Sociedad

Viaje a la mente de un maltratador

Aunque el 20% de los maltratadores tengan asociado un trastorno psiquiátrico codificable como psicosis, paranoia, psicopatía o trastornos de personalidad, en la mayoría de los casos existen aspectos psicopatológicos individuales. Celos, chantaje emocional, necesidad de control… Esta es la historia de María.

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Carla Lucena
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16
Oct
2019
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Carla Lucena

«Intolerante, autoritario, maniqueo, chantajista, refractario a las críticas, criticón, cruel, insensible, falso, carente de control emocional y empatía, mentiroso, victimista»… El psicólogo Juan Armando Corbin enumera decenas de rasgos de un maltratador tipo, todos ellos previsiblemente peyorativos menos uno, el que más llama la atención: encantador.  El especialista explica: «Lo es al principio de la relación, porque sabe cómo comportarse, y su verdadero yo tarda en aparecer».

María (prefiere dar un nombre ficticio) lo confirma con su propia experiencia. O, mejor dicho, con sus propias dos experiencias. La primera fue hace siete años. Se casó con su novio de la universidad, «ese chico con el que siempre sueñas y con el que piensas que nunca acabarás», describe. «Pues bien, yo acabé cumpliendo ese sueño, tuvimos una hija, y el sueño se convirtió en una pesadilla», prosigue. El inicio de su maternidad estuvo empañado por desplantes, insultos, celos injustificados, «y algún que otro tortazo». Tener una hija la retuvo algunos años en esa jaula metafórica pero insoportablemente rígida, «enajenada por la esperanza de una vida normal, de una familia normal». Nunca llegó, y un buen día tuvo fuerzas para divorciarse. «Me costó un mundo, por el miedo a ver menos a mi hija, pero en seguida sentí una liberación brutal. Como quien de pronto se quitara unos zapatos de roca después de muchos años, o se curase de una jaqueca crónica».

En la publicación ‘Women’s Health Watch’ de la Universidad de Harvard reconocen que es un error reprochar a la mujer el «haberse unido al hombre equivocado»

No le duró mucho esa sensación. A los dos años empezó a salir con un hombre de su edad, sin hijos, culto, simpático, melómano como ella, con un gran sentido del humor, sensible. Pero al poco tiempo llegaron los celos. Algo que no ha resuelto hasta hoy. María reconoce que sigue «enganchada» a él. «No me ha agredido nunca físicamente, pero sí con palabras… o con silencios, que es mucho peor. Me ignora unos cuantos días cada vez que salgo con mis amigos de toda la vida. Me castiga psicológicamente cada dos por tres y paga conmigo muchas de sus frustraciones, desde un hijo de una pareja anterior con el que no se habla a tener un trabajo que odia porque no era su vocación. Yo intento que lo comparta conmigo, ayudarle, pero es imposible. Prefiere que hablemos de todo lo que yo hago mal», relata. Pero reconoce: «Tengo una edad en que me da mucho más miedo quedarme sola para siempre que seguir junto a él. Y se lleva bien con mi hija».

Las dos historias de María recorren, casi sin dejar un cabo suelto, el perfil de un maltratador. Con todo, cada mente de uno de estos individuos tiene una complejidad específica, única. «Aunque el 20% de los maltratadores tengan asociado un trastorno psiquiátrico codificable como psicosis, paranoia, psicopatía o trastornos de personalidad, en la mayoría de los casos encontramos aspectos psicopatológicos individuales», explica la psicoanalista Victoria Garay, del Grupo Doctor Oliveros. Y enumera algunos que coinciden con el caso de María: «Los celos suelen ser irracionales y, como provocan mucha rabia e irritabilidad, llevan a la violencia por su tendencia al descontrol de impulsos. También existe la necesidad de control sobre la mujer, de dominio, que la va aislando de su familia y amigos, y de cualquier relación o actividad que los excluya. Y la baja autoestima, con críticas a todo lo que no es de su gusto».

«Una cosa es conocer cómo funciona la mente de un maltratador y otra ser capaz de prevenirlo», reconoce María

El libro Aggression and violent behavior, escrito por cinco psicólogos, trata de detectar el funcionamiento de la mente de un maltratador. Sus autores aconsejan cautela: «Investigaciones anteriores han intentado establecer un perfil neuropsicológico para los agresores a partir de  factores como la lesión cerebral, los antecedentes de abuso de drogas o alcohol y otros desvíos relacionados con el nivel educativo o el nivel socioeconómico, y han llevado a resultados inconsistentes. Por eso, avanzar en nuestra comprensión de la mente y el funcionamiento cerebral de los agresores masculinos puede ayudar a predecir y reducir la violencia contra las mujeres en el futuro».

En la publicación Women’s Health Watch de la Universidad de Harvard apuestan por el empirismo para detectar comportamientos incardinables en el maltrato. Con todo, reconocen que no es fácil, motivo por el que es un error descargar en ella parte de la responsabilidad por «haberse unido al hombre equivocado»: «Las mujeres no eligen conscientemente tener una pareja abusiva. De hecho, el maltratador puede ser encantador y querido por la mayoría de las personas que lo conocen, pero en casa muestra un lado diferente. Amigos, familiares y colegas del trabajo a menudo se sorprenden cuando se conoce su comportamiento abusivo. E igualmente, esto es un shock para la mujer maltratada».

Aun así, dan algunas pistas: «Los cambios en la relación pueden ser difíciles de ver al principio. La necesidad de control del maltratador a menudo comienza a manifestarse en pequeñas cosas que dice y hace. Puede criticar la forma en que actúa o se viste su pareja. Puede decir cosas profundamente hirientes, como acusarla de ser una mala madre. Con el tiempo, las palabras del maltratador  pueden hacer más mella y afectar a la idea de sí misma que tiene una mujer. Ella comienza a dudar de sus percepciones e incluso puede llegar a creer las cosas horribles que él dice sobre ella. Se siente aislada, avergonzada e impotente, pero al mismo tiempo puede sentir la obligación de mantenerse convencida del cuento de hadas porque no hay nada más a lo que aferrarse».

María se reconoce en estas descripciones. Incluso las que se refieren a su papel en la relación. «Una cosa es conocer cómo funciona la mente de un maltratador y otra ser capaz de prevenirlo», añade. Y zanja: «Pero ser capaz de salir de eso es la parte más difícil».

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