Sociedad

Desconectar en vacaciones: una cuestión de salud

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10
Ago
2018

El periodista y poeta Sergio C. Fanjul, escribe una serie de trovas en Pertinaz freelance, su último libro, sobre el azaroso mundo del autónomo. Sabe de lo que habla porque él mismo lleva más de una década publicando en medios de comunicación sin un contrato que lo respalde, que le dé el añorado colchón de la estabilidad. «Cuesta desconectar si cada día que no trabajas es un día que no cobras», dice, y da una definición aplastante de lo que supone en nuestra sociedad la figura del teléfono móvil. «Se vendió como un artefacto que nos liberaría de las cadenas; pero lo que realmente hace es alargarlas».

En un mundo hiperconectado como el que vivimos, desconectar es cada vez más difícil. Por eso se ha llegado a una situación paradójica: desde hace años, los hoteles disponen de Internet como un servicio al huésped; pero cada vez más, surgen los que ofrecen justo lo contrario. Un inhibidor que los aísle definitivamente de la red, y por tanto de esa llamada a trasmano de tu jefe, del correo electrónico de un cliente pidiendo algo urgente, o de un whatspapp de última hora de un colega del curro poniéndote al día de los entresijos oficinescos.

Apagar el móvil es mucho más que un gesto hedonista. Es una cuestión de salud. Como aseguran en la publicación Psychology Today, distanciarse de la rutina diaria beneficia a nuestro funcionamiento cardiovascular, mejora los niveles de presión arterial y la segregación de cortisol (hormona fundamental para la actividad de nuestro organismo). Según un estudio de la doctora Jessica de Bloom, investigadora de psicología de la salud de la Universidad de Radboud, Holanda, la salud y el bienestar de los trabajadores participantes mejoró notablemente durante las vacaciones, y la mayoría de los beneficios comenzaron a diluirse según avanzaba la primera semana en la oficina.

Más de la mitad de los españoles necesita una semana para desconectar

Otra encuesta reciente de la consultora laboral Randstad, revela que más de la mitad de los españoles necesita, como poco, una semana de vacaciones para despejar por completo los efectos del estrés diario. Un 38% eleva a dos semanas el tiempo de desconexión. Ese mismo estudio da una cifra alarmante: casi tres de cada 10 personas que se van de vacaciones no consiguen dejar de pensar en el trabajo, un 15% sigue pendiente de llamadas de la oficina y el 8% sigue conectado a través de internet.

La psicóloga Natalia Pérez Arango afirma en su blog que el factor tiempo no es tan importante como la calidad del mismo. «Una escapada de fin de semana a veces es suficiente para volver a la rutina completamente nuevos». Y advierte: «Si el periodo de vacaciones es demasiado largo, la vuelta tiene mayor impacto y el proceso de adaptación se alarga». La psicóloga e instructora de mindfulness Yolanda Cuevas opina, en esta línea: «Vacaciones es descansar y desconectar. Hay que diferenciar entre hacer turismo y tener vacaciones, porque el turismo, cuando se quieren hacer demasiadas cosas y visitar demasiados sitios, puede ser otra fuente de estrés».

Derecho a olvidarse de tu jefe

Francia es un país pionero en una medida inédita, de la que nuestro país debería tomar nota, a la vista de los datos mostrados. En su última reforma labora de 2017, ha incluido el «derecho a la desconexión». Si bien está poco reglado y lo deja en manos de la negociación de las empresas con sus empleados, su objetivo es que un trabajador «no se sienta culpable por no abrir un correo electrónico de su jefe fuera de su horario laboral». Ese sentimiento de culpabilidad es, precisamente, el lazo grueso que nos sigue atando a nuestro entorno laboral en vacaciones, según Randstadt, «acentuado en los últimos años por la incertidumbre que ha provocado la crisis económica». Para desanudarlo, poner negro sobre blanco nuestro derecho a la desconexión, como ha hecho Francia, es sin duda un avance necesario.

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