Opinión

Salvemos la cultura, si queremos salvar nuestra cultura

Los llamamientos realizados desde el sector no han tenido, hasta la fecha, el eco ni la respuesta que la cultura merece, no solo por su contribución económica, sino por su aportación al enriquecimiento intelectual y la salud mental de los ciudadanos. 

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12
Mar
2021

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¿Qué es la cultura? El filósofo Javier Gomá se empeñó hace un par de años en responder a esta pregunta desde la perspectiva de lo que el vocablo ‘cultura’, «una de esas palabras trascendentes y ambiguas», expresa en la actualidad. Gomá identificó cuatro acepciones o usos. La primera: «Ese conjunto de creencias y de costumbres, decantadas históricamente y estructuradas en marcos interpretativos, que comparten los miembros de una misma comunidad».  La segunda se refiere a «determinadas obras producidas (poiesis) sin finalidad utilitaria, principalmente para el entretenimiento, el placer desinteresado, la instrucción estético-moral o el conocimiento puro».

El tercer uso lingüístico nos lleva a la «industria cultural» que, como otras, está sometida a las leyes del mercado. Y el cuarto también tiene un sentido colectivo: se articula en torno a la «política cultural». En este último punto, el filósofo subrayó que «la misión de las distintas administraciones culturales debería ser la de propiciar las condiciones favorables para la creación de obras culturales (acepción segunda), así como su conservación, distribución y difusión empresarial (acepción tercera)».

La crisis provocada por la COVID-19 está golpeando con virulencia a las cuatro significaciones. La costumbre de salir por razones culturales se ha visto severamente alterada por el confinamiento y las restricciones a la movilidad. La creación y la industria también se han resentido por el encogimiento del mercado cultural, sin que se perciban políticas eficaces para paliar los efectos de la pandemia.

«La industria cultural apenas recibirá el 1,1% de los fondos europeos de recuperación»

La ausencia de un plan específico de ayudas a la cultura tal vez sea consecuencia de la falta de consciencia sobre la importancia de la industria. El sector cultural, del que forman parte 700.000 trabajadores en España, aporta el 3,2% al Producto Interior Bruto (PIB). Actúa también como elemento tractor del turismo pues, según el Anuario de Estadísticas Culturales, en 2019, 14,5 millones de extranjeros visitaron España principalmente por motivos culturales. El Museo del Prado, por ejemplo, reporta de manera directa, indirecta e inducida, 745 millones de euros.

Sin embargo, la financiación pública en términos de PIB por parte del Estado fue del 0,06 % en 2018, a lo que habría que sumar el 0,10 % por parte de las administraciones autonómicas y el 0,20 % procedente de los ayuntamientos. Estas cifras se alejan de la percepción de un sector fuertemente subvencionado, una posverdad que resurge con fuerza cuando representantes de este sector expresan, a título personal, sus inclinaciones ideológicas. De hecho, frente al 3,2% de cuota del PIB, la industria cultural apenas recibirá el 1,1 % de los fondos europeos de recuperación, según consta en los Presupuestos Generales del Estado.

La cuantía de las ayudas públicas es manifiestamente insuficiente para evitar la mortandad de miles de empresas y creadores. Sobran ejemplos. Las pérdidas en el sector de la música en vivo, a causa del parón provocado por el coronavirus, podrían superar los 1.200 millones de euros cuando se cumpla un año de pandemia, según las estimaciones realizadas por la federación nacional Es Música.

Además, la mitad de los músicos declara una reducción de sus ingresos superior al 90% desde marzo de 2020, de acuerdo con una encuesta realizada por la Unión de Músicos Profesionales (UMP). Por otro lado, dos tercios de los miembros de este gremio todavía no tienen ningún concierto contratado para 2021. En el ámbito del cine, el 96% de las empresas podría afrontar problemas de insolvencia en breve, como alertaba recientemente la Federación de Cines de España (FECE), cuyos socios declararon una caída de ingresos de en torno al 70% en 2020.

«El daño será aún mayor en el largo plazo, porque el país se habrá debilitado culturalmente»

Los llamamientos realizados desde diversas asociaciones representativas del sector no han tenido, hasta la fecha, el eco ni la respuesta que la cultura merece,no solo por su contribución económica, sino –sobre todo– por su aportación al enriquecimiento intelectual y la salud mental de los ciudadanos. 

En un comunicado emitido a finales de octubre, la Unión de Asociaciones Empresariales de la Industria Cultural Española resaltaba la importancia de la cultura para la identidad y el bienestar de las comunidades: «Porque la cultura es un fiel marcador de lo que somos y lo que seremos, de nuestras costumbres y comportamiento, de los valores de la sociedad en que vivimos. El impacto de la cultura va más allá de un teatro, un cine o un concierto, y pone de manifiesto el nivel sociocultural y económico de un país».

En el corto plazo, la pandemia tiene un tremendo impacto en la industria cultural. También lo está teniendo en nuestras costumbres, que son nuestra cultura: ir al teatro, visitar una exposición o bailar en un concierto en vivo. Si no se produce una reacción rápida por parte de las instituciones, el daño será aún mayor en el largo plazo, porque el país se habrá debilitado culturalmente. 

Tal debilidad puede conducir a una caída de la creatividad y del pensamiento crítico, justo cuando estas habilidades son las más necesarias para hacer frente a los retos que suscitan las transformaciones inducidas por la globalización, la digitalización y la automatización. Salvar la cultura es salvar nuestro capital más preciado, aquel que nos permite invertir en ideas, entre otros beneficios, para afrontar con mayor eficacia la próxima crisis que ponga en cuestión la sostenibilidad de nuestro sistema y de nuestro estilo de vida.


Susana Voces es directora general de Entradas.com.

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