Medio Ambiente

Los planes de Bill Gates para poner freno a la crisis climática

El creador de Microsoft, que ya advirtió de los riesgos de sufrir una pandemia como la del coronavirus, reconoce sentirse «culpable» por no haber insistido más en ello. Y advierte que no repetirá su error con el calentamiento global.

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05
Nov
2020
BILL GATES

Un 70% de las enfermedades emergentes –como las causadas por el coronavirus, el ébola o el zika–, son enfermedades zoonóticas, es decir, causadas por agentes infecciosos provenientes de animales que mutaron para saltar a los humanos. Los expertos calculan que hasta 1,7 millones de virus desconocidos permanecen en otros mamíferos, y al menos la mitad pueden tener la capacidad de infectar a nuestra especie. En un informe publicado a finales de octubre, la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés) ya lo advertía: las futuras pandemias surgirán con más frecuencia, se propagarán más rápido, serán más mortíferas y hundirán mucho más la economía. Y la manera más barata de protegernos contra ellas es cuidar la biodiversidad y combatir la crisis climática.

Estudios como este llevan décadas publicándose pero, debido a las circunstancias en las que nos encontramos, hoy su impacto es mucho mayor que antes. Sin embargo, además de los científicos, hay figuras públicas que hace tiempo que decidieron utilizar su altavoz para difundirlos y alertar sobre la llegada de posibles pandemias como la que hoy nos afecta. Uno de ellos es Bill Gates, el siempre controvertido creador de Microsoft y una de las personas más ricas y poderosas del mundo que, hace pocas semanas, reconocía que se siente «culpable» por no haber insistido lo suficiente de ese peligro. Y ha advertido que no piensa repetir el mismo error con la próxima gran catástrofe que amenaza a nuestra civilización: el cambio climático.

Gates fue, junto al ya fallecido Steve Jobs, el paradigma del triunfador de las nuevas tecnologías, el genio hecho a sí mismo que terminó señalado por emplear prácticas monopolísticas y con fama de haber subido escalones pisando cabezas –una visión que consagraron películas como Piratas de Sillicon Valley, por ejemplo–. Pero no solo esa película contribuyó a caricaturizar al fundador de Microsoft. En algún momento de los años 90, el prototipo de informático empollón apocado que triunfa gracias a su inteligencia dio paso a la de un supervillano. Literalmente: el ‘malo’ de El mañana nunca muere, película de James Bond de 1997, estaba directamente inspirado en él, e incluso el actor Jonathan Pryce lo parodiaba en su gesticulación, como también lo hacía Artie Ziff, el sobón y multimillonario pretendiente de Marge en Los Simpson–.

El magnate se ha mostrado contrario a paralizar la economía completamente

Sin embargo, la imagen pública de Bill Gates empezó a cambiar a partir de 2008, cuando abandonó definitivamente Microsoft y comenzó a dedicarse a tiempo completo a la Fundación Bill y Melinda Gates, que dirige junto a su esposa. En ese momento, como si ya hubiese alcanzado todos sus objetivos en el plano de los negocios –no en vano, su fortuna se calcula en más de 72.000 millones de dólares– y solo le restase la frilantopía, se puso un objetivo: acabar con el hambre en el mundo.

Aunque no tan rápido como él mismo o los demás quisiésemos, algo está consiguiendo, sobre todo a través de enormes inversiones en diferentes proyectos de investigación que intenten paliar una situación que afecta a más de 800 millones de personas en todo el mundo. Sea como fuere e independientemente de la labor que realizan otros gobiernos y entidades como la FAO, la mente estratégica de Gates dispone de fondos suficientes para tener a sueldo a otros cerebros también brillantes y, cuando habla, el mundo escucha. Por ejemplo, el año pasado invirtió cien millones en Apeel Science –una compañía que desarrolla una tecnología para alargar la durabilidad de las frutas y las verduras– y recientemente ha donado algo más de cinco al Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (CBGP), un centro mixto de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), a un proyecto que busca conseguir cultivos de cereales con menos fertilizantes nitrogenados para conseguir cosechas más abundantes y resistentes y con un menor impacto medioambiental.

El filántropo de ciencia-ficción con los pies en la Tierra

Más allá de la tendencia de los medios a exagerar hasta límite más allá de la ciencia ficción cualquier proyecto de su Fundación, la actitud de Gates respecto al cambio climático ha sido siempre eminentemente práctica, pegada a la evidencia científica y poco dada a la lección moralizante. La fortuna que le permite actuar contra catástrofes presentes y futuras viene de su uso de las reglas económicas que tenía a su disposición, de la misma manera que entiende también así la lucha contra el calentamiento global.

Por ejemplo, entendiendo que las personas funcionan por incentivos y que la energía verde –que, por otra parte, también tiene algunos contras que merecen ser puestos en perspectiva–, avanzará cuando sea más barata que la fósil, un objetivo que comparte con Centro para el Estudio del Riesgo Existencial (CSER) de Cambrige. En todo momento el magnate se ha mostrado contrario a paralizar la economía completamente, pues considera que haría más daño del que pretende subsanar, y afirma que solo será utilizándola como se saldrá del atolladero.

Bill y Melinda Gates.

Bill Gates tiene claro que cambiar pautas de consumo individuales no basta, algo que ha hecho explícito en sus discursos. «El cambio de comportamiento, como conducir menos o volar menos, es útil, pero no es suficiente: 2020 es un gran ejemplo, ya que se estima que las emisiones globales solo cayeron alrededor del 8% este año», afirmó durante su exposición durante la reunión anual de la Academia Nacional de Medicina de EEUU. De hecho, durante estos meses, el creador nominal de Windows ha insistido una y otra vez en no descuidar las otras pandemias, las que no son la COVID-19. Por ejemplo, la malaria, que quiere erradicar de África y a cuyo mosquito transmisor ha bautizado como «el animal más mortífero del mundo». Pero advierte: la crisis climática no tendrá vacuna y necesitará trabajo de décadas que debe comenzar cuanto antes.

Consciente del impacto de la producción de carne o las macrogranjas, que generan un importante volumen de emisiones a la atmósfera, para la Fundación de los Gates, como para muchos otros activistas, el futuro es vegano… y libre de humos: tiene su propia cruzada contra el tabaco y sus efectos tanto en la salud como en la economía.

Con todo, es probable que esa criticada filantropía no sea suficiente y que las soluciones no vengan solamente de esos multimillonarios con luces y sombras tan observados con lupa en las últimas décadas. Al fin y al cabo, ni Bill Gates –ni ningún otro– trabaja solo y en el vacío, pero asumir el enfoque de la ciencia y la necesidad de incentivos económicos sí es una lección aplicable a las decisiones de la ciudadanía para movilizar a la acción y no depender solo de buenas intenciones y los fondos provenientes del 1% del 1%.

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