Sociedad

«Antes nos podía emocionar la bandera, ahora lo hace el personal sanitario»

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Noemí del Val
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01
Abr
2020
José Antonio Zarzalejos

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Noemí del Val

Tirar de hemeroteca para analizar la trayectoria profesional de José Antonio Zarzalejos es confirmar que una coherencia ética merece todas las penas. Durante sus 25 años de trabajo, Zarzalejos logró mantenerse fiel al ejercicio de un periodismo de propósito, que definió al recibir en el 2006 la Legión de Honor Francesa como «el que resiste, el que reclama su independencia de criterio, el que responde a su propia identidad y no a la identidad impostada o impuesta por otros». Lamentablemente, el prestigio en periodismo no siempre va seguido de la venta de ejemplares y de ganancias económicas. De ahí que Zarzalejos haya defendido que los periódicos son en el fondo «proyectos sociales» y no empresas. Cuando el nuevo Consejo de Vocento decidió destituirle en 2008 argumentó que era por la pérdida de liderazgo del ABC entre los lectores de prensa escrita. Ello obedeció a un número de factores, pero uno de los que señala el periodista es la falta de una cultura de veracidad en la interpretación de los asuntos públicos, donde a veces los lectores prefieren comprar mentiras ideológicas. Ahora, desde su atalaya de columnista independiente en El Confidencial y en El Periódico, se ha convertido en uno de los analistas políticos más respetados y seguidos a ambos lados del espectro ideológico.


La pandemia del COVID-19 ha cambiado la agenda política de manera radical. ¿Qué supone ese cambio?

Creo que es muy pronto para predecir las consecuencias de este fenómeno tan disruptivo en la política, sobre todo en el nacionalismo y en el populismo. Dicho lo cual, tengo una total certeza de que esta crisis mata el independentismo. Hace unas pocas semanas, estábamos todos preocupados con si Junqueras saldría o no de la cárcel, con la reforma penal, con la mesa de diálogo, con los presupuestos. A nadie le inquietan ya estos temas. El gobierno no se está jugando su ser o no ser por la cuestión catalana, sino por cómo el país saldrá con mayor o menor recesión económica, mayor o menor daño moral, mayor o menor deterioro político. Con todo esto, Cataluña pasa a ser la gota en el océano. Esta pandemia es una forma de igualación absoluta, ¿qué sentido tienen ahora las banderas? Al final lo que queda es si eres o no ciudadano, que pasa a ser la primera condición, y que queda afectada por su vulnerabilidad. Esta es la gran lección: que la patria es lo humano y todo lo demás son elementos contingentes. Antes nos podía emocionar la bandera. Ahora nos emociona el comportamiento impecable de un profesional sanitario.

¿Qué valoración haces de las consecuencias para la Corona del comportamiento no tan impecable de nuestro rey emérito?

La vida privada de los reyes es fundamental por el elemento de ejemplaridad. El rey emérito es un corrupto desde el punto de vista moral y económico, y por tanto yo sugiero que se haga un gesto político de cortar completamente con este señor. Las medidas que anunció el rey Felipe VI no son suficientes. Propongo un autoexilio en algún país extranjero, tal y como hizo nuestra reina Isabel II en París, que es un buen referente de lo que debería hacer don Juan Carlos.

¿Estas medidas generarían una mayor legitimidad del actual monarca en la opinión pública española?

Lo que le ocurre a Felipe VI es algo tremendo: si él trasladase todas las connotaciones positivas que tiene a la institución de la Corona, ésta sería mucho más legítima. Pero hay una bifurcación entre la figura del Rey Felipe VI respecto de la institución, que está muy por debajo de la figura. El Rey no logra absorber los elementos institucionales de la Corona porque no hay una comunicación eficiente entre ambos. Falla la comunicación integral.

¿Consideras que la monarquía es fundamental en el momento histórico en el que nos encontramos?

