Siglo XXI

«Hay que empoderar a las mujeres de los países en vías de desarrollo»

Hablamos con Christian Ewert, director general de Comercio Exterior en Amfori y de la Foreign Trade Asociation, sobre las claves para un comercio justo, que pasa por el respeto de los derechos laborales y el medio ambiente en los países en vías de desarrollo.

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04
Jun
2018
desarrollo

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Amfori es, por tamaño, la principal asociación empresarial global para el comercio abierto y sostenible, y reúne a más de 2.000 minoristas, importadores, marcas y asociaciones de más de 40 países, con organizaciones de todos los tamaños y sectores que engloban una facturación de más de un billón de euros. Ofrecen a los miembros un marco práctico y herramientas para administrar el desempeño social y ambiental de sus cadenas de suministro y anticipar las tendencias futuras, que pasan por el respeto del medio ambiente y de los derechos laborales en los países en vías de desarrollo. Hablamos con Christian Ewert (Múnich, 1962), director general, dentro de Amfori, de la Foreign Trade Asociation (la principal asociación de minoristas, importadores y compañías de marcas que operan a nivel internacional), sobre cuál es la vía para llegar a un mundo en el que prime un comercio justo, esto es: socialmente responsable y comprometido con el medio ambiente.

En este mundo globalizado, las estructuras de las empresas son cada vez más complejas, y para la elaboración y comercialización de un producto, se requieren infinidad de proveedores. ¿Cómo se consigue un modelo transparente en este escenario?

Es muy efectivo llevar una buena estadística. Nuestra plataforma Amfori BSCI proporciona un único punto de partida para toda la información de las cadenas de suministro. Al compartir los resultados de las actividades que monitorizamos, nuestros miembros reducen el esfuerzo, ahorran dinero y aumentan la coherencia para compradores y proveedores. Llegamos a más de 50.000 compañías proveedoras en nuestra organización. Y tenemos un estándar para todas en materia de sostenibilidad. Eso crea menos confusiones en las diferentes fábricas, porque todas se basan en el estándar BSCI.

¿Crees que la tragedia del hundimiento de la fábrica textil Rana Plaza, en Bangladesh, marcó un antes y un después en las condiciones de trabajo de los países en vías de desarrollo?

Fue un hecho terrible, que hizo despertar a la industria textil. En particular a las empresas que compraban a estos proveedores. Pienso que es vergonzoso que una reacción necesite la pérdida de tantas vidas humanas, pero al menos hay una conciencia de que algo así no puede repetirse en ningún caso. En este sentido van los programas que estamos impulsando en Bangladesh, pero también en India y China, que llamamos Women Empowerment.

¿Esta iniciativa parte de que las mujeres fueron las más perjudicadas en Rana Plaza?

Claro, porque son mayoría en las fábricas textiles. Con esta iniciativa empoderamos a las mujeres a través de la educación y la formación. Para que sean capaces de plantar cara a sus jefes cuando ellas vean que, por ejemplo, el edificio en el que trabajan no cumple las mínimas medidas de seguridad. Esto trae dos ventajas: por un lado, son ellas mismas las que detectan un problema, sin tener que esperar a que entren inspectores internacionales. Por otro lado, está demostrado que las mujeres formadas son mucho más productivas cuando intervienen en mejorar las condiciones de su lugar de trabajo. Y unas mejores condiciones laborales les permite estar en mejores condiciones para cuidar de su familia, para educar a sus hijos, que son la siguiente generación. Todo esto redunda en una mano de obra cada vez más cualificada en esos países.

Las negociaciones del TTIP (Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Europa) estuvieron acompañadas de mucha polémica sobre las posibles mermas en las condiciones de trabajo que podían llevar asociadas. ¿Cuál es la postura de Amfori a este respecto?

Estamos a favor de un mercado libre, pero que contemple la sostenibilidad ambiental y la responsabilidad social como principios máximos. Hay tratados, como el de Mercosur, o los asiáticos de China de Indonesia y Filipinas, que suelen traer prosperidad económica, pero ahí es donde entra Amfori: revisamos esos tratados para supervisar si contemplan los aspectos ambientales y sociales, y de derechos humanos. Y ejercemos presión en este sentido.

«El mundo ya ha tomado una dirección: la del Acuerdo de París y los ODS. Por eso, invertir hoy en una empresa sostenible implica menos riesgos»

La última encuesta de Nielsen desveló que casi el 70% de los consumidores prefieren comprar a empresas socialmente responsables, y que cada vez lo tienen más en cuenta a la hora de elegir un producto. ¿Tiene hoy más poder que nunca la sociedad, a la hora de influir en las decisiones de las propias empresas?

El poder, definitivamente, lo tiene el consumidor. Tú, yo, ellos… Las personas, somos quienes decidimos con total libertad qué compramos y qué no. Recientemente, vi una estadística en la prensa de vuestro país, que dice que la compra de vehículos diésel ha bajado un 27% respecto al año pasado. En Alemania un 23%, y en Reino Unido un 33%. Si nos ceñimos a la industria de la moda, ayer el CEO de El Corte Inglés, y el del Grupo Cortefiel, declararon públicamente su compromiso con la sostenibilidad. Ellos directamente, porque ya no es algo que dejan en manos de los departamentos de RSC. Otro ejemplo es el boicot a Nike, cuando se descubrió hace unos años que algunos de sus balones de fútbol se fabricaban con mano de obra infantil. Eso influye en las decisiones de la empresa, que cambie su manera de hacer las cosas desde el origen propio de la fabricación y los proveedores. Los informes de sostenibilidad están más bajo la lupa que nunca antes, y se les exige por eso cada vez mayor transparencia. Esto demuestra el poder del consumidor.

El problema es que muchas marcas de moda, hoy, siguen vendiendo sus líneas ecológicas, o con sello sostenible, a mayor precio.

Efectivamente. Una camiseta de algodón orgánico puede costar el doble que una normal. Pero hay una tendencia a igualarlos. Es un sencillo concepto de economía de escala. Según nuestros estudios, cada vez más gente compra prendas de algodón orgánico. Luego su precio tiende a bajar.

¿Y los inversores, influyen en una industria más transparente?

No solo los índices financieros, sino también las propias leyes, cada vez más, exigen informes de sostenibilidad a las empresas. Y eso es un avance. Se logra gracias a iniciativas de organizaciones como la nuestra, que trabajamos con asociaciones de la industria textil en Alemania, o con el Gobierno de Países Bajos, por ejemplo. Esta es la dirección que se debe tomar. Porque el retorno en los negocios sostenibles tiende a ser mayor cada vez. Y un inversor toma riesgos en los activos que le garantizan más un retorno. Además, el mundo ya ha tomado una dirección, que es la reflejada en los Acuerdos de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por eso, invertir hoy en una empresa sostenible implica menos riesgos.

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