Derechos Humanos

La guerra en Siria deja 10 millones de desplazados

Comienza el quinto año de la crisis en Siria, y ya son diez millones las personas desplazadas como consecuencia de un conflicto bélico que no hace sino recrudecerse.

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13
Mar
2015
Laura Zamarriego | Foto: © Unicef Romenzi

Fatouma Al Hussein huyó junto a su hija de la guerra de Siria hacia Líbano, en busca de un lugar donde vivir libre de violencia. Pero Fatouma es sólo una de los diez millones de personas desplazadas sirias como consecuencia de un conflicto bélico que comienza ya su quinto año y que, según coinciden las organizaciones que trabajan en el terreno, no hace sino recrudecerse.

«El escenario de los desplazados es un lugar descontextualizado”, asegura el cineasta David Muñoz, quien acaba de presentar en Madrid su cortometraje El juego del escondite, con Fatouma como protagonista. “La situación de desplazamiento es muy compleja y emocionalmente es tremenda. Fatouma no tiene ni idea de dónde está su marido, y tiene que desenvolverse ella sola al cuidado de cinco niños”, cuenta Muñoz.

Los más de 5,6 millones de niños que permanecen aún en Siria son quienes se encuentran en situación más desesperada, alertan desde Unicef. Aproximadamente dos millones de menores viven en regiones del país a las que resulta imposible llegar para prestarles ayuda humanitaria, especialmente a causa de los combates. Los efectos son demoledores: unos 2,6 millones de niños sirios continúan sin asistir a clase.

A través del lenguaje cinematográfico y la superposición de realidad y ficción, El juego del escondite busca visibilizar la situación de los refugiados desde la intimidad y las necesidades de todo ser humano. “Mis películas trabajan en la difusa frontera entre realidad y ficción, porque creo que entre realidad y ficción no existe distinción: la ficción es una verdad fabricada y, así, las personas creamos nuestra propia narrativa”, explica Muñoz. Al llegar al campamento de refugiados de Líbano donde se rodó su cortometraje, el cineasta se sintió “como un extraterrestre; un extraño que filmaba a otros extraños en un lugar que también era extraño”.

«La idea del escondite surge porque al leer artículos de periódico, veía cómo los niños allí están perdiendo su infancia”. Así, Muñoz trasladó un juego infaltil a “ese lugar inhóspito y absurdo”, donde los más pequeños no conocen otra realidad que esta crisis. «En el caso de los adolescentes que inician la etapa formativa de sus vidas, la violencia y el sufrimiento no sólo han marcado a fuego su pasado sino que han comenzado a definir su futuro”, afirma Anthony Lake, director ejecutivo de Unicef. “Al comenzar el quinto año de crisis, persiste el peligro de que esta generación de jóvenes se pierda en un ciclo de violencia y repita en la generación siguiente lo que ha sufrido y continúa sufriendo”.

Según Naciones Unidas, cerca de dos millones de niños sirios se encuentran refugiados en Líbano, Turquía y Jordania, los países que más personas reciben. El total de personas refugiadas representa el 26% de la población de Líbano. Mientras, el resto del mundo solo acoge al 2%. Paula San Pedro, de Oxfam Intermón, declara que “debido a la crisis Siria, este año se ha registrado el mayor número de desplazados y refugiados en el mundo desde la II Guerra Mundial”. Desde la guerra de los Balcanes y el genocidio de Ruanda, en 1994, no se había producido tal flujo de refugiados en el mundo.

En los asentamientos informales -según el argot de la cooperación internacional- que se dispersan por los países limítrofes, los recursos son deficitarios; ni siