Innovación

Amazon: ¿amenaza o salvación del pequeño comercio?

La economía basada en la era digital está cambiando el paradigma a marchas forzadas. Para algunos comerciantes de proximidad Amazon es una gran oportunidad; otros, lo ven como su final.

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Luis Meyer
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07
Abr
2017
amazon, venta online, pequeño comercio, economía colaborativa, economía digital

«Libro: Dinamización del punto de venta en el pequeño comercio. Tapa blanda. 14,25 euros. Entrega, en 24 horas». A primera vista, esta oferta no tiene nada de extraño. Pero si tenemos en cuenta que está publicada en Amazon, y nos fijamos en el título, asoma la ironía: una guía para dinamizar el comercio de cercanía se vende en la plataforma digital que hace, precisamente, todo lo contrario: alejarlo.

O al menos, eso empiezan a clamar cada vez más voces y asociaciones del pequeño comercio, el de barrio, el tradicional: el de toda la vida. La economía basada en la era digital está cambiando el paradigma a marchas forzadas. Plataformas colaborativas como Airbnb o Uber han dado un vuelco al sector de los pisos turísticos y el del taxi en todo el mundo, y el llamado e-commerce, o venta por internet, está a punto de hacerlo con las tiendas. Un ejemplo meridiano: el pequeño comercio se remonta a más de 4.000 años atrás, con el auge del pueblo fenicio y sus asentamientos en el norte de África para vender directamente sus mercancías. Amazon se fundó hace dos décadas y está a punto de arrasar con este modelo.

O al menos, eso dicen organizaciones como Pimec Comerç, en Cataluña: «Amazon es una amenaza real para el sector comercial», declaró hace unos meses su presidente. Su alerta estaba fundada: la plataforma acaba de estrenar su servicio Prime Now en Barcelona y Madrid, por el que el gigante de la venta ‘online’ se convierte también en un operador de proximidad. Basta pedir por una aplicación de móvil cualquier cosa que a uno se le pase por la cabeza, y la tendrá en casa en una pocas horas.

La escuela de distribución Escodi ha reaccionado y ha organizado un curso para preparar a los pequeños tenderos frente a la que se avecina, y que puedan adaptarse El comercio local, abrumado por la omnipresencia de la firma estadounidense, intenta reaccionar. «Es irreal pensar que hoy se puede sobrevivir sin estar en Internet, pero hay que buscar el término medio entre un comercio de barrio y una plataforma como Amazon», dicen sus responsables. La plataforma estadounidense va a construir otro centro logístico en El Prat de grandes dimensiones, noticia que ha agitado a los comerciantes de la región. Desde la Generalitat no lo ven como una amenaza, sino como una oportunidad: por eso han organizado jornadas para profesionales del sector en las que interviene un representante de Amazon y explicarles el nuevo y supuesto horizonte de posibilidades que supone su presencia. Dicho de otro modo: el pequeño comercio está obligado a digitalizarse, y el ritmo, el menos en Madrid y Barcelona, empieza a marcarlo Amazon.

Un avance imparable

La compañía que fundara Jeff Bezos hace 20 años como plataforma de venta de libros ha expandido su actividad de forma exponencial en este tiempo, y metido sus tentáculos en casi cualquier sector que a uno se le pase por la cabeza. Vende casi cualquier producto imaginables, físico o digital, y tiene una plataforma de contenidos audiovisuales con series de producción propia, con la que pretenden plantar cara a Netflix y HBO. En su camino inexorable para batir a Alibaba, hoy por hoy la mayor plataforma de comercio por Internet (por el sencillo hecho de que China es su mercado principal), extiende tanto su capacidad como sus productos y servicios.

Según desveló Bloomberg, el último plan de la compañía se llama Dragon Boat, por el que quiere convertirse definitivamente en una plataforma de transporte y de logística a nivel mundial, y cargarse a los intermediarios de un plumazo. En otras palabras: tomar el control absoluto de cada producto que vende. De esta manera, ya no sería solo un distribuidor final, sino que gestionaría su salida de la fábrica y todo el proceso intermedio hasta su llegada al manos del comprador.

Amazon maneja la economía de escala porque es un negocio de escala monumental, casi inabarcable. Hasta septiembre pasado, su beneficio alcanzó los 1.488 millones de euros, el triple que 2015. Las ventas totales ascienden ya a 84.637 millones. Solo en España, el gigante acaba de reformar un centro logístico en Castellbisbal (Barcelona) y ha duplicado la superficie de su nave de San Fernando de Henares en Madrid, de 32.000 metros cuadrados a 77.000.

¿Aliarse con el enemigo?

Las grandes superficies de distribución también son las principales amenazadas, por eso algunas han optado por acercarse a Amazon. La cadena de supermercados Dia acaba de aliarse con la plataforma para vender productos frescos. Esto puede ser el pistoletazo de salida y, según informa Pimec Comerç, ha generado aún más preocupación en el pequeño comerciante. Hasta hace poco, su amenaza eran las grandes franquicias y centros comerciales y las cadenas de tiendas que implantaban las multinacionales en casi cualquier rincón de la ciudad. Luego llegó Amazon. Y ahora, parece que las dos amenazas unen fuerzas.

Aún no hay estudios fiables que demuestren con cifras el impacto sobre las tiendas de proximidad de la actividad de Amazon. Pero las asociaciones de pequeños comerciantes ya han denunciado que, incluso añadiéndose a la plataforma online, los márgenes se reducen hasta un punto en que puede dejar de compensar. Amazon cobra una comisión del 15% del precio de venta al público, otra por la pasarela de cobro, por envío y por publicidad. El presidente de una asociación de pequeños comerciantes textiles de la zona de Levante, que prefiere no dar su nombre, declara: «No es que estemos anclados en el pasado. Casi todos tenemos ya una plataforma de venta por Internet, y eso es bueno porque nos amplía mercados. El problema es que llegue un gigante como Amazon y lo fagocite todo imponiendo sus condiciones. Una pequeña tienda no tiene apenas márgenes para asumirlas. Esa falta de flexibilidad es la verdadera amenaza que puede acabar con el comercio de proximidad».

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