Cultura

10 novelas proscritas por la corrección política

La censura institucional es cosa del pasado, pero hoy nos enfrentamos a otra soterrada e igualmente peligrosa: la corrección política.

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Luis Meyer
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05
Oct
2018
Fotograma de ‘Lolita’ (1962), dirigida por Stanley Kubrick

La censura institucionalizada, la vertical, la que va de arriba abajo, es claramente identificable. Y, por suerte, se circunscribe a épocas pasadas, en las que podemos mirarnos para no repetir los mismos errores. A todos horrorizan hoy las espadadas salvajes del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, que vetó obras de Montesquieu, Descartes, Darwin, Galileo o Copérnico, pensadores y científicos sin los cuales no existirían los pilares de lo que hoy conocemos como una sociedad moderna, o serían mucho más endebles. Ni siquiera se libró la ficción: novelas y cuentos también fueron prohibidos, y sus autores, perseguidos.

El propio Miguel de Cervantes se valió de la subrepción en el relato de su obra maestra para sortear la censura: puso en boca de sus protagonistas una crítica voraz a la propia Inquisición, a los prejuicios de la época, a la corrupción imperante y, en general, a las máculas que arrastraba la sociedad española. Al fin y al cabo, ¿quién iba a tomarse en serio a un hidalgo al que se le ha ido la olla, y a su pedestre escudero?

Aunque la censura vertical en los países democráticos es cosa del pasado, sigue presente la transversal: la que se alimenta de la corrección política, y se practica desde los medios de comunicación, las redes sociales o las propias cadenas de distribución y tiendas de libros que, al fin y al cabo, tienen libertad para elegir qué títulos incluyen en sus catálogos. El mismo Platón ejercía una suerte de corrección política cuando prohibía a sus alumnos adolescentes la lectura de los poemas de Homero, al considerar que exponían una visión distorsionada de la realidad que podía desatar inapropiadas pasiones. No hay que irse tan lejos en el pasado. Estas son algunas de las dianas recientes de los misiles de los biempensantes:

Los Cinco – Enid Blyton

Una novela infantil sobre la andanzas de un grupo de chicos y chicas que vendió millones de ejemplares en todo el mundo en el siglo pasado. Este es un caso de ‘censura en sentido inverso’. La editorial Juventud acaba de relanzar los 21 títulos de esta saga, que en su día se publicó tal cual, plagada de escenas difícilmente digeribles hoy en día. Por eso, su contenido ha sido convenientemente purgado: en sus historias naífs sobre el bien y el mal, los chicos protegían a las chicas, que eran las encargadas de las tareas del hogar. Y los malos, por lo general, no eran ingleses puros, sajones o anglos, sino a menudo negros o gitanos. Hasta el punto de que sus novelas han sido tachadas de «misóginas y racistas». Los detractores de esta medida defienden que no hace sino reflejar una realidad de una época con la que no hay que estar necesariamente de acuerdo, y que la revisión de los textos lo único que hace es anular su valor como documento histórico. O lo que es lo mismo: si extendemos la ética y la mora actual retroactivamente, nos cargamos el pasado.

Lolita – Vladimir Nabokov

A la obra fundamental del genial escritor ruso se le acusó de incitar a la pederastia y al abuso sexual, porque en muchas de las escenas se le atribuyó a la preadolescente un aura de erotismo. Sin embargo, en una entrevista que le realizó el periodista y crítico literario francés Bernard Pivot, Nabokov intentó corregir esta percepción de la siguiente manera: «Lolita no es una niña perversa. Es una pobre niña que corrompen y cuyos sentidos nunca llegan a despertar bajo las caricias del inmundo señor Humbert. Es una niña de 12 años, mientras que Mr. Humbert es un hombre maduro, y el abismo entre su edad y la de la niña produce el vacío entre ellos: en ese vacío está la seducción, atracción de un peligro mortal. Fuera de la mirada maníaca de Mr. Humbert no hay nínfula. Lolita, la nínfula, solo existe a través de la obsesión que destruye a Humbert». Tan meridiano como el propio relato debería haber sido para cualquier lector.

Ulises – James Joyce

Un caso de censura reciente que viene de un actor inesperado: Apple. Ante la publicación de una versión en cómic para web, la compañía de la manzana, antes de incluirlo en el catálogo de lectura para iPad, eliminó algunas escenas de desnudos de las viñetas, como la que detalla el encuentro entre una anciana vendedora de leche y Stephen Daedelus. Él tiene una serie de fantasías que la endiosan y le hacen verla como una mujer joven, con los pechos descubiertos. La compañía aceptó más tarde su error, y volvió a incluir las viñetas.

Make something up: Stories you can’t unread – Chuck Palahniuk

El irreverente y bilioso escritor estadounidense está acostumbrado a sufrir la censura soterrada en su propio país. Varias cadenas de librerías prefirieron no incluir esta obra en sus estanterías, y fue pasto de las críticas lacerantes de los sectores más conservadores. ¿Por qué? Por los temas que habitualmente encienden a los censores en Estados Unidos: este libro (una vez más) era explícito en blasfemias, escenas de sexo y ofensas a todo tipo de instituciones.

El guardián entre el centeno – JD Salinger

Fue publicada en 1951 y siempre ha estado envuelta de polémica pero, curiosamente, no tanto por su contenido (habla sin dobleces de los vicios, la sexualidad, la delincuencia y la abulia de un adolescente rico), demasiado crudo para la época, sino por el hecho de que fuera novela de cabecera de conocidos asesinos: cuando Mark David Chapman acabó con la vida de John Lennon, esperó a que la policía fuera a detenerle leyendo uno de los ejemplares de Salinger, en el que había escrito: «Esta es mi declaración». También se ha relacionado este libro con Charles Manson o Lee Harvey Oswald, presunto asesino de John F. Kennedy.

Steal this book – Abbie Hoffman

El propio título (roba este libro) estaba planteado como una provocación a la corrección política. Su autor cuenta en él cómo conseguir comida, identificaciones, viajes, transporte, ropa o libros de manera gratuita o a muy bajo coste, o lo que es lo mismo: cómo sobrevivir sin dinero en el primer mundo, algo que contravenía el idolatrado ‘american way of life’. Fue una obra especialmente despreciada por muchos libreros. Y, curiosamente, uno de los libros estadounidenses más robados el año de su publicación.

Trópico de cáncer – Henry Miller

Da igual que fuera considerada una de las 100 mejores novelas de la historia de la literatura en habla inglesa por la revista Time: fue publicada por primera vez en París en 1934 y no fue editada en Estados Unidos hasta 1961, cuando el autor ganó un juicio en el que se le acusaba de violar las leyes sobre la pornografía vigentes en ese momento. Constituyó un hito, y muchos consideran que aquella sentencia abrió la puerta a muchas otras novelas que, de otro modo, habrían sido censuradas.

Nada – Janne Teller

Esta novela es la reflexión de un joven que, de repente, decide que nada merece la pena en la vida. Fue prohibida el año de su publicación (el 2000), en países tan liberales como Dinamarca, Francia y Bélgica. El motivo: según las autoridades, este libro puede inducir a la depresión adolescente, e incluso al suicidio.

Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn – Mark Twain

La editorial NewSouth Books reeditó las dos novelas más famosas de Twain sustituyendo la palabra «nigger» (término despectivo para referirse a los negros) por «esclavo». Esto desató la ira de los sectores más puristas con la obra del autor. Incluso el comediante afroamericano Elon James White llegó a publicar: «Es ridículo: el libro trata directamente sobre un racismo que no deja de existir  eliminando los términos racistas».

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