La educación tras la COVID-19: hacia unas escuelas seguras, igualitarias… y verdes

Aunque todavía quedan muchas incógnitas sobre cómo será la vuelta al cole, la mochila ya está llena de reclamaciones: más recursos para garantizar la protección de la comunidad educativa, más personal para lograr bajar las ratios sin acentuar la desigualdad y no olvidar la educación ambiental son algunas de ellas.

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Carla Lucena
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22
May
2020
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Carla Lucena

El sonido del timbre, el crujido de cremalleras que se cierran y la sinfonía de sillas, mesas y gritos hace más de dos meses que no resuenan en los colegios e institutos, que permanecen cerrados desde principios de marzo. Con más preguntas que respuestas en cuanto a cómo se iban a desarrollar las clases o hasta cuándo iba a durar la situación, el cierre de los centros educativos fue una de las primeras decisiones en tomarse cuando se registraron los primeros casos de coronavirus en España. Hoy, oteando el final de curso en el horizonte, aún quedan muchas incógnitas por resolver. Eso sí, dentro de la incertidumbre que caracteriza esta situación, parece que –si todo va bien–, septiembre será más que nunca el mes de la vuelta al cole. La pregunta es… ¿cómo?

En las últimas semanas, la ministra de Educación, Isabel Celáa, ha ido dando algunas de las claves de esa virtual vuelta a las aulas que, de hecho, es probable que en algunos casos sea precisamente virtual: según explicaba, si no hay vacuna en septiembre, ni las instalaciones ni las ratios de alumnos por profesor y aula actuales garantizan que se cumplan las medidas de distancia requeridas y, por tanto, solamente la mitad del alumnado podría volver físicamente a clase mientras el resto debería hacerlo de forma telemática. «La escuela tiene una labor fundamental para paliar las desigualdades. En el entorno escolar, todos los niños dejan sus diferencias y los maestros tenemos que tratar de compensar los desequilibrios sociales. Por tanto, creemos que todos deberían volver al aula», explica Miriam Leirós, del colectivo ecologista docente Teachers for Future.

De hecho, la pandemia ha hecho aún más visible esas diferencias entre las realidades sociales que viven los alumnos, algo que los docentes ya conocían. «La escuela, además de una institución educadora, es una institución de protección de la infancia, un lugar seguro donde muchos niños reciben buena alimentación. Los efectos escolares pueden amortiguarse si lo sabemos hacer bien, los domésticos son más difíciles, sobre todo porque se van a ver agravados por un aumento del paro y de las dificultades económicas», recordaba el pedagogo José Antonio Marina en una entrevista reciente en Ethic.

«Cuando hablamos de la brecha digital para referirnos a por qué estos meses hemos visto cómo unos tenían recursos para acceder a la educación telemática y otros no, deberíamos haberla llamado brecha social: los que no tienen ordenador o acceso a internet son precisamente los que más necesitan acompañamiento. Aún pensando que todos tuvieran los recursos materiales, también ha quedado patente que no todas las familias pueden acompañar de igual forma a sus hijos e hijas en la labor educativa, ya sea por falta de nivel educativo o por falta de tiempo, porque recordemos que muchos profesionales han seguido trabajando y no han podido estar ahí», subraya Leirós.

Miriam Leirós: «No poner el foco en el medio ambiente tras la pandemia sería convertirnos en la orquesta del Titanic»

En esa línea, la pandemia también ha servido para visibilizar la labor docente más allá de compartir conocimientos y los problemas de una conciliación laboral sustentada básicamente en el colegio, las actividades extraescolares y los abuelos. «La escuela no puede ser un lugar donde tener a los niños aparcados mientras sus padres trabajan. Si estamos ante una nueva realidad habrá que hacer un esfuerzo social que pase también por la flexibilización de los horarios. Ahora debemos poner de manifiesto que trasladar nuestras jornadas laborales maratonianas a la infancia no es un buen sistema», reclama la docente. Asimismo, Leirós pone en evidencia cómo durante estos meses nadie ha conseguido mantener ni sus hábitos ni sus ritmos, en parte también por la falta de bagaje emocional para gestionar una situación desconocida para todos y que, en el caso de los más pequeños, se ha traducido frecuentemente en rabietas, malas contestaciones y discusiones por falta de práctica a la hora de manejar su frustración.

educación y coronavirus

Aunque el Ministerio será el encargado de coordinar las actuaciones, las competencias en materia de educación están transferidas a las Comunidades Autónomas, por lo que serán ellas quienes tengan la última palabra sobre cómo será esa vuelta al cole garantizando las medidas sanitarias. En principio, esto implicaría reducir el número de alumnos a unos quince por clase, muy por debajo de las ratios actuales, que doblan habitualmente esa cifra. «La escuela presencial, por lo menos en las etapas obligatorias de infantil y primaria, es insustituible por su labor de acompañamiento más allá de la transmisión de saberes. Por eso deberíamos volver, pero con garantías: si para garantizar la distancia de seguridad es necesario hacer desdobles, es necesario habilitar espacios y contar con más personal», reclama Leirós, que recuerda que esa bajada de ratios es algo que los docentes llevan años reclamando por otras cuestiones. «Se nos exige una educación individualizada absolutamente imposible cuando lo normal es que tengas entre 28 y 30 alumnos por clase», incide.

