Sociedad

Siete claves para saber hacia dónde va el bienestar animal

En España, en un solo año, podemos llegar a consumir más de 910 millones de animales. La producción en cadena y el abaratamiento de los procesos gracias a la tecnología obliga a vigilar aún con más lupa sus condiciones desde la granja al matadero. Una mayor cobertura veterinaria, garantías de ‘cero sufrimiento’ en el sacrificio, alternativas de impresión 3D… ¿Hacia dónde nos dirigimos en materia de bienestar animal?

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19
Oct
2020
bienestar animal

Pitágoras no comía carne. Apostaba por una dieta liviana basada en vegetales. También intentaba evitar, en la medida de lo que era posible en la Grecia Clásica, sucedáneos de animales. Era una meta meramente filosófica: la empatía hacia el resto de animales dirigía el camino hacia el perfeccionamiento espiritual. Su concepto no convenció a otros como Aristóteles –quien afirmaba que los animales existían por y para los humanos– o Séneca, que aseguraba aquello de «en el animal mudo no existe la felicidad, ni aquello que causa la felicidad». Esta pregunta, la de si los animales son capaces de sentir, se ha planteado en numerosas ocasiones al hablar sobre la relación entre los humanos y los animales, llevando a crear el concepto del bienestar animal, que consiste en cinco principios básicos para que los animales tengan una buena vida: estar libres de hambre y sed, sin incomodidad, sin dolor o enfermedad, con la libertad de expresarse en un comportamiento normal y no sufrir miedo. A pesar de que estas condiciones puedan parecer evidentes, no fue hasta 1999 cuando se reconoció institucionalmente y por primera vez, a través del Tratado de Amsterdam, a los animales como «seres sensibles-sintientes».

En España, en un solo año, podemos llegar a consumir más de 910 millones de animales. La producción en cadena y el abaratamiento de los procesos gracias a la tecnología obliga a vigilar aún con más lupa sus condiciones, su bienestar, desde la granja al matadero. Una mayor cobertura veterinaria, garantías de ‘cero sufrimiento’ en el sacrificio, alternativas de impresión 3D… ¿Hacia dónde nos dirigimos en materia de bienestar animal? Estas son las siete claves para entenderlo.

España, aprobado raspado en bienestar animal

Los avances legislativos en materia de bienestar animal son una de las herramientas más eficaces para garantizar la lucha contra actos violentos. España se encuentra entre los 50 países que, según establece el Índice de Protección Animal (API) 2020 de World Animal Protection, necesita implementar «mejoras urgentes» para el bienestar de los animales. El informe, que analiza los peores y mejores países en esta materia, concluye que «la principal ley del bienestar animal (Ley 32/2007) se aprobó para cumplir con las peticiones básicas de la Unión Europea y únicamente cubre a los animales vertebrados que se usan para producción, investigación científica y educación, pero excluye específicamente a los animales de compañía, animales salvajes (incluso en cautividad), corridas de toros, caza y pesca».

Además, la organización urge a nuestro país reconocer formalmente a los animales como «seres sintientes» por ley y ampliar la acción legislativa a todo tipo de especies, eliminando incluso la excepción cultural que protege las corridas de toros. No obstante, ningún país consigue cumplir con los requisitos exigidos: solo Suiza, Suecia, Reino Unido, Dinamarca y Austria se hacen con las puntuaciones más altas.

Los animales no son bienes muebles

Hasta hace tres años, las leyes españolas trataban a los animales como meros objetos, es decir, como bienes muebles que, igual que una mesa o una casa, podían estar en contratos de copropiedad, repartirse, embargarse e incluso hipotecarse. Este concepto que les despojaba automáticamente de cualquier sentimiento abría la veda a numerosas situaciones dramáticas, como que los perros embargados de un criadero acabasen en una perrera hasta que no fuera posible penar correctamente casos de maltrato animal o de abandono por considerárseles objetos inertes a ojos de la ley.

Hasta hace tres años, los animales eran considerados objetos que podían repartirse, embargarse e incluso hipotecarse

Finalmente, en 2017, las organizaciones que luchan por el bienestar animal consiguieron que se aprobara en el Congreso de los Diputados una proposición de no ley presentada por el Partido Popular para eliminar esta cosificación jurídica y definirlos como «seres vivos dotados de sensibilidad». No obstante, la propuesta fue criticada por Unidas Podemos o el PSOE, que la calificaron como «un parche» al dejar de reconocerlos como objetos pero no incluir, como otros países europeos, el concepto de «seres sintientes», lo que facilitaría crear una categoría especial en el Código Civil que ubique a los animales de compañía fuera de la masa patrimonial a todos los efectos y ampliar la protección legislativa.

