Una infancia rota por el coronavirus

En países donde enfermedades como el ébola, la malaria o el VIH están instauradas en el día a día de las personas, el COVID-19 puede tener consecuencias desastrosas si no se actúa ya.

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08
Abr
2020
covid-19 infancia

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Cuando mi hija tenía seis semanas, casi la perdemos a causa de un virus respiratorio, así que entiendo el pánico que algunos padres pueden estar sintiendo en este momento, a medida que el COVID-19 se propaga a más y más comunidades.  La parte positiva es que aprendemos cosas por el camino, incluyendo cómo vivir con cierta ansiedad y confiar en nuestra capacidad de proteger a nuestros hijos. En medio de la cacofonía de las conversaciones sobre el coronavirus, muchos se preguntan qué consecuencias provocará en los niños la infección.

La buena noticia es que hasta ahora los más pequeños parecen ser notablemente resistentes al virus. Investigadores de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins analizaron 72.000 casos de COVID-19 en China y descubrieron que solo 1 de cada 500 de los niños menores de 19 años murieron a causa del virus. Esto es, el 0,2%. Además, no había ninguna defunción entre los 0 y 9 años.

«Debemos actuar ya si queremos prevenir las peores consecuencias en la infancia»

Todavía es temprano y la situación podría cambiar a medida que se realicen más investigaciones y esta emergencia se vaya desarrollando, por lo que no podemos bajar la guardia. La comunidad médica aún no está segura de por qué los niños parecen tener mejores resultados cuando contraen el virus. Por ahora, se apuesta por argumentar que están en mejor forma, es decir, son más capaces de combatir infecciones y recuperarse.

Aun así, esta buena noticia no es motivo para ser complaciente con la situación de los niños a medida que se desarrolla esta amenaza. El impacto del virus en los menores, especialmente en los lugares más pobres del mundo, aún no se ha tenido en cuenta. Simplemente, hasta ahora, el COVID-19 no se ha extendido a gran parte de las comunidades del África subsahariana y a otras partes del mundo con sistemas de salud débiles o un alto número de personas refugiadas.

Aunque la tasa de mortalidad de los niños sigue siendo baja para este virus, podemos esperar gravísimas consecuencias cuando los niños pequeños pierdan a sus cuidadores. Lamentablemente, es una situación que ya hemos vivido con anterioridad: en la crisis del VIH se comprobaron las amenazas sustanciales a las que quedan expuestos los pequeños cuando una enfermedad mortal les deja huérfanos.

Si bien estos riesgos adicionales para los niños pueden ser leves en los países con mayores ingresos, aumentarán considerablemente en los países más pobres. Los expertos en salud pública están observando la propagación del COVID-19 en países del África subsahariana y temen lo que pueda suceder cuando llegue a campos de refugiados y asentamientos urbanos densos. La escasez de hospitales e instalaciones de UCI marcarán la línea entre la vida o la muerte. La tasa de mortalidad a consecuencia de esta pandemia en estos países podría ser mucho mayor de lo que hemos venido presenciado, ya que la atención médica avanzada –e incluso básica– está mucho menos disponible. La prevalencia de otras enfermedades como la malaria, la neumonía, el VIH y la tuberculosis también se traducirá en que muchas personas, sin importar su edad, lucharán contra el COVID-19 con sistemas inmunes comprometidos y factores complicados.

En las regiones más empobrecidas, al perder a sus madres y padres, abuelos, otros cuidadores y seres queridos mayores, los menores experimentan un grado de vulnerabilidad aún mayor. En los lugares más pobres, algunos niños simplemente no podrán sobrevivir, lo que podría derivar en que recurran a la mendicidad, que abandonen la escuela para trabajar o caigan en las redes de la prostitución infantil. Todo para sobrevivir, como ya vimos con el VIH, el ébola y otras enfermedades mortales, así como con desastres naturales y otras crisis humanitarias. Por eso, sabemos que debemos actuar ahora para evitar esta pérdida de vidas. Debemos actuar ya si queremos prevenir las peores consecuencias en la infancia.

«La tasa de mortalidad del COVID-19 en países empobrecidos podría ser mayor de lo que venimos viendo»

Ante esta situación, la ONG World Vision está trabajando arduamente para mantener seguros a los niños y a sus cuidadores. En Asia, hemos estado trabajando durante semanas para promover comportamientos de prevención y mostrar a las comunidades cómo mantenerse seguras, proporcionar equipos de protección a los trabajadores de la salud, colaborar con las autoridades sanitarias gubernamentales y planificar los próximos pasos sobre cómo responder. Nuestros trabajadores en países con sistemas de salud más débiles están adoptando medidas para reducir el impacto que tendrá el COVID-19 cuando llame a sus puertas.

Este no es un momento para entrar en pánico. Los esfuerzos de contención hasta la fecha nos han dado algo de tiempo, y debemos usarlo sabiamente para preparar a cada país y a cada familia. Todos podemos hacer esto.


(*) Tom Davis es líder de Salud y Nutrición de World Vision.

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