Sociedad

Tijeras, banderas y cortinas de humo: sobre los recortes y el ‘procés’

Entre 2009 y 2015, el gasto en políticas sociales se rebajó en más de un 26% en Cataluña. Solo en sanidad, la inversión pública disminuyó un 31% en este periodo.

Artículo

Jordi Corominas i Julián
¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 5 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
07
Feb
2019
Cataluna

La plaça del Poble Romaní del emblemático barrio de Gràcia es uno de los mayores y más desconocidos aciertos de la Barcelona olímpica. Mantuvo la forma de la antigua fábrica textil que ocupó el espacio durante más de un siglo y se complementó con una residencia para ancianos. Un buen día, el lugar se llenó de barracones escolares que se mantuvieron durante siete años. Solo la acción vecinal propició la construcción de la tan ansiada Escola de l’Univers, ubicada en un antiguo e inmenso parking.

Nos trasladamos a otra plaza, la de Catalunya, donde el 27 de mayo de 2011 los mossos de escuadra cargaron contra los acampados del 15M en una brutal operación, casi un cerco militar, con más de ciento veinte heridos. Pocos semanas después, concretamente el miércoles 15 de junio de ese año crucial, más de cuatro mil personas se concentraron a primera hora de la mañana en los accesos del parque de la ciudadela, donde está el Parlament de Catalunya que esa jornada, con los votos de la extinta Convergència i Unió y la pactada abstención del Partido Popular, debía votar los presupuestos con más recortes sociales desde la restauración de la Democracia.

Tan grande era la ira social que muchos diputados debieron acceder al recinto en helicóptero. Durante los meses siguientes, la tensión generada por los tijeretazos creció hasta límites insostenibles. Los profesores ya se habían organizado en 2010 con la marea amarilla, experiencia pionera en el Estado, pues la marea verde madrileña realizó su primera asamblea el 20 de julio de 2011. Los médicos siguieron sus pasos clamando por evitar ese eufemismo llamado austeridad. Cuando llegó 2012, se convocaron dos huelgas generales con incendiarias protestas a lo largo y ancho del país mientras Francesc Xavier Mena, conseller de empresa y Ocupación, sugería a los jóvenes tomar el primer avión para Londres y servir cafés como único remedio a la enfermedad causada por la primera administración autonómica que rebajó las cargas presupuestarias esenciales para el sostenimiento del Estado del Bienestar.

El procés como tapadera

El 11 de septiembre de 2011 transcurrió tranquilo. Se manifestaron quince mil personas y la independencia no estaba en la agenda política. Las tornas cambiaron cuando empezó a contemplarse como un buen mecanismo de disuasión, y así fue como se pasó de las retallades, recortes, a las esteladas. Es cierto que antes de la crisis ya se habían organizado consultas populares para reclamar la separación de España, pero no fue hasta el adelgazamiento de las cuentas que el movimiento cobró fuerza con instituciones paralelas a la Generalitat. El 14 de diciembre de 2011 se fundó en Vic la Associació de Municipis per la Independència. En marzo de 2012 vio la luz La Assemblea Nacional de Catalunya, clave en la organización de las futuras y masivas concentraciones.

Guillem Martínez: «Los recortes son una de las claves para comprender el viraje independentista en Cataluña»

Mientras tanto, Artur Mas, en una maniobra idónea para conseguir un rechazo, empezó a plantearse un cambio de socios con la petición del Pacto Fiscal para Cataluña. La discusión avanzó a lo largo de 2012 y llegó a su cénit en septiembre, coincidiendo con la primera Diada, con más de un millón de participantes. El plato estaba listo para ser servido. El president acudió a Madrid, pidió lo imposible a Rajoy, quien, además de la desgana mostrada ante la cuestión, no podía aceptarla por motivos de realismo económico derivados de la crisis, y volvió a Barcelona, donde en la plaça de Sant Jaume, sede del poder catalán, fue recibido como un héroe y anunció la inminente convocatoria electoral con esos carteles mesiánicos.

Los resultados no fueron los esperados. CiU perdió doce escaños, pero la aritmética propició el pacto con ERC, quien durante los siguientes años combinó ser el principal partido de la oposición y el mayor valedor del Ejecutivo, tendió un puente de plata para proseguir con los recortes, silenciados con la propaganda que acusaba a España de robar a Cataluña, esa misma España que durante el período financió las farmacias y hospitales del Principado mediante el Fondo de Liquidez Autonómico. Mientras todo eso sucedía, Mas y Junqueras se atrevieron a afirmar sin ningún tipo de dato objetivo que, en caso de conseguir separarse, dispondrían anualmente de 16.000 millones adicionales, algo desmentido por activa y por pasivo por el actual ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell y el empresario Joan Llorach, en su libro Las cuentas y los cuentos de la independencia (Catarata).

Guillem Martínez, autor de La gran ilusión (Debate) y uno de los mejores analistas del procés, arguye que los recortes «son una de las claves» para comprender el viraje independentista en Cataluña. «Sobre todo si pensamos que la clave de los recortes es más grande que los recortes mismos. Los recortes son una crisis absoluta de la soberanía, de la democracia. Con los recortes descubrimos que la democracia estaba deslocalizada en otros ámbitos no electos, como la UE, la Troika, la banca, esto es, que la soberanía no existía en el Estado. Imagina, por tanto, en una autonomía como Cataluña o Murcia… La crisis democrática, social y económica cuestionó, pues, algo más amplio: el Régimen del 78, el sistema de partidos español. En Cataluña, una clase política que debía demostrar que era útil para algo, fracasó absolutamente. No hizo nada, si bien dijo mucho. Dijo, en todo caso, lo que el 48% de la sociedad catalana quería escuchar», continúa.