Más conciencia social, mayor vigilancia empresarial

La ley da pequeños pasos, pero la sociedad está cada vez más concienciada sobre el bienestar de los animales en general y las condiciones de granjas y mataderos en particular. Tanto aquellos que consumen carne como los que no, desde hace años se suceden movimientos que exigen a instituciones y productores una mayor vigilancia durante todo el proceso. Tal y como demuestra The Business Benchmark on Farm Animal Welfare 2019, uno de los estudios internacionales más exhaustivos sobre la gestión del bienestar animal en las principales empresas de producción, una sociedad más informada obliga a las compañías a integrar el bienestar animal como reto principal en la agenda empresarial.

De las 150 entidades que se participaron en este estudio, seis de cada diez habían formalizado su gestión del bienestar animal a través de políticas en su cadena de proveedores, además de haber tomado acciones para reducir el uso de antibióticos en los animales. Fue el mayor avance nunca observado desde que en 2012 comenzarán a recogerse datos. De nuestro país, sin embargo, solo se presentaron dos entidades en distintos años: Mercadona y El Corte Inglés. Ninguna superaba los niveles más bajos, reservados para las cadenas que contaban con el bienestar animal en su agenda, pero no lo implementaban o ni siquiera la planteaban en sus estrategias.

Más cámaras en los mataderos

Precisamente en respuesta a las demandas de transparencia y buena praxis por parte de los ciudadanos y las organizaciones especializadas, el Ministerio de Consumo, a través de la Agencia Española de Seguridad Española y Protección (AESAN), impulsó recientemente un proyecto de real decreto para colocar cámaras de videovigilancia en todas las instalaciones de sacrificio animal. Equalia ha sido una de las organizaciones españolas que ha trabajado durante más de dos años por este proyecto de ley, evidenciando a través de investigaciones de cámara oculta en mataderos que, a pesar de la estricta legislación, la opacidad de la industria cárnica todavía esconde numerosos casos de maltrato animal: operarios orinando en las zonas de establos, animales gravemente enfermos, múltiples vejaciones a corderos y cerdos, transportes peligrosos o hacinamiento.

La medida –que ya llevaban tiempo aplicando algunas comunidades autónomas como Madrid, La Rioja o Baleares– pretende controlar y erradicar estas situaciones facilitando a las autoridades veterinarias la vigilancia de los mataderos y accediendo a las prácticas que se dan en los centros de la industria cárnica durante las 24 horas del día. Aunque aún deben discutirse aspectos como la localización de las cámaras o el tiempo de conservación de las imágenes, esta medida permite a España escalar puestos en materia de bienestar animal y situarla a la altura de otros países como Francia o Israel, donde las cámaras empezaron a grabar hace años.

Investigación con animales, al mínimo

La investigación y el testeo sobre especies animales con el fin de alcanzar avances médicos y científicos es otro reto importante para el bienestar animal. Si bien es cierto que son dos cosas distintas –en 2013 se prohibió la experimentación sobre animales con ingredientes cosméticos en cualquier estado europeo, aunque se sigue practicando en el 80% de los países restantes–, ambas generan controversia. Los datos del informe más reciente de la Comisión Europea evidencian que en 2018 se utilizaron más de 836.096 animales para experimentaciones, recurriendo a más de la mitad de ellos para investigación básica –estudios sobre oncología, sistema cardiovascular y sistema nervioso, entre otros– e investigación aplicada, la que se practica para tratar enfermedades en seres humanos, así como el desarrollo y fabricación de productos farmacéuticos, alimentos, piensos u otras sustancias.

En 2018 se utilizaron más de 836.096 animales para experimentaciones en Europa

En España, la experimentación con animales está permitida por la ley, aunque esta es muy específica en cuanto a los usossolo se puede trabajar con ellos para investigaciones científicas y educación– y excluye tanto a perros y gatos vagabundos o provenientes de perreras como a los animales salvajes capturados en la naturaleza o protegidos. Además, deben contar con un buen alojamiento, libertad de movimiento y estar adecuadamente anestesiados. Al finalizar el procedimiento, el personal debe decidir si el animal puede seguir vivo o ha de ser sacrificado sin dolor.