Absolutamente. En España, cuando no ha habido monarquía, ha habido caos. La monarquía es un elemento idiosincrático de España y funciona. Cuando no hemos tenido reyes, los hemos ido a buscar, como hicimos con Amadeo de Saboya. Ahora bien, todas las monarquías se legitiman por el ejercicio, haciendo correctamente su función. Así, dentro de las democracias más avanzadas del mundo occidental están las monarquías europeas.

¿Qué recorrido efectivo crees que tiene el movimiento republicano?

El republicanismo del siglo XXI en España es un republicanismo de cacerolada, pero no está articulado. Hubo una ocasión en la que se pudo articular, que fue en la votación de la ley de abdicación del rey Don Juan Carlos en 2014. Pero en ese momento Rubalcaba dijo que, a pesar de ser un partido republicano, el PSOE daba importancia a que la jefatura del Estado amparara la democracia, cosa que se había hecho de forma constante.

Te has labrado un respeto y un reconocimiento en diferentes ámbitos ideológicos. ¿Cuál es tu secreto?

«La inmensa mayoría de la gente no tiene una opinión, actúa por sensaciones»

Soy un seguidor constante de Hannah Arendt. Ella decía que la observación de una realidad tiene que ser hostil. Yo no parto de determinados apriorismos a la hora de escribir. Tengo los apriorismos lógicos de mi educación, de mi generación, de mis circunstancias familiares, por supuesto, pero procuro despojarme de esos prejuicios cuando abordo el análisis en un texto. Segunda cuestión, me documento. La documentación es muy importante para armarte un juicio. Y tercero, trato de emplear el lenguaje que me parece que es el adecuado para exponer la tesis. Parto de la base de que mi opinión no tiene el más mínimo interés para los lectores. Para los lectores tiene interés una opinión informada y honrada y, por tanto, no apriorística. No me levanto con la idea de que le voy a dar un castañazo a alguien, sino con la idea de a ver si la columna de hoy la puedo argumentar y preparar una tesis razonable, constructiva y con un lenguaje adecuado, que no sea incendiario, y que a un lector le resulte respetable y pueda adquirir algún dato.

¿Te sientes solo en ese ejercicio?

Sí. Hannah Arendt decía que la soledad tanto para el periodista como para el filósofo y el científico es una condición existencial. Pero llegas a una edad como la que tengo yo, ya has visto muchas cosas y lo que quieres es tu propia gratificación.

Que es…

Estar a gusto contigo mismo y poder disfrutar de las cosas de la vida que son agradables como la lectura, el cine y el teatro. Procurar aquello de que la bondad es un signo de inteligencia. Yo creo que lo es. Ser un ciudadano que tiene derecho a quejarse y a comprender las insuficiencias pero que paga los impuestos. Que es respetuoso con los demás ciudadanos. Que es cívico en sus comportamientos. Es una cultura de la civilización. Eso es a lo que yo aspiro.

¿Crees que hay espacio en España para que los medios recuperen la credibilidad perdida?

La credibilidad que se pierde no se recupera.

¿El País, El Mundo o ABC son cabeceras perdidas?

Cada uno de ellos tiene su credibilidad, pero ninguno de ellos tiene la credibilidad transversal. No la tiene porque tiene unas vinculaciones ideológicas, financieras y comerciales que asoman con cierta frecuencia. No hay elementos de transversalidad en la credibilidad de los medios en España. El futuro del periodismo está en recuperar la intermediación. Ese es el periodismo de verificación. El Confidencial lo está haciendo ya, pero se podría hacer mucho más.

¿Qué te convenció del modelo de El Confidencial?

Era el único tren que yo podía coger. Me invitaron a subirme, lo probé, me gustó y llevo 12 años. Y además me siento libre y gratificado por el tipo de periódico que es, sabiendo que tiene errores y es susceptible de mejorar. Está en un nivel muy alto de atractivo para un periodista.

¿Por qué?