La magnitud de la tragedia

Algunos datos pueden ayudar a comprender el alcance de los recortes, sobre todo si se compara con otras Comunidades Autónomas, solo superado por Castilla la Mancha por escasas décimas y siete veces superior al tijeretazo efectuado en Euskadi, donde durante el período comprendido entre 2009 y 2015, el gasto en políticas sociales disminuyó solo un 4,18%. En Cataluña, donde se rebajó en más de un 26%, los funcionarios vieron mermado su salario y fueron privados de las pagas extras, reduciéndose asimismo en un 15% la jornada de los interinos. La ayuda de cooperación al desarrollo cayó de los 47 millones de 2008 a los 5,9 de 2013. Las becas pasaron de 55 millones en 2010 a 13 en 2014. Las guarderías perdieron entre un 85 y un 90% de su asignación en las cuentas, dinero que recaló casi íntegramente a la escuela concertada. El 47% de la reducción de gasto del Departamento de Educación afectó directamente al cuerpo docente.

Comisiones Obreras cifra en 6.000 el número de profesores necesarios para recuperar el nivel previo a la crisis. Muchos jóvenes con esperanza de encontrar acomodo en escuelas o institutos vieron como ese tren se alejaba mientras las calles se llenaban de banderas e histeria colectiva teledirigida. Por lo demás, Cataluña sigue por debajo de los estándares mínimos de los países de la OCDE, las matrículas universitarias son inasequibles para muchos universitarios y la educación superior se encuentra en una situación de pura calamidad entre la progresiva jubilación de muchos catedráticos y titulares eternizados en sus puestos, la pésima retribución a los asociados y el mal causado por la lentitud en efectuar ese imprescindible relevo generacional.

En 2010, la dotación presupuestaria de la Sanidad Catalana era de 9.624 millones. Cuatro años después, había descendido hasta los 8.172. Una disminución del 31%. Durante el largo invierno de los recortes, el Institut Català de la Salut despidió a 1.064 médicos de atención primaria, mientras el Fòrum Català de Atenció Primària calculaba que se habían perdido más de mil enfermeros y unos ochocientos puestos de trabajo vinculados con el personal de administración, mantenimiento, limpieza y cocina. A todo esto se añadió la introducción del copago sanitario y el avance de la sanidad privada, con Boi Ruiz, ex conseller de Salut, aconsejando contratar el seguro de una mutua.

Jordi Amat: «La izquierda sigue sin estar en condiciones de proponer una alternativa mayoritaria frente al independentismo»

La lista es interminable. La inversión pública es 3.300 millones inferior a la del inicio de la década. El déficit no se ha limado. El mundo rural y sus principales actividades agonizan. Los desahucios, que propiciaron la irrupción de una política tan importante a fecha de hoy como Ada Colau, no han cerrado su cruel grifo y los alquileres, algo común en toda España, no han tocado techo, con la gentrificación apoderándose de los barrios para destruir sus raíces e identidades.

La principal cuestión pendiente es saber si este recorrido tiene marcha atrás, si será posible revertirlo. Jordi Amat, autor de Largo proceso, amargo sueño (Tusquets), uno de los libros referenciales para entender la deriva de Cataluña, cree que «el otoño caliente de 2018, ideado como un hipotético momento durante el cual se podía crear un escenario de ruptura potencial, no provocó finalmente ni mucho frío ni demasiado calor. Se visualizó la tensión interna dentro del bloque independentista, con el clímax de la conmemoración del primero de octubre delante del Parlament, y en algunos casos, la calle fue tomada por colectivos profesiones protestando porque no se había anulado el ciclo de recortes». Esto dejó al procés en la fase en la que se encuentra desde hace más de un año: «pendiente de la resolución de la causa general contra el independentismo diseñada por una parte de la élite de la alta judicatura del Estado», sostiene Amat, para quien la resolución de esta causa dificulta realizar pronósticos sobre cómo puede evolucionar la vida política en Cataluña. «En todo caso, la izquierda sigue sin estar en condiciones de proponer una alternativa mayoritaria frente al independentismo, y mientras esto siga igual, difícilmense puede producirse un cambio en la correlación de fuerzas que genere la implementación de política de refuerzo del Estado del Bienestar, que ni aquí ni en ninguna otra parte está hallando mecanismos para afirmarse».

La cortina de humo del procés figurará en los libros de Historia. La izquierda no ha sabido articular un discurso que catapultara al primer plano lo social. Los hechos, siempre más consecuentes que los dirigentes, se han encargado de hacerlo cuando ha disminuido el otro ruido. Del otoño caliente del referéndum, las proclamas, los encarcelamientos y las elecciones, transmitamos por otro repleto de peticiones y marchas sin cuatro barras, para recuperar derechos para el bien común de toda la ciudadanía, la misma a la que durante estos años han llamado «pueblo» para ocultar el derrumbe perpetrado a conciencia.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

La era del propósito

Ignacio Cayetano

El propósito ya no se basa exclusivamente en el negocio, sino que incluye valores sociales, éticos y medioambientales.

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME