Innovación

La Bolsa Social: esto no es Wall Street

La Bolsa Social es una plataforma de equity crowdfunding para inversores y empresas con impacto social. Es la primera plataforma de finanzas participativas autorizada por la CNMV.

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04
Mar
2016
José Moncada Durruti, CEO de la Bolsa Social | Foto: Carl de Keyser, Prix Pictet©

En octubre de 2015 se presentó una propuesta novedosa: unir la fuerza del crowdfunding con el capital de inversores preocupados por las repercusiones sociales y medioambientales de sus decisiones. El objetivo: financiar empresas que sintonizaran con los valores de sus financiadores. No han pasado muchos meses desde entonces, pero en este recorrido nos hemos encontrado con mucha gente sorprendida de que rentabilidad y ética aparecieran en una misma frase.

La Bolsa Social ha canalizado ya medio millón de euros procedentes de 134 inversores, para financiar dos empresas, a través de sendas campañas de equity crowdfunding: Nostoc Biotech y utopic_US. Aunque los hechos son la mejor explicación, no está de más interpretarlos con palabras. Por eso, hemos resumido en seis claves por qué es necesaria la existencia de la Bolsa Social y de otras iniciativas similares.

Cambio de mentalidad

Desde el estallido de la crisis de 2008, cada vez más gente se preocupa por el uso que hace de su dinero el sector financiero. Prueba de ello es la irrupción de la banca ética en el mercado, como es el caso de Triodos Bank o Fiare. No se trata solo de un castigo a la banca tradicional sino de una manera que tiene el ciudadano de recuperar el control del impacto social de sus ahorros. Es, en definitiva, una forma de empoderamiento del inversor. Como muestra de esta creciente preocupación, se calcula que en el mundo se mueven anualmente 60.000 millones de dólares en el ámbito de la inversión de impacto, según un estudio del GIIN y JP Morgan. Y la cifra crece.

Por otro lado, el emprendedor busca proponer soluciones a los problemas que le afectan como ciudadano. Cada vez más, las nuevas empresas incorporan criterios éticos a su misión, como parte de su ADN corporativo y no como una mera estrategia de marketing.

Marco tecnológico completamente distinto

Las redes sociales, los teléfonos móviles, la construcción de comunidades a través de Internet… la disrupción digital ha facilitado que empresas e inversores mantengan relaciones más horizontales y equilibradas, basadas en una mayor colaboración, menor intermediación y una creciente inmediatez. En este contexto, democratizar las finanzas a base de 3G y WiFi, por vías más alternativas y participativas, más que una propuesta es una realidad ineludible. Es lo que se conoce como empresas FinTech, finanzas tecnológicas. Según la radiografía de los creadores de la app Mooverang, en España había 84 compañías de este joven sector en 2014 y, en conjunto, levantaron 93 millones de capital riesgo.

Una reforma desde abajo

Al tiempo que el 1% más rico ya posee más que el 99% restante de la población (según Oxfam), los grandes escándalos corporativos se multiplican. Ante este panorama, el ciudadano medio tiene cada vez más claro que para invertir estas tendencias es necesario tomar la iniciativa, comenzando a andamiar el nuevo sistema desde dentro y desde abajo.

La reciente Cumbre del Clima en París, ha puesto de manifiesto este hecho también en la dimensión medioambiental. Dejar solo en manos de las grandes multinacionales y los gobiernos la solución a los 4 grados extra con los que podemos acabar el siglo no es una elección posible. Además de la presión de la sociedad civil, es urgente la innovación desde la base.  Y, como toda innovación, esto precisa recursos financieros.

Pilar para la creación de comunidades

El emprendimiento social no es una misión para jugadores solitarios. Es necesaria la creación de comunidades que hagan grandes a los pequeños, que economicen recursos, que compartan conocimiento, que amplíen el alcance de las acciones de las startups… Gracias al esfuerzo conjunto del ecosistema emprendedor (aceleradoras, incubadoras, fundaciones…), los puentes cada vez son más sólidos.

En el proceso de búsqueda de financiación, como puede ser el equity crowdfunding, se multiplica aún más la capacidad de conexión del emprendedor: aumenta la visibilidad de la marca, se expande la red de clientes potenciales, se reúne a más implicados en torno a un interés común o se genera exposición en medios de comunicación, entre otros muchos beneficios.

Financiación para las ideas de impacto

Una solución innovadora para mejorar la sociedad no funciona por sí sola; los idealismos necesitan patas. Llega un momento de toda empresa en el que es necesario capital para ejecutar sus planes de crecimiento. Es entonces cuando se hace necesario presentar un plan de negocio realista, basado en un modelo probado; pero también financiadores que crean en el proyecto y en su impacto.

Para ello, es necesario desarrollar un idioma común a inversores y empresarios: la creación de ‘plazas de mercados’ donde inversores y emprendedores sociales tengan que entenderse.

Necesidad de rigor normativo

Debido a su naturaleza y a sus valores, el sector de la inversión de impacto social precisa generar y mantener confianza. Los inversores necesitan operar en un marco adecuado y profesional. Por eso se requiere la implicación de actores que aporten conocimiento y rigor (como es el caso de Analistas Financieros Internacionales, Triodos Bank o Gómez-Acebo & Pombo en el caso la Bolsa Social). En este sentido, resulta muy favorable la existencia de un marco jurídico que proporcione seguridad a las inversiones. La reciente regulación de la ley de Fomento de la Financiación Empresarial obliga a las compañías de equity crowdfunding y crowdlending a someterse a la supervisión de la CNMV.

Puedes encontrar más información en la web de la Bolsa Social

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