Las autonomías también tienen en su tejado la pelota de decidir si, como era lo anunciado, en junio se abrirán las aulas para los niños hasta los seis años y para las clases de refuerzo de carácter voluntaria. A priori, se trata de una medida que no ha tenido una buena acogida por parte de los docentes, que apuestan por posponerlo todo al nuevo curso al considerar que carece de sentido abrir las aulas para unas pocas semanas –quedarían poco más de tres semanas de curso– y, sobre todo, sin garantizar la seguridad del personal. «Para afrontar el curso 2020-21 con todas las garantías hace falta un incremento de medios y de plantillas para adaptar los centros escolares a la nueva situación. Necesitamos que se consolide una inversión mínima por alumno para evitar que una caída del PIB produzca recortes en el sistema educativo, como ya ocurrió en 2008: ratios y horario lectivo deben estar blindados por ley», reclaman desde CSIF, en la misma línea que lo han hecho la mayor parte de los colectivos de enseñanza.

¿Una oportunidad para la educación ambiental?

Aunque el clamor para que esa vuelta al cole se realice directamente tras el verano sea más o menos unánime entre los colectivos educativos, cómo será y qué se enseñará es otro de los aspectos aún por concretar. Nadie duda ya de que el mundo tras la pandemia será diferente y, si la escuela además de transmitir conocimientos refleja la sociedad en la que se enmarca, también lo será. «Claro que las medidas de seguridad e higiene son importante, pero no podemos dejar de educar en sostenibilidad. No nos podemos olvidar de que la pandemia llega por un episodio de zoonosis que está relacionado con una destrucción de ecosistemas, y tampoco deberíamos retroceder ahora en el cuidado del medio ambiente, sobre todo cuando vemos las aceras llenas de guantes de plástico, de mascarillas o de toallitas higiénicas desechables», pide Leirós, que considera que no cambiar el foco en la vuelta al cole sería convertirse «en la orquesta del Titanic que no para de tocar mientras se hunde el barco».

El coronavirus ha entrado en escena precisamente en un momento en el que la conciencia medioambiental contra el cambio climático estaba más presente que nunca. En el último año, las manifestaciones estudiantiles han sido una constante tras la expansión mundial del movimiento Fridays for future, liderado por Greta Thunberg, que catalizó la creación de colectivos de alumnos, padres y profesores para exigir actuaciones gubernamentales más contundentes. Y, si la sociedad va a cambiar tras la pandemia, la emergencia climática seguirá presente.

La decisión final sobre cómo será la vuelta al cole la tendrán las comunidades autónomas

«Ya no es solo poner el foco en el medio ambiente –que yo creo que debería ser el centro–, es que sabemos que lo que ha parado nuestra vida y ha configurado una nueva realidad es una zoonosis que tiene mucho que ver con cómo tratamos a la naturaleza», reflexiona la profesora, que insiste en el sinsentido de limitarse a los contenidos curriculares sin relacionarlos con la situación actual de los alumnos y sus familias: la crisis económica que vendrá aparejada con la pandemia afectará a todos y cambiará su realidad. «No podemos limitarnos a transmitir conocimientos: tenemos que preparar a nuestro alumnado para asumir una nueva realidad. Dejar esto a la improvisación en septiembre –es decir, que no haya una respuesta firme del ministerio o las autoridades educativas competentes– es eludir un problema gravísimo y una falta de responsabilidad», reclama.

Si hace cuarenta años que la educación ambiental entró en las aulas españolas, la crisis económica de 2008 supuso un duro golpe a nivel de inversiones. Se perdieron programas, puestos de trabajo y actividades de concienciación ecológica. «La crisis provocó el 70% del desempleo en el ámbito de la educación ambiental y el 50% en el sector medioambiental en general», explicaba hace unos meses  Javier Benayas, catedrático de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los encargados de elaborar y presentar el informe Hacia una educación para la sostenibilidad: 20 años después del Libro blanco de la educación ambiental en España.

Ahora, aunque volvemos a divisar una nueva recesión en el horizonte, la conciencia ecológica de la sociedad –y también de la comunidad educativa– son diferentes. En la escuela pospandemia no se diluirá una conciencia ya arraigada. «No podemos llegar en septiembre y ponernos a explicar el mínimo común múltiplo o las fracciones como si no hubiese pasado nada: debemos contarles a los alumnos qué ha pasado y por qué, poner el cuidado de la vida en el centro para prevenir nuevas situaciones de riesgo», concluye Leirós.

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