

Te declaras abiertamente feminista.

Como hombre, estoy trabajando en educarme a mí mismo, en darme cuenta de que tengo que escuchar a las mujeres y no enconarme en mi posición. Ya me consideraba feminista de antes, porque en los 70 también había un movimiento muy fuerte y a mí se me educó en el feminismo. Para el momento era algo muy revolucionario, y ahora me doy cuenta de que muchas cosas que yo pensaba solucionadas no lo están. Mi primera línea de trabajo es trabajar en mí mismo, y la segunda es educar a mis dos hijos, que son chicos. Les doy la turra todo lo que puedo.

Incluso reaccionaste públicamente en Twitter a una canción de Maluma de forma tajante: «No podemos dejar que estos energúmenos canten esto a los chavales. Hagamos algo».

Me expresé mal. No creo que haya que censurar a nadie, pero sí hay que fijarse en lo que ven y escuchan tus hijos y acercarte a ellos. En el caso de los youtubers, yo lo que hice fue sentarme a verlos con ellos y cuando veía a alguno que decía estupideces o comentarios machistas, se lo decía. Todo es cuestión de educación y de ver cómo la planteamos esa educación, pero es absurdo negar la evidencia y no escuchar a una parte de la sociedad que pide que cambien las cosas.

¿Crees que la libertad de expresión está perdiendo la batalla con lo políticamente correcto? Es complicado imaginar que ahora alguien cantase las canciones de Siniestro Total.

No hay que tener miedo a decir las cosas. La libertad de expresión se gana ejerciéndola. Yo intento no cortarme en nada de lo que pienso, pero trato de no opinar sobre lo que no sé. Cada vez más. Gracias a Dios tenemos a Broncano haciendo el humor más bestia que puede y a Facu Díaz y Miguel Maldonado en No te metas en política también. Hay que empezar a reírse de las cosas. Aunque haya que ser políticamente correcto en ciertas declaraciones, en las canciones tiene que haber total libertad para decir lo que sea, aunque eso te convierta en la peor persona del mundo. El otro día, en el programa de Un país para escucharlo de Galicia, Julián (Hernández, cantante de Siniestro Total) decía una cosa muy importante: «es curioso que nadie se meta con lo que dicen en las películas o los libros y sí con las canciones». Creo que una letra puede ser de cualquier temática, por eso lo de Maluma tiene muchos matices. Si mi hijo la escucha, le diré que tenga cuidado con el discurso.

¿Te arrepientes de alguna de tus canciones? Precisamente, en una entrevista en No te metas en política decías que, si tuvieras mucho dinero, comprarías el primer disco de Los Piratas y lo destruirías.

«Estamos en el mejor momento de salud musical que hayamos querido nunca en España»

Ahora que estamos con la gira de Golpes Bajos, el grupo tiene una canción que se llama La reclusa, que es una burrada basada en la historia de un maltratador. Esa canción me enseñó mucho sobre el feminismo, porque en ningún momento pensé que Germán Coppini fuera esa persona, sino que él era quien estaba denunciando el caso en una sociedad como la de los 80, que era mucho más machista y más bestia. El contexto es importante y tiene mucho que ver cuándo y en qué momento se hacen las canciones. La gente joven tiene mucho derecho a equivocarse y a expresarse como quiera. Yo en mis primeras canciones iba caliente como una rata y hacía canciones que eran de lo más cerdas pero que a mí me parecían que estaban bien. ¿Estaba equivocado? Sí, ahora lo veo todo de otra manera. También está el hecho de que la música también está para provocar y no tiene porque tener razón. ¿Cuántas canciones de amor se han hecho donde el que te deja es una malísima persona y en realidad tiene todas las razones del mundo? Luego habrá que revisar el ideal de amor romántico, pero uno tiene derecho a equivocarse y a escribir como se siente. Muchas veces no nos damos cuenta de que la estamos cagando con una canción hasta que la hacemos.

Muchos de tus seguidores han descubierto a Golpes Bajos gracias precisamente a esta Cena recalentada. Llevas muchos años reivindicando a otros grupos a través de versiones. ¿Crees que en España se hace mejor música ahora que en los ochenta?