Tiene una independencia efectiva. Su propiedad es de un editor que está convencido de que esa es su obra. Tiene una financiación transparente. No tiene deudas. Carece de línea editorial. No establece un dogma sobre los temas. La línea editorial la marcan los propios lectores, es una opción como otra cualquiera. Nadie diría que El Confidencial es de extrema derecha o de extrema izquierda. Diría que es un periódico bastante amplio, que podría estar entre el centro izquierda y el centro derecha. ¿Eso quién lo hace? Las personas que lo escriben, las temáticas que se abordan, cómo se abordan y los lectores que tiene. Hay otras formas de pronunciamiento editorial más diversas, más amplias y menos dogmáticas. Esta es la fórmula indirecta que ha podido elegir El Confidencial.

¿Cuál fue la razón de tu destitución de ABC?

«Es muy importante cómo se comportan las clases dirigentes con los medios»

Me destituyeron sin previa advertencia y en media hora. Se estaba preparando una operación política –sustituir a Mariano Rajoy si perdía las elecciones de marzo de 2008 para llevar la presidencia a Esperanza Aguirre– y yo no hubiese secundado jamás la presidencia en el PP de Esperanza Aguirre y sus mariachis. Yo era una persona extraña para el PP de Madrid. No me había alineado con las tesis de la Cope y El Mundo en relación con la autoría del atentado del 11-M. Tuve un ataque frontal y personal con Losantos. Esa batalla no le gustó demasiado al Consejo de Administración. El CEO, José Manuel Vargas, me dijo que quería llevar el periódico más a la derecha. Yo le dije que no era el director para llevar el periódico más a la derecha: yo quería un ABC para una derecha culta, ilustrada, liberal, monárquica y con una mejor visión de la periferia de España. El futuro de la derecha tiene que ser ese. Traté de hacer del suplemento cultural de ABC un pálpito intelectual para la derecha. Metí a una gran cantidad de ensayistas franceses, historiadores franceses y filósofos franceses. Incorporé a catalanes, como Valentí Puig, un conservador liberal, Sergi Doria, Xavier Picae, que luego fue fundador de Ciudadanos, Miquel Porta Perales, incorporé a vascos, Edurne Uriarte, Carlos Martínez Gorriarán, Jon Juaristi…

En 2003 dijiste que un buen director deja el periódico en mejor estado que como se lo encontró.

Cuando el medio se confunde con el director es un fracaso absoluto de la iniciativa empresarial y periodística. Los medios deben trascender a las personas que en cada momento los conducen. Un buen director tiene que estar acompañado del gestor del medio. Les vincula un mismo propósito. Ahora bien, no nos estamos moviendo en un mundo impoluto. La sociedad española tiene una idiosincrasia, sus formas de ser, sus rasgos. Los medios también se contagian de sus propios lectores y de la sociedad. En este contexto, es muy importante cómo se comportan las clases dirigentes con los medios. Las culturales, empresariales y políticas.

José Antonio Zarzalejos

¿Qué opinas de las declaraciones de Cayetana Álvarez de Toledo sobre La Sexta?

Estoy en absoluto desacuerdo. ¿Quién erosiona los valores constitucionales? ¿La clase dirigente o los periódicos y los medios? Yo no le admito a Cayetana que diga que un medio de comunicación erosiona los valores constitucionales. Los valores constitucionales siempre se erosionan desde el negocio del poder y lo que hacen los medios es reflejar debates sobre la erosión. Es muy cómodo decir que los medios de comunicación son los que erosionan los valores constitucionales, pero sencillamente no es cierto: eso es absolver a la clase política, empresarial y cultural de sus responsabilidades con el país. A lo mejor hay que recordarle a Cayetana que el mapa de medios audiovisuales no es ajeno al gobierno del PP de 2011 y 2015. Si ella empieza a asumir las responsabilidades de su partido, comenzaré a estar más de acuerdo con ella.

¿Cuál es la respuesta de las clases dirigentes a tus columnas?

La gente es respetuosa en el desacuerdo. La forma es fondo. Muchas veces la gente que está muy cabreada y que es muy emocional me escribe correos diciéndome que soy un blandengue y que por qué no llamo mentiroso al presidente del gobierno. Y yo contesto que no voy a introducir categorías morales en la política. Yo diré que la estrategia de Sánchez es volátil y cambiante, pero nada va a hacer que le llame mentiroso.

¿No es la mentira una categoría de la política? O eso mismo decía Hannah Arendt…

El caso de Sánchez es muy extremo. Yo sí creo que él ha faltado a un compromiso de veracidad. Él dijo que no iba a pactar con Unidas Podemos y que no iba a depender de los independentistas. Pero eso se puede decir de una manera perfectamente inteligible sin la necesidad de que la persona quede un guiñapo.

¿Qué opinas del gran mito de Iván Redondo?

«La derecha no ha aprendido nada de los elementos de la nueva narrativa política»

Tiene mérito. Ya sé que no le gusta que se le diga que es un táctico, pero no es un estratega. Creo que es un táctico brillante y que ha establecido una relación muy interesante con Sánchez, que es la de consultor y cliente. Le complementa, colabora estrechamente con él, sintoniza en sus percepciones, le ayuda de una manera muy importante, pero no le sustituye. A mi lo que me preocupa es la superestructura que se ha creado en La Moncloa. Iván Redondo tiene un aparato mucho más importante que una vicepresidencia o cualquier ministerio: tiene la dirección del gabinete, la secretaría general de la presidencia, la secretaría de estado de comunicación, la oficina económica… tiene muchos poderes. Es casi un gobierno en paralelo. Lo cual viene a confirmar que Sánchez y él han decidido que haya un centro de gravedad de poder en La Moncloa al margen del que está en el Consejo de Ministros. Pero creo que es disfuncional.

Hay un boom de formación de opinión pública en las redes sociales. ¿Cómo se gesta el nacionalismo a través de la manipulación de la opinión pública?

Hay que distinguir entre la opinión pública y los grupos de interés. La opinión pública es un significante vacío. Yo creo en los grupos de interés, en los grupos de la sociedad que tienen capacidad de prescripción sobre los ciudadanos. El agregado de muchos grupos de interés son los que forman eso que llaman opinión pública. Hay un porcentaje altísimo de ciudadanos que no tiene opinión prácticamente sobre nada. La inmensa mayoría de la gente no tiene una opinión, tiene sensaciones, emociones, pero no opinión. Llamar opinión pública a lo que piensan los ciudadanos es una soberbia intelectual. Los ciudadanos actúan por sensaciones.

¿Esto cómo afecta a los procesos nacionalistas y populistas?

De una manera fundamental. El nacionalismo catalán que inició en el 2012 un proceso secesionista ha puesto en marcha una cadena de épicas, de místicas y de emociones. Una de las razones por las que admiro a Daniel Gascón es porque ha escrito el mejor libro sobre el soberanismo que es El golpe posmoderno.

¿Quién dirige estos procesos soberanistas?

Grupos elitistas.

¿Por qué están siendo más eficaces estos grupos elitistas que los constitucionalistas?

Por un proceso cultural. El Estado en España es una estructura que no está preparada con recursos de comunicación. El Estado no comunica. No tiene ni presupuesto ni personas adecuadas ni planes. Ha renunciado mucho a la política y ha creído más en su propia fuerza. El Estado cuando actúa como Estado –poder legislativo, ejecutivo y judicial– lo hace más desde la fuerza que desde la persuasión. El Estado español respecto al proceso soberanista se ha mostrado como un estado anacrónico, del siglo XX y no del XXI, que no maneja los instrumentos de persuasión, de convicción, de narrativa, de relato que ahora sí se emplean. No ha aprendido nada de la contemporaneidad. En cierto modo le ha ocurrido lo mismo a la derecha. La derecha no ha aprendido nada de los elementos de la nueva narrativa política.

¿No hace Vox precisamente eso?

«Para un periodista, la independencia consiste en saber todo lo que ignoras»

Ahora es cuando Vox está introduciendo elementos sentimentales. El triunfo de Vox es utilizar ese discurso contemporáneo, como lo hace Salvini, Orbán, Trump, Bolsonaro o el propio Pablo Iglesias. En la política y en el periodismo hay una deriva en la utilización del lenguaje muy seria y nos lleva a la confrontación. Siempre me ha apasionado un tema: pocas veces me ha fascinado más la capacidad camaleónica de un político que cuando Pablo Iglesias en el 18 se pone el esmoquin para ir a los Premios Goya. Me parece colosal. Para ir a los Goya sí, para tomar posesión de Vicepresidente Segundo del Gobierno, no. ¿Por qué el dress code sí en los premios Goya y no con el Jefe del Estado? ¿Qué explicación ideológica tiene eso? El esmoquin es «yo soy uno de los vuestros y me mimetizo». Tomar posesión sin corbata ante el Rey es decir «yo no soy uno de los tuyos».

¿Eres de centro derecha?

Soy un hombre moderado. Tengo una referencia política, que es Angela Merkel.

¿Y en España habría alguien?

No.

¿Ni siquiera del pasado?

No, no tengo referentes políticos en España que me llamen la atención. Tengo más referentes intelectuales. Por ejemplo, Miguel de Unamuno me parece un personaje colosal, contradictorio y angustiado. En este mundo solamente se puede vivir con autenticidad con un cierto grado de angustia. Y con un cierto grado de contradicción porque, si no, no lo vives en su integridad.

Y Ciudadanos

Ciudadanos era la gran esperanza no de regeneración, sino de que el régimen del 78 se reseteara. Yo fui muy cercano a Albert Rivera hasta que sus propios actos desmintieron que era liberal conservador y se cargó el proyecto más ilusionante que ha habido en los últimos 20 años en la política española. Inés Arrimadas piensa lo mismo que Albert. Hay una identidad de criterios bastante clara, por tanto, no creo que podamos confiar en una vía nueva.

¿Qué periodistas te gustan?

Me gusta mucho Daniel Gascón. Sigo sus artículos. Me veo bastante reflejado en él. Y Ramón González Ferriz. Te digo estos dos porque son de los que leo con mucho gusto. Me gusta el tono, su documentación, los temas que abordan y la seriedad con la que los abordan. Hay otros que son muy creativos, otros muy agudos, muy cultos, o dominan la prosa de manera maravillosa como Raúl del Pozo o Ignacio Camacho. Admiro la energía de periodistas como Pepa Bueno, con la que tengo una relación muy cercana desde hace muchos años. Me encanta su energía vital. Ya sé que Antonio García Ferreras es un hombre muy criticado, pero es un monstruo de la televisión. Te podrá gustar o no, pero hay que reconocerle que tiene una energía vital, una pulsión periodística realmente extraordinaria. Me encanta Montse Domínguez, me parece una mujer inteligentísima. Las entrevistas de Carlos Alsina son muy buenas. Tiene muy buena técnica para la entrevista, que no es un género fácil porque hay que documentarse, hay que ser rápido… y lo hace muy bien.

¿Cómo definirías la independencia como periodista?

La independencia total no existe. Somos tributarios de nuestros afectos y desafectos, de nuestros estados de ánimo, de nuestro entorno familiar y cultural. De lo que hemos aprendido y lo que ignoramos. Estamos condicionados enormemente. Yo lo que digo es que la independencia consiste en saber todo lo que ignoras. O en otras palabras, tener tu ignorancia bien estructurada. Solamente escribir y hablar sobre temas en los que tengas un criterio solvente que no esté conducido por intereses ajenos a tu propia opinión, a tu propia conciencia. Y por lo tanto no hacer incursiones en territorios que ignoras, que son inexplorados.

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