Innovación

Economía circular: cómo reinventar el siglo XXI

La economía circular irrumpe como el modelo que permitirá armonizar crecimiento económico y sostenibilidad medioambiental. Las transformaciones que conlleva su aplicación en los procesos industriales y en nuestra forma de consumir anuncian un futuro más eficiente y unas ciudades más sostenibles. Ethic y Signus reúnen a distintos expertos para sentar las bases de este desafío.

Ilustración

Carla Lucena

Fotografía

Luis Meyer
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10
Oct
2018
economia circular

Un caballo puede resultar más contaminante que un coche. Así fue, al menos, durante un periodo determinado de la historia. Nueva York, 1898. George E. Waring Jr., ingeniero sanitario en el Ayuntamiento neoyorkino, organizaba un congreso internacional de planificación urbana, la primera cumbre medioambiental que se registra. El asunto para el que le apremiaba reunir a los líderes políticos mundiales no era nimio: la cantidad de excrementos generados por aquel vehículo de cuatro patas, promotor del progreso durante siglos, alcanzaba en medio millón de toneladas, lo que suponía un verdadero problema de salubridad en la capital del mundo. Y lo sería, más pronto que tarde, en otras ciudades de diferentes geografías.

Resulta paradójico que la irrupción del automóvil de la mano de Henry Ford supusiera la solución ecológica a la contaminación ambiental de los núcleos urbanos: hoy, los coches representan el 13% de los gases contaminantes que se emiten a la atmósfera en todo el planeta y la carrera hacia la descarbonización es el tema estrella de debate que congrega a los líderes políticos en las cumbres medioambientales.

Con la diferencia de que, en 2018, hemos asumido –al menos en la teoría y con la excepción de ciertos negacionistas con flequillo– la importancia de luchar contra el calentamiento global para sacar al planeta del estado de respiración asistida en el que se encuentra. La cumbre de 1898 estaba prevista para diez días, pero, al tercero, tuvo que cancelarse ante la falta de interés y de soluciones.

Las boñigas de la era preindustrial y el CO2 que respiramos los coetáneos lanzan un mensaje común: el progreso es un fenómeno discontinuo y líquido. No siempre va hacia delante. Su impacto varía según la época en la que se produce una determinada innovación y el grupo que se beneficia de ella. El modelo de crecimiento heredado de la Revolución Industrial es la máxima evidencia. Ya nadie duda de que el sistema lineal basado en la hipótesis de la abundancia, la disponibilidad, la facilidad de obtención y la eliminación barata de residuos bajo el que se ha desarrollado nuestra economía ha colapsado. «La osadía de creernos capaces de manipular impunemente la vida y la naturaleza nos ha llevado a activar una guerra silenciosa cuyas consecuencias no somos capaces de imaginar y mucho menos de prever», anticipaba la ambientalista estadounidense Rachel Carson en su Primavera silenciosa.

«El cubo de basura es un invento moderno. La Revolución Industrial nos obligó a tenerlo. En la naturaleza no hay cubos». Gabriel Leal, director general de Signus, iniciaba así su introducción al debate Economía circular: cómo reinventar el siglo XXI, en el que Ethic reunió a distintos expertos de la Administración, el sector privado y la sociedad civil para profundizar sobre uno de los desafíos más ambiciosos, y urgentes, de nuestra época. «El modelo en el que hemos basado nuestro crecimiento en el último siglo no tiene cabida en los próximos años. Y, con “próximos años”, quiero decir “ya”. Se calcula que el 10% de los 7.000 millones de personas que habitamos el planeta es de clase media. En pocas décadas, lo será el 40% de 8.000 millones. Eso supondrá un consumo de materias primas que no existen. El mundo no está cambiando. Ha cambiado. Y el futuro está en peligro», sostiene Leal.

economia circular signus

Javier Cachón: «El modelo lineal es absolutamente antieconómico»

«Cuando hablamos de economía circular, hablamos de medio ambiente, pero también de resultados económicos. Y el modelo de extraer, producir, usar y tirar no solo es insostenible, sino absolutamente antieconómico», coincide Javier Cachón, director general de Biodiversidad y Calidad Ambiental del Ministerio para la Transición Ecológica. «Somos la especie que ha conseguido mayor éxito biológico en términos de ecología evolutiva. Pero las consecuencias están ahí. Para 2035, en Europa solo se podrá llevar al vertedero un 10% de lo que se está llevando ahora. La reducción es absolutamente trascendental».

De seguir al ritmo de consumo actual, harán falta casi tres planetas. «Todos aquellos que hemos vivido con la vajilla heredada de nuestra madre tenemos que saber que, antiguamente, se hacían cosas bien», apunta Jorge Barrero, director de la Fundación Cotec, y se explica: «No podemos asimilar la economía circular como un modelo de gestión del residuo. ¿Qué pasa con la reparación? No puede ser que cueste más arreglar una lavadora que comprarla. Es enloquecedor que nuestro éxito como civilización lo hayamos logrado rompiendo lógicas circulares».

«De media, nos compramos 18 prendas por persona al año, teniendo en cuenta que millones y millones de personas en el mundo no se compran ninguna… Y, a medida que va creciendo la producción, nos ponemos la mitad de veces cada prenda», alerta Gema Gómez, fundadora y directora de la plataforma de moda sostenible Slow Fashion Next. «Vamos fatal en el ODS 12, centrado en la producción y el consumo responsables».

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Gabriel Leal: «Cuando hablamos de economía circular hablamos de gestión del agua, de la pureza del aire, de la energía y de los residuos»

Miguel Ángel Baquedano, director general del Parque Tecnológico Valdemingómez, conoce de primera mano este problema. Al parque llegan, para su tratamiento, todos los residuos urbanos (RU) de Madrid. «Cuando se habla de residuo, tendemos a pensar en abstracciones. La gente no es capaz de extrapolarlo a su cubo de la basura», comenta. «Podemos decir que en la economía lineal también se hacían cosas de forma circular. Llevamos más de 25 años dedicados a la recuperación de materiales. Sin embargo, el reto que tenemos hoy por delante es brutal. Nosotros necesitamos saber qué cantidades es capaz de admitir el mercado. Es necesario acompasarlo. A veces, se pueden recuperar productos que el mercado no es capaz de absorber. También desconocemos cuál es la calidad que tienen que cumplir los brutos que recuperamos. Para ello, tenemos que ir al fabricante. Y, previamente, al diseñador. Y, por último, dedicar nuestros esfuerzos a informar al consumidor, esto es, el ciudadano», explica Baquedano.

«Dentro de la economía circular, se le da mucho valor al reciclaje, pero el reciclaje tiene sus costes ambientales y económicos. Habría que valorar esa mochila o ese abrigo», coincide Irene Díez, directora de la Fundación Ecoalf. «Tenemos que trabajar en el ecodiseño y la durabilidad de la prenda y, sobre todo, sensibilizar y educar al consumidor», añade.

Irene Díez: «Tenemos que trabajar en el ecodiseño y durabilidad de los productos y, sobre todo, sensibilizar y educar al consumidor»

«Necesitamos desarrollar métricas», afirma la investigadora Elena Ruiz, project manager de Forética y experta en economía circular. «No existe un marco de seguimiento de la circularidad. Las empresas necesitan esos datos para saber cuál es su business case, dónde encuentran las oportunidades de negocio, porque están intentando entender los riesgos económicos asociados a los sistemas circulares. La mayoría de ellas están convencidas, pero ahora hay que generar conocimiento», demanda Ruiz. En este sentido, puntualiza Jorge Barrero, «donde más afectará la automatización será en trabajos lineales, relacionados con la extracción».

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«Para que la economía circular se dinamice, tiene que ser un modelo de colaboración público-privada», opina Mariluz Castilla, secretaria técnica del Grupo Español de Crecimiento Verde. «La Administración puede apoyar, por ejemplo, a través de la compra pública verde, que permitiría incentivar comportamientos a través de la fiscalidad ambiental», propone, e insiste en que «no toda la innovación se podrá costear con financiación pública. «Se trata de poner en relación los proyectos de las startups con inversores que buscan nuevas ideas, de atraer inversión privada, con el impulso de medidas fiscales más favorables».

«Cuando hablamos de economía circular hablamos de gestión del agua, de la pureza del aire, de la energía y de los residuos, tanto de su reducción como de su reaprovechamiento», matiza Gabriel Leal. En 1989, los neoyorkinos ya intentaban hacer frente a esos retos, derivados del aumento progresivo de la población urbana y la consecuente multiplicación del transporte de tracción animal. Aunque de una manera algo rudimentaria: acumulando el estiércol en gigantes montañas sobre las aceras. Hoy, las posibilidades tecnológicas abren un abanico ingente de soluciones para encarar la crisis ecológica y social. La Historia nos sitúa en un punto de inflexión que no tiene vuelta atrás. La economía será circular o no será.

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