Lo de mejor o peor es muy subjetivo, pero creo que estamos en el mejor momento de salud musical que hayamos querido nunca, las bandas cada vez tocan y escriben mejor y existen muchos más estilos que antes. Si estuviéramos en los 80, el indie serían Radio Futura, Alaska, Golpes Bajos y Siniestro Total. Al final en esa etiqueta caben Novedades Carminha, Izal, DePedro… Parece que todo lo que no suena a radio fórmula es indie, y no es así. Existen muchos estilos de música y se hacen muy buenas canciones: tienes a Miss Cafeína, Vetusta Morla, Love of Lesbian, Novedades, Las Odio… Y cada uno cuenta su historia a su manera. Estamos en una época cojonuda, pero no somos los viejos los que tenemos que decidir sobre la calidad de la música de ahora, tendrán que ser mis hijos y mis nietos. Yo puedo entender que a gente de los 80 no les gusta lo que se toca ahora, pero es innegable que hay más variedad. Yo recuerdo a gente diciendo que toda la música española era una mierda, porque ellos escuchaban a los Rolling, a Led Zeppelin y todo lo demás era una mierda.

Los Piratas fueron uno de los grupos pioneros en el sonido más indie electrónico, y tú te has mostrado siempre fan de experimentar con el sonido. ¿Qué importancia tiene la tecnología en tu modo de hacer canciones?

Es la base. Yo empecé a componer porque me gustaba grabar. Cuando me prestaron un cuatro pistas y una caja de ritmos, empecé a trabajar y hacer canciones. Para mí la música es tecnología y lo ha sido siempre. Desde el tambor que creó un tío hace 15.000 años y al golpearlo veía que uno sonaba grave y otro agudo, para mí eso ya es tecnología. Los violines son tecnología, el órgano, la gaita… La tecnología y la música están muy relacionadas y el mundo electrónico es maravilloso: sin mis grabadoras, discos duros y ordenadores yo no hubiera tenido una carrera.

Además de la tecnología, las referencias al cine futurista, a la ciencia ficción y al espacio han sido recurrentes en tus canciones desde aquella Canción para Pris a Laniakea o a Tupolev. ¿Por qué esa fascinación por el cosmos?

Porque es la literatura que más me gusta y es la que me da ideas que me hacen pensar más allá. Mientras la idea de Romeo y Julieta va a estar vigente siempre de alguna manera –aunque ahora hablen por Skype y tengan problemas con sus fotos de Instagram–, creo que la ciencia ficción es la que habla del ser humano de una manera más filosófica. Es la que me emociona más y no voy a poder evitar que sea la que me vuele la cabeza. Cada libro de ciencia ficción me da ideas y necesito historias que, en el fondo, aunque parezca que no hablen de mí, haciéndolo todo el rato.

«Vivimos en un juego de aparentar una cierta fuerza para parecer socialmente responsables», le decías hace unos meses a Jordi Évole hablando sobre la depresión. Has sido unos pocos artistas en atreverse a confesar que la has sufrido.

«Tenemos que darnos cuenta de que existen la ansiedad o la depresión. No tenemos que encerrar a la gente que tiene una enfermedad»

Nunca me ha importado hablar del tema. No debería ser un problema y creo que debería hacerse a menudo. Tenemos que empezar a darnos cuenta de que existen la ansiedad, la depresión o la bipolaridad y que tienen solución. No vivimos en una época donde haya que encerrar a la gente que tiene una enfermedad que no comprendemos y todavía hay cuestiones pendientes: hace falta atención primaria, más psicólogos y que la gente que tiene estos problemas pueda hablar con gente que sepa. Por otro lado, tenemos una sociedad que lleva unos ritmos muy bestias a los que no todos nos adaptamos igual. Tener una depresión no es algo malo y le puede pasar a cualquiera, pero hay que dejar claro que es una enfermedad, no la decisión de una persona. No creo haber sido una persona valiente, pero seguimos viviendo en una sociedad en la que, cuando algo nos da miedo o no lo entendemos, nos lo cargamos o lo puteamos. Ya va siendo hora de que abramos los ojos y nos demos cuenta de que hay muchas formas de sentir, de pensar y de sufrir y lo que tenemos que hacer es entender a los demás. Cuando no conoces cómo es el problema la gente te dice que salgas de casa, que lo pases bien… Pero no tienes ganas de eso: tienes un desajuste químico y una serie de problemas que necesitan la atención de un especialista. Son enfermedades muy pesadas para el que está al lado, pero hay que entenderlas y saber que se curan.

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