Cambio Climático

La cruzada del papa Francisco

El papa Francisco publica su Encíclica ‘Laudato si’, un análisis demoledor sobre el cambio climático y sus efectos sobre las comunidades más empobrecidas.

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11
Jun
2015
Laura Zamarriego

«Dios perdona siempre, los hombres a veces, pero la naturaleza nunca», le dijo el papa Francisco al presidente francés, François Hollande, durante un encuentro privado que ambos mantuvieron hace más de un año en el Vaticano.

El Papa no ha ocultado nunca su preocupación por el cambio climático, pero ahora recrudece su batalla. En una Carta Encíclica de 191 páginas, Laudato si (Alabado Seas), en la que lleva trabajando desde 2013, traza un análisis demoledor sobre los gobiernos y grandes empresas de los países más poderosos del mundo, por su contribución al cambio climático y a la pobreza. Francisco censura el «uso desproporcionado de los recursos naturales».

La Encíclica es una crítica feroz a nuestro estilo de vida, un grito sobre el papel para que la «madre Tierra» no se siga convirtiendo en «un inmenso depósito de porquería». Según las anticipaciones del documento hechas por la prensa italiana, el papa argentino condena con palabras firmes el consumismo y el capitalismo salvaje como los responsables del uso insensato de los recursos y de la degradación del planeta.

En su primer capítulo, bajo el epígrafe Lo que está pasando en nuestra casa, el pontífice aborda las drásticas consecuencias de la contaminación, la mala gestión del agua, la pérdida de la biodiversidad, la gran desigualdad entre regiones ricas, así como la falta de respuestas políticas ante la catástrofe ecológica.

Críticas

Para algunos, exponer la verdad es –diría George Orwell- un acto revolucionario. Sacar a relucir los efectos perversos de la cultura del derroche no ha sentado bien, entre otros, a Jeb Bush, exgobernador de Florida y posible candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano, quien ha puesto distancias con Francisco en su intervención en un acto de New Hampshire: «No dejaré que dicten mi política económica ni mis obispos, ni mis cardenales ni mi Papa». Aunque Bush se convirtiera al catolicismo hace 25 años, la nueva encíclica se le ha atragantado.

El político norteamericano pertenece a la corriente negacionista del cambio climático como resultado de la acción humana, aunque en este punto coincidan el 97% de los científicos. «Es una arrogancia sostener que con relación a los cambios climáticos exista una ciencia exacta», ha declarado. A la espera del texto oficial de la encíclica, afirmó que la religión «debería ocuparse de hacer mejores a las personas y menos de cuestiones que tienen que ver con aspectos políticos».

¿Una Iglesia «verde»?

Si bien el papa Francisco sienta precedente al ser el primer pontífice de la historia en dedicar una Encíclica entera a cuestiones ambientales, no es el único que, durante los últimos 50 años, ha abordado el cambio climático en sus escritos oficiales.

«El hombre, impulsado por el deseo de tener y gozar, más que de ser y de crecer, consume de manera excesiva y desordenada los recursos de la Tierra y su misma vida», escribió Juan Pablo II en su Carta Encíclica Centesimus Annus (1991).

Otros han entrado en el terreno de la lucha ecologista: «La aparición del movimiento ecologista en la política alemana a partir de los años setenta, aunque quizás no haya abierto las ventanas, ha sido y es sin embargo un grito que anhela aire fresco, un grito que no se puede ignorar», sentenció Benedicto XVI en una visita a Alemania en 2011, al que algunos medios bautizaron como el «primer papa verde» tras la instalación de placas solares en el Vaticano. En 2009, Ratzinger apelaba en Caritas in Veritate a un correcto empleo de las técnicas de producción agrícola, respetuosas con el entorno y con las poblaciones más empobrecidas.

2015: año clave

La Encíclica del Papa coincide con un momento clave para el medio ambiente. En septiembre, Naciones Unidas deberá concretar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que marcarán la agenda internacional en los próximos 15 años. Y en diciembre se celebrará la Cumbre Mundial del Clima de París, en la que los países tendrán que sentarse a la mesa y llegar a un acuerdo internacional para recortar las emisiones causantes del calentamiento global, derivadas del uso de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural. El papa Francisco ha manifestado su afán de que la Encíclica «pueda aportar algo» durante la Cumbre.

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