Hace 10 años se aprobó la Directiva Europea sobre la Protección de Animales de Laboratorio para reducir al mínimo absoluto los ensayos clínicos con animales –en ellos, más de la mitad suelen ser ratones– y crear una normativa estricta «que beneficie tanto a los animales como a la ciencia», aunque la normativa aplica ámbitos muy similares a la ley española. Actualmente, las organizaciones en defensa de animales piden que se busquen alternativas a la experimentación con animales, como puede ser el cultivo de células humanas, programas informáticos de predicción o la impresión 3D de réplicas que, además, demuestran ser más económicas, rápidas y precisas.

‘Sacrificio cero’, pero con escaso control

El doble castigo de los animales abandonados, que no solo terminan en una perrera sino que suelen ser sacrificados en ella, continúa siendo un problema a día de hoy. La ausencia de una regulación estatal sobre el sacrificio de animales en perreras en España provoca cierta desigualdad dependiendo de las comunidades autónomas en las que se encuentren los animales: solo en Cataluña, Madrid, Galicia y Murcia podrán contar con la seguridad de seguir viviendo a pesar de no haber encontrado un nuevo hogar. Al menos así queda sobre el papel.

derechos animales bienestar animal

En la práctica, no es tan seguro. En la Región de Murcia, por ejemplo, la capital tiene una normativa que prevé la ausencia total de sacrificios en este año, pero en 2019 su perrera era la que más veces había aplicado sacrificios por falta de espacio y ‘eutanasia’ (769 en total) a animales que tienen una enfermedad terminal. En la Comunidad de Madrid, tal y como denuncia este reportaje de eldiario.es, algunas perreras dejan de recoger animales abandonados para evitar el sacrificio, lo cual genera un mayor daño que beneficio. En este contexto, las organizaciones de defensa animal denuncian la inacción de los gobiernos regionales, un patrón que se repite en otros de los aspectos que cubren el bienestar animal.

Programa mundial de mejora de los servicios sanitarios

El bienestar animal también pasa por crear un entorno sano y seguro, combatiendo las enfermedades de los animales a nivel mundial. Mejorar las condiciones de vida de los animales destinados a la producción forma parte de la estrategia, pero se hace muy necesario un sistema veterinario lo suficientmente sólido como para garantizar la salud de la especie animal en todos los rincones del mundo. Uno de los principales avances en este ámbito ha sido el Programa Mundial de Mejora del Bienestar Animal, promovido por la Organización Mundial de la Sanidad (OIE) con el fin de mediar entre autoridades y organizaciones de bienestar animal para conseguir implementar una estrategia eficiente.

Uno de los objetivos de este programa pasa por formar a estudiantes de veterinaria y paraprofesionales en bienestar animal, un concepto que no siempre se cubre en las universidades, para que los futuros veterinarios y veterinarias puedan saber dónde encontrar información actualizada y fiable sobre las reglas y normas del bienestar animal en la producción, el transporte o el sacrificio con fines de consumo humano. Esto adquiere especial relevancia a la hora de hablar sobre la administración de antibióticos a los animales de granja, muy utilizado en países productores para hacer que los animales crezcan más rápido, además de utilizarse como salvoconducto para que los animales no se contagien de enfermedades propias del hacinamiento.

En España se emplean 402 miligramos de antimicrobianos por cada kilo de carne producido

En 1991 Namibia mostró el camino prohibiendo el uso de hormonas y antibióticos en el sector ganadero para engordar animales, administrándose únicamente para tratar –y no para prevenir– las enfermedades bacterianas, siempre bajo prescripción veterinaria. España seguir ese camino, ya que es el país de la Unión Europea que más antibióticos administra a animales, empleando 402 miligramos de antimicrobianos por cada kilo de carne producido, cuatro veces más que Alemania.

La clave, además de los aspectos veterinarios, está ahora en el nuevo reglamento aprobado en el marco legislativo europeo, de aplicación en enero de 2022, que busca reservar algunos antibióticos únicamente para salud humana y restringirlos en ganadería para fomentar su uso prudente en animales. La medida pone de manifiesto la necesidad de que las explotaciones ganaderas empiecen a buscar alternativas optimizando la alimentación, mejorando el bienestar animal, reduciendo densidades y creando mejores condiciones de transporte para reducir el estrés que impacta directamente sobre los animales. Frenar el uso antibiótico es esencial tanto para el bienestar animal como para el humano. La resistencia bacteriana por exceso de estos medicamentos está provocando que cada vez sea más complicado actuar contra enfermedades zoonóticas, es decir, transmitidas de animales a humanos, como la salmonelosis o el actual coronavirus que vuelve a poner el foco en la cuestión animal.

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