El origen del capitalismo
El capitalismo es el sistema económico reinante en el mundo desde hace tres siglos. Tal es su dominio que no alcanzamos a ver otra alternativa para el futuro, pero no siempre fue así. La acumulación de capital como principio rector económico ha sido un proceso acumulativo con aportaciones de Italia, España, Países Bajos, Reino Unido y Francia como actores principales.
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En la francesa ciudad de Champagne, se celebró en 1150 el primer mercado internacional supraeuropeo. En aquella primera experiencia comercial, los comerciantes italianos y flamencos que acudieron a la cita liquidaron sus deudas internacionales. No lo sabían, pero aquellos mercaderes estaban sentando las bases del sistema económico que ha regido el mundo en los tres últimos siglos y que no parece tener rival: el capitalismo.
La Italia de los mercaderes surgió en Florencia, Génova y Venecia. Entre los siglos XII y XIV, las ciudades estado del norte de la península itálica alumbraron una primera versión de instrumentos financieros como la letra de cambio, el crédito bancario, los contratos societarios y sobre todo la contabilidad de doble entrada. En la obra Summa de arithmetica, geometria, proportioni et proportionalità (1494), Luca Pacioli describe la contabilidad de doble entrada, lo que permite por vez primera medir el capital de entrada, calcular su rendimiento y planificar su acumulación. Sobre esta base aritmética se desarrollará el capitalismo financiero actual.
Uno de los grandes impulsores del sistema capitalista fue la reforma protestante, a través de su ética
Suele pensarse, después de Max Weber, que la reforma protestante fue la gran impulsora del sistema capitalista a través de su ética. Pero faltaríamos a la verdad si no tuviéramos en cuenta las grandes aportaciones que desde la católica Escuela de Salamanca se hicieron para contribuir al capitalismo. En palabras del economista austríaco Joseph Schumpeter (Historia del análisis económico), la Escuela de Salamanca es «el grupo que más merece el título de fundador de la ciencia económica». Y no es para menos. Francisco de Vitoria, fundador de la Escuela, fue un gran defensor del comercio y el beneficio que producía como una actividad sin carga moral negativa.
Domingo de Soto escribió De iustitia et iure libri decem, un volumen en el que sistematizó la teoría del contrato y la propiedad privada haciéndolos compatibles con el derecho natural. Pero no se quedó ahí, y sus análisis jurídicos sobre los préstamos con interés y los contratos mercantiles fueron muy innovadores.
Martín de Azpilcueta también fue otro precursor de este sistema económico. Una década antes de que Jean Bodin publicase sus estudios monetarios y dos siglos antes de que David Hume sistematizase la teoría monetaria sobre inflación y precios, el doctor navarro escribió Comentario resolutorio de cambios, donde demostró que la abundancia de la plata llegada de las minas del Potosí era la responsable de la hiperinflación que estaba asolando la economía española. Pero fueron las obras de Tomás de Mercado y de Luis de Molina las que más contribuyeron desde la escuela salmantina a sentar las bases teóricas del capitalismo moderno. El primero desarrolló en su Suma de tratos y contratos una teoría sobre el precio justo basada en la ley de oferta y demanda gracias a sus estudios empírico sobre las ferias de Medina del Campo y el comercio sevillano. Molina, en su extensa obra De iustitia et iure, formuló una teoría del valor subjetivo: el precio se adecúa libremente según el valor de mercado. Pero no se quedó solo ahí, sino que realizó una defensa acérrima de la legitimidad del beneficio empresarial. El camino al capitalismo se iba abriendo poco a poco. Con estos mimbres se entienden las palabras de Fiedrich Hayek, quien afirmó que «fueron notables anticipadores de la economía moderna».
La influencia flamenca y neerlandesa tampoco puede desdeñarse. En el año 1380, la ciudad de Brujas ve nacer el primer mercado financiero del norte de Europa, de donde derivaría el término Bolsa de valores. Un siglo y medio después, Amberes acoge el primer edificio construido exclusivamente para el intercambio de acciones y activos financieros.
En el año 1380, la ciudad de Brujas ve nacer el primer mercado financiero del norte de Europa, de donde derivaría el término Bolsa de valores
Ya en la primera década del siglo XVII, vemos los tres grandes hitos del primer capitalismo: la creación de la East India Company, la primera empresa con acciones de responsabilidad limitada; y la fundación de la Compañía Neerlandesa de Indias, primera corporación que emite acciones públicas negociables con un precio de salida de 6,4 millones de guilders (equivalentes a unos 225 millones de euros actuales). Y así llegamos a 1609 con la creación del primer banco de depósito moderno, el Banco de Ámsterdam, que con la separación de la circulación monetaria y el metal físico supuso una revolución financiera.
En el siglo XVII, en Inglaterra comenzó a generarse la estructura que permitía la transición del capitalismo mercantil en capitalismo agrario. Esto supuso la creación de la primera masa de trabajadores asalariados tras la expulsión de los campesinos de sus tierras comunales (enclousers). Es el nacimiento del proletariado, la masa obrera que sustenta el sistema. Pero también se produjo la aportación teórica más relevante. En la obra Leviathan de Thomas Hobbes se responsabiliza al estado soberano de ser el garante de los contratos y la propiedad privada, estableciendo así el nexo entre orden político (liberal) y económico (liberal), que más adelante profundizará John Locke en Dos tratados de gobierno.
William Petty, considerado el fundador de la economía empírica, introduce el primer intento de cuantificación de la riqueza nacional con datos cuantitativos. En el mismo siglo XVII, los fisiócratas franceses también contribuyeron al alumbramiento capitalista. Jean Bodin profundizó en el papel del Estado como fundamentador del orden económico y Jean-Baptiste Colbert, ministro de Luis XIV, fue el gran artífice del mercantilismo como política de estado mediante la introducción de aranceles y manufacturas reales.
Después de todas estas aportaciones, solo faltaba que Adam Smith, a finales del siglo XVIII, sistematizara de forma científica todo este conocimiento en Una investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones, la biblia sobre la que se fundamenta el capitalismo y que marca el verdadero pistoletazo de salida al sistema que hoy conocemos.
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