Derechos Humanos

Buques españoles contra los derechos humanos

La empresa española Navantia está a punto de cerrar un contrato para la venta de cinco corbetas a Arabia Saudí, a pesar del riesgo claro de que se puedan usar como arma de guerra.

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Luis Meyer
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13
Ene
2017

Cerca de medio millón de niños en Yemen padecen cuadros severos de desnutrición, por la que la mitad de los menores de cinco años sufren retrasos en el crecimiento. Un millón y medio pasan hambre todos los días. Estas cifras alarmantes, dadas por Unicef, desgraciadamente no desentonan en uno de los países más pobres de Oriente Medio. El problema es que en 2016 se agudizó severamente la escasez de alimentos. Y esto no se debe a las precaria economía yemení, sino a los devastadores ataques militares de Arabia Saudí y al férreo bloqueo naval que impide la entrada de ayudas humanitarias.

Los dos países vivían en paz desde que firmaran en el año 2000 la delimitación de sus fronteras, pero hace dos años, una situación sediciosa que empezó como un conflicto interno volvió a revolver las aguas: los rebeldes hutíes, musulmanes chiitas que desde hace tiempo se han sentido marginados por la mayoría sunita, se alzaron y ganaron territorios en Yemen hasta tomar la capital, Saná, donde obligaron al presidente sunita Abu Rabu Mansour Hadi y a su gabinete a dimitir. Los rebeldes son aliados de Irán, rival de Arabia Saudita en el Golfo Pérsico por una pugna alimentada con la invasión de Irak y la Primavera Árabe sobre el control geopolítico de la región. Muchos lo denominan la «guerra fría de Oriente Medio» porque no hay un conflicto militar directo entre ambos, pero eso no les impide enfrentarse soterradamente en otros países más débiles para aumentar su hegemonía en la región. Esto es exactamente lo que está pasando en Yemen ahora mismo: bombardeos periódicos sin discriminar a la población civil, miles de muertos en los dos últimos años, y un bloqueo marítimo que está provocando la desnutrición de millones de niños.

«A eso de la 1 de la madrugada me desperté porque la casa temblaba a causa de un bombardeo lejano. Uno o dos minutos después, me encontraba sepultado entre los escombros de mi vivienda, gritando por el dolor que sentía  y oyendo cómo mi padre pedía auxilio bajo los cascotes. Los demás quedaron enterrados mientras dormían». Es la declaración de una víctima recogida por Amnistía Internacional, que ahora usa como estandarte de una campaña para evitar que occidente venda armas al Gobierno del rey saudí Salmán, que no solo está masacrando a su vecino en lo que ya muchos califican de genocidio, sino que incumple también entre la población los estándares mínimos de derechos fundamentales: solo el año pasado, por ejemplo, ejecutó a 150 condenados, la mayoría delincuentes comunes, que no tuvieron acceso a una defensa jurídica con garantías.

La ONG centra su campaña en nuestro país: «La empresa española Navantia está a punto de cerrar un contrato para la venta de cinco corbetas a Arabia Saudí, a pesar del riesgo claro de que se puedan usar para cometer violaciones graves del derecho internacional», alertan desde la organización. «Y los ataques indiscriminados de la coalición saudí contra escuelas, hospitales y población civil también tienen un nombre: crímenes de guerra».

El rey Felipe VI ha viajado a Riad para reunirse con su homólogo saudí. El motivo es sellar el proyecto de un AVE entre Medina y La Meca, pero también la venta de los buques de guerra, una operación de 2.000 millones de euros. A nuestro monarca lo acompañan los ministros de Exteriores, Alfonso Dastis, y de Fomento, Íñigo de la Serna, así como el vicepresidente de la CEOE, Joaquím Gay de Montellà, y el director de Relaciones Internacionales de la patronal, Narciso Casado. Todos ellos parecen haber olvidado que, según el Tratado sobre el Comercio de Armas en el que figura también la firma española, está prohibida la venta de armas para cometer atrocidades. «Existe un claro riesgo de que pudieran ser usadas para cometer violaciones graves del derecho internacional humanitario, como el bloqueo naval saudí de Yemen o los ataques indiscriminados de la coalición, ataques cuyas víctimas son la población civil», dicen desde Amnistía Internacional. Pero contagiarse del poderío económico de Arabia Saudí es demasiado tentador para occidente, cuyos países, entre ellos el nuestro, aún no han hecho un comunicado oficial condenando la sevicia y el incumplimiento de innumerables tratados internacionales en los ataques a la sociedad yemení.

Por el momento, lo único que está en nuestras manos ante tan sonrojante pasividad es firmar en la página web de Amnistía Internacional para que nuestro Gobierno no nos haga cómplices.

Conoce la situación en Yemen.

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