Cultura

‘Dune’, una apología ecológica en clave de ciencia ficción

Hace 53 años, ‘Dune’, una distopía escrita por Frank Herbert, se anticipó a su tiempo para advertir de las consecuencias de un desarrollo salvaje que saqueará los recursos naturales.

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Esther Peñas
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28
Feb
2018

Hace cincuenta y tres años, una distopía escrita por el estadounidense Frank Herbert se convirtió en una obra de culto. Como tantas narraciones, se anticipó a su tiempo, en esta ocasión para advertir de las consecuencias de un desarrollo salvaje que saqueará los recursos naturales. Un saqueo sin mesura. Hablamos de Dune, que se inició como novela y terminó en saga, una historia compleja que combina la política, el poder, la distribución de la riqueza, la ecología y el amor, para tejer un mosaico fieramente humano sobre la ética, desde una perspectiva moderna y progresista.

Herbert (Tacoma, 1920 – Madison, 1986) era un periodista independiente al que el azar le condujo a preparar un reportaje sobre el Departamento de Agricultura norteamericano y el resultado de plantar carrizos (unas plantas gramíneas de tallos largos que se crían cerca del agua) en el desierto de Oregón para detener el avance de las dunas de arena. Fue en mitad de esta investigación cuando Herbert tuvo su particular epifanía literaria y comenzó a escribir Dune, el planeta del desierto.

Leída hoy en día, esta novela de ciencia ficción tiene algo de profética

Luchas por el dominio del agua, un recurso del que apenas se dispone. Racionamiento de su consumo humano, favoreciendo su uso comercial. La extracción desaforada de metales, que ha arrasado países enteros. El ansia especulativa, que gobierna el timón. El clima más que insano, terrorífico, en el que solo los poderosos, los corruptos y los desalmados pueden sobrevivir. Codicia, despilfarro, desigualdad. Dune.

Leída hoy en día, esta novela de ciencia ficción tiene algo de profética. «Un cálido vapor se alzaba del mar. Vio que el Control del Clima había introducido un viento para dispersar el saturado aire. Odrade recordó que allí había una hilera de poblados de pescadores. En su tiempo, los poblados habían sido una nota de color a lo largo de la orilla. Gran parte de su población había sido absorbida por la Dispersión. ¿Cuánto falta para que este lugar muera?».

Gusanos de arena

La historia se sitúa en un futuro casi imposible, con veinte mil años vista en nuestra galaxia, organizada como un vasto imperio de estructura feudal, dividido en señoríos planetarios controlados por familias nobles, conocidas como ‘Las Grandes Casas’ que se agrupan, a su vez, en un gran parlamento o concilio denominado ‘Landsraad’, presidido por el emperador Padishhah Shaddam IV, de la casa Corrino.

El sustento de toda la galaxia es una única fuente natural, la especia melange, que se encuentra en un solo planeta desierto, Arrakis, al que también llaman Dune, que alberga un ecosistema hostil. Hay algunas tribus diseminadas por su geografía que lo habitan. Son los Fremen, que sacrifican el bien más preciado, el agua, para que los inmensos gusanos de arena que controlan el desierto (y para quienes el agua es mortal) puedan completar su ciclo vital y producir dedicándose a la recolección de la melange.

El imperio está en decadencia: la corrupción y los excesos lo han transformado en un lugar inhóspito, áspero, en el que la distribución de la riqueza y el poder es escandalosamente desajustada. Toda la tecnología gira en torno de la recuperación del agua: sofisticada indumentaria que recupera la sustancia perdida por orina o transpiración, complejos sistemas para capturar la humedad del ambiente… Escupir es la máxima señal de respeto, al desperdiciar saliva. Agua.

‘Dune’ describe un lugar en el que la distribución de la riqueza y el poder está desajustada

La Casa Atreides destaca por su nobleza de espíritu, por su proverbial justicia y su respeto al pueblo que gobierna, pero sus principios de generosidad y de ayuda al prójimo no son compartidos. Al contrario, son recibidos por otras Casas como un signo que hace peligrar la concentración de poder y que aventa la libertad de los individuos, algo que contraviene el sistema feudal de la galaxia.

La Casa Harkonnen, gobernada por los despiadados Xavier y Abulurd, dispone de un territorio contaminado por la extracción desaforada de la obsidiana azul. La sobreexplotación industrial a la que fue sometido este feudo ha hecho de él un lugar insalubre y enfermizo, que actúa incluso sobre el alma de sus habitantes.

Algo similar ocurre con la Casa Imperial Corrino, familia distinguida por traiciones, conjuras, ambición y delaciones, cuyo feudo ha quedado asolado medioambientalmente, hasta el punto de que, como la supervivencia de cualquier forma de vida en él es casi inverosímil, sirve de prisión galáctica.

A estas tres se unen otras, como la Casa Vernius, especializada en el desarrollo (a veces ilegal) de la tecnología robótica. La producción la realizan suboides, una casta de trabajadores genéticamente modificados para ser limitados mentalmente, dóciles y tener escasas necesidades.

Además de la eugenesia, los límites éticos del progreso tecnológico (ciborgs incluidos), la especulación por encima de las vidas humanas y la condición de la mujer, el tema central de Dune es cómo el medio ambiente influye de manera decisiva en la distribución de la riqueza y cómo afecta a comportamientos como la generosidad o la acumulación avara. Cuando el tejido económico y social de una sociedad se concentra en una sola fuente, ¿cómo se reparte? Este es el desafío que nos propone Herbert.

Dune, de nuevo en la gran pantalla

La belleza de la historia, su alto compromiso político y, por qué negarlo, el inmenso éxito que resultó ser en cuanto a ventas, hizo que fueran muchos los dispuestos a llevar la historia al cine. De hecho, las ideas principales de Star Wars provienen de Dune.

El más entusiasmado con rodar la historia fue el inclasificable Alejandro Jodorowski, que le propuso el reto al dibujante Moebius. Lástima que la envergadura que pretendían los artistas no encontrara mecenas a la altura: querían a Orson Wells con el papel del pérfido Barón Harkonnen y a Salvador Dalí encarnando al Emperador Shaddam; y encargar la banda sonora a Pink Floyd.

Más modesto fue el proyecto de David Linch, que la estrenó en 1984, con su actor fetiche Kyle MacLachlan acompañado por el cantante Sting y con tema central compuesto por Brian Eno.

A finales de 2017 se anunció una nueva versión de Dune, que dirigirá Denis Villaneuve (Blade Runner 2049).

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