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El primer paso hacia una ley muy necesaria

La UE avanza hacia una economía hipocarbónica, con un 85% menos de emisiones a mediados del siglo XXI. El éxito o fracaso de la Ley de Cambio Climático dependerá de su ambición y consenso.

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06
Sep
2017
climático

Solo 500 millones de personas (de más de 7.000 millones que ya poblamos el planeta) generan cerca del 50% de los gases de efecto invernadero a nivel mundial. El cambio climático es una emergencia ambiental, pero también social, que requiere no solo trabajar desde la demanda (lo que los ciudadanos queremos y pedimos), sino también desde la oferta y la regulación sensata.

Es por ello que ya son muchos los países que, animados por la firma del Acuerdo de París en la COP21 de Naciones Unidas, tienen o están en trámites de tener una ley de cambio climático que ciña los objetivos globales a la escala nacional (incluyendo necesariamente la escala local).

En todo caso, el éxito o fracaso de una futura ley de cambio climático, como la que ahora se está comenzando a debatir en España, pasará inevitablemente por cuestionar el actual modelo energético, renovar los planteamientos de la movilidad a nivel general, potenciar modelos de crecimiento económico bajos en carbono, promover la innovación como palanca de futuro, establecer políticas que integren el reciclaje global de todos los residuos, diseñar programas de mitigación, asumir la necesidad de la adaptación a los ya inevitables impactos climáticos y transitar de «tener» a «compartir», de lo individual a lo colectivo a través de una conciencia de consumo responsable.

Una ley que sea una herramienta efectiva para combatir el cambio climático, según muchos de nosotros creemos, ha de contemplar igualmente aspectos fiscales que motiven las actividades económicas de bajas emisiones y la contratación pública verde e innovadora (aquí las Administraciones Públicas han de ser ejemplos a seguir).

Pero quizás el primer paso para enderezar bien el camino sea comenzar desde una posición de consenso amplio, es decir, contar en el diseño con el máximo número posible de voces, agentes sociales, económicos… El éxito de la norma estará no solo en la ambición de sus contenidos, sino también en cómo se construyeron.

La Unión Europea avanza hacia una economía hipocarbónica, con un 85% menos de emisiones a mediados del siglo XXI, y el compromiso del Acuerdo de París nos obliga a tomar medidas contundentes para frenar el calentamiento global y evitar que la temperatura suba por encima de dos grados. Esto es, lo miremos por donde lo miremos, un cambio de paradigma en toda regla, en el que, por cierto, los principios de la economía circular serán —y son ya— las principales señales en el camino. Esta nueva ley ha de picar alto, porque el reto es muy elevado.

Óscar Martín es CEO de Ecoembes.

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