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¿Existe la andropausia?

Muchos hombres identifican cambios físicos y emocionales a partir de los 40 o 50 años y los vinculan a una supuesta «andropausia», un concepto muy extendido pero cuyo respaldo científico sigue siendo objeto de debate médico.

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13
mayo
2026

A partir de los cuarenta o cincuenta años, muchos hombres empiezan a notar cambios que antes no sentían: menos energía, dificultad para concentrarse, alteraciones del sueño, disminución del deseo sexual, etcétera. El término «andropausia» lleva décadas circulando en conversaciones de salud, artículos de divulgación y anuncios de suplementos un tanto fraudulentos, pero su uso sigue generando un importante debate entre los especialistas. ¿Se trata de un fenómeno real o es solo una etiqueta comercial sin respaldo científico?

La respuesta, como suele ocurrir en medicina, tiene matices. Lo que sí existe es un descenso progresivo de la testosterona a medida que los hombres envejecen. Sin embargo, lo que no está tan claro es que ese descenso sea equivalente a la menopausia femenina ni que justifique tratamientos hormonales generalizados. El European Male Aging Study, uno de los trabajos más amplios sobre el tema, sitúa la prevalencia del hipogonadismo de inicio tardío —el nombre técnico que prefieren los especialistas— en torno al 2% en hombres de entre 40 y 80 años cuando se exigen criterios estrictos de diagnóstico. La cifra sube si se relajan esos criterios, pero sigue siendo muy inferior a lo que cierta industria del bienestar masculino querría hacernos creer.

Qué dice la ciencia sobre la andropausia

La testosterona comienza a disminuir aproximadamente a partir de los 30 años, a un ritmo cercano al 1% anual. A los 70, un hombre tiene, de media, entre un 20% y un 30% menos de esta hormona que en su juventud. Sin embargo, a diferencia de la menopausia —un proceso relativamente brusco que marca el fin de la fertilidad femenina—, el declive androgénico es gradual, silencioso y variable: algunos hombres mantienen niveles saludables hasta edades muy avanzadas, mientras que otros experimentan caídas más pronunciadas.

La testosterona comienza a disminuir aproximadamente a partir de los 30 años, a un ritmo cercano al 1% anual

El problema real es que no hay consenso sobre cuánta testosterona es «normal». Las guías de la Asociación Europea de Urología, la Sociedad Británica de Medicina Sexual y la Asociación Americana de Urología manejan umbrales distintos, expresados incluso en unidades diferentes, lo que dificulta las comparaciones. En 2023, la Asociación Europea de Urología elevó su umbral de referencia, lo que automáticamente convirtió a más hombres en candidatos a tratamiento sin que hubiera cambiado nada en sus cuerpos. Este tipo de decisiones alimenta la sospecha de que parte del interés en la andropausia responde más a lógicas comerciales que a necesidades clínicas.

Por otro lado, cuando los niveles de testosterona bajan de forma significativa y sostenida, pueden aparecer síntomas: reducción del deseo sexual, disfunción eréctil, pérdida de masa muscular, aumento de grasa abdominal, fatiga persistente, irritabilidad o dificultades de concentración. Un estudio publicado en Frontiers in Endocrinology estima que entre el 35% y el 50% de los hombres con hipogonadismo confirmado presentan síntomas depresivos. Pero aquí viene el matiz importante: muchos de estos síntomas también se explican por otras causas frecuentes a partir de los 50, como la diabetes, la hipertensión, la obesidad, la apnea del sueño o la depresión. Atribuirlo todo a la testosterona sería simplificar en exceso.

El diagnóstico riguroso exige dos condiciones, que son la presencia de síntomas clínicos y confirmación mediante análisis de sangre realizados por la mañana —cuando los niveles hormonales son más altos— y en al menos dos ocasiones distintas. Solo cuando ambos criterios se cumplen y se han descartado otras patologías, tiene sentido hablar de deficiencia androgénica del envejecimiento masculino.

La eterna pregunta: ¿cómo se trata?

Pero, entonces, si hay un diagnóstico claro, ¿conviene tratar con testosterona? La evidencia científica muestra beneficios moderados en algunos ámbitos: mejora de la libido, aumento de la densidad ósea y, posiblemente, de la masa muscular. Pero también señala riesgos diversos. Por ejemplo, la terapia de reemplazo hormonal está contraindicada en hombres con antecedentes de cáncer de próstata, enfermedades cardiovasculares graves, problemas hepáticos o renales. Este tipo de tratamientos también está unido una posible asociación con síntomas depresivos y conductas de autolesión en determinados grupos, lo que obliga a una prescripción cuidadosa y personalizada.

Lo que los especialistas desaconsejan de forma unánime es recurrir a suplementos que prometen elevar la testosterona de manera «natural». Ingredientes como el zinc, el fenogreco, el Tribulus terrestris o la maca aparecen en decenas de productos comercializados como vigorizantes masculinos, pero ninguno cuenta con evidencia suficiente para respaldar sus promesas. En el peor de los casos, algunos productos vendidos en plataformas extranjeras contienen directamente testosterona sin declarar, lo que supone un riesgo serio para la salud.

Los hombres hablan menos de su salud, consultan más tarde y tienden a minimizar sus síntomas

¿Qué funciona entonces? Las intervenciones con más respaldo científico son, como siempre, las más efectivas: ejercicio físico regular —especialmente el entrenamiento de fuerza—, alimentación equilibrada, control del peso, sueño de calidad y atención a la salud mental. La obesidad visceral, por ejemplo, favorece la conversión de testosterona en estrógeno, mientras que el estrés crónico eleva el cortisol, una hormona que interfiere con el equilibrio hormonal.

Quizá, entonces, el mayor problema generado por la andropausia no sea médico, sino cultural. Los hombres hablan menos de su salud, consultan más tarde y tienden a minimizar sus síntomas. Y ese silencio, por supuesto, tiene consecuencias. Sin ir más lejos, en España, ocho de cada diez suicidios corresponden a varones, y la franja de edad con mayor ideación suicida coincide con el momento en que el declive hormonal empieza a ser clínicamente relevante. La andropausia (o, mejor dicho, el hipogonadismo tardío) existe según la ciencia, pero igual nos sigue haciendo falta hablar sobre ella.

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