Cambio Climático

Boicot al planeta: Trump se sale del Acuerdo de París

El presidente estadounidense se sale del mayor consenso contra el cambio climático. Bruselas, India y China ya han anunciado que seguirán con los compromisos adquiridos.

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Luis Meyer
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02
Jun
2017
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Luis Meyer | Ilustración: Javier Muñoz

Donald Trump vive en una burbuja, una suerte de ‘Trumplandia’ en la que ejerce de científico a tiempo parcial. Ha dicho que las vacunas infantiles causan autismo, que fumar no provoca cáncer (esto a través de su vicepresidente, Mike Pence) e, incluso, que los molinos de los parques eólicos, además de «un aspecto asqueroso», son «malos para la salud de la gente».

Pero su barrabasada más grave, la que sí está teniendo consecuencias, es su empecinada negación del cambio climático: el magnate acaba de anunciar su decisión de retirarse del acuerdo climático de París, algo que ya había anticipado un par de días antes con su incontinencia twittera.

Trump se negó a aprobar el acuerdo de cambio climático en la cumbre del G7, el grupo de las naciones democráticas más industrializadas del mundo, el pasado sábado en Taormina, argumentando que necesitaba más tiempo para decidir.

El presidente ya había arremetido contra las teorías sobre el calentamiento global en sus discursos de campaña y amenazó con cancelar el pago de 3.000 millones de dólares comprometidos por la administración Obama para los programas contra el cambio climático de la ONU. Si hay algo que no puede achacarse al magnate, es que no cumpla sus promesas: en el poco tiempo que lleva en la Casa Blanca, incluso las ha llevado más allá: ha nombrado a Scott Pruitt como administrador de la EPA, quien había asegurado antes que no estaba de acuerdo con que el dióxido de carbono «fuera el principal agente que afecta al calentamiento global»; ha paralizado todos los programas climáticos puestos en marcha durante la legislatura de Obama; ha arrasado con el plan de energías limpias, en su afán por proteger los recursos propios de combustibles fósiles; ha reducido la calificación de Parques Nacionales para aumentar los terrenos de explotación; y ya ha firmado decretos para el tendido de nuevos oleoductos a través del país.

El ordenamiento internacional contempla el procedimiento para salirse unilateralmente del Tratado de París para controlar el aumento de la temperatura global de aquí a 2030, que ya han firmado 103 países acuciados, precisamente, por Estados Unidos y China. Este hecho recuerda al fracaso del Protocolo de Kioto, que Estados Unidos, bajo el mandato de George Bush, aprobó pero no llegó a ratificar.

Una encuesta realizada a finales del año pasado por ABC News concluyó que el 63% de los estadounidenses ven el calentamiento global como un «problema serio». Y cinco de cada 10 opinan que el Gobierno debe incrementar sus esfuerzos para combatirlo. No parece que esto le importe mucho al magnate, obsesionado con encastillar a su país tirando de recursos propios. Su programa de campaña contempla la independencia energética de Estados Unidos, como él dice, «liberando los 50 billones de dólares que tiene Estados Unidos en reservas de crudo, gas licuado y carbón». Añade en uno de los puntos que, así, no dependerían del «cartel de los países de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) y otras naciones hostiles» a sus «intereses». Hace una mención soslayada al medio ambiente en el penúltimo punto de su programa energético, en el que propone incentivar el uso de gas natural y «otros recursos americanos para reducir las emisiones» siempre, eso sí, «que eso implique una reducción del precio de la energía y un aumento de la economía». No especifica ni cuánto, ni cuándo ni cómo.

«Quizás la peor parte la sufran los propios americanos», señala a Ethic Teresa Ribera, copresidenta de la Red Española para el Desarrollo Sostenible (REDS). «Todo hacía pensar que Trump paralizaría las iniciativas federales de la administración Obama en materia de transición energética y que facilitará las inversiones e infraestructuras en gas y petróleo. Los ciudadanos de Dakota mantendrán su lucha contra el fracking y en Alaska se reabrirán los debates sobre las exploraciones en alta mar». La experta abre una rendija a la esperanza: «Todo eso son malas noticias, pero la sociedad americana, los alcaldes, los gobernadores -con independencia de su partido de adscripción- tienen una gran capacidad de reacción y cabe pensar que la acción a nivel estatal y local, las decisiones de muchos inversores y las demandas de los ciudadanos se guiarán por el sentido económico y la convicción ciudadana. Tengo serias dudas de que Trump pueda sustraerse en el medio plazo a la presión de todo ello».

Por el momento, no parece que su iniciativa vaya a tener un efecto arrastre en la comunidad internacional, como temían algunos analistas: desde Bruselas, India y China ya han anunciado que seguirán con los compromisos del Acuerdo de París. Lo que está claro es que, en estos momentos, el planeta (y no solo sus habitantes) contiene la respiración ante los movimientos del inopinado presidente de Estados Unidos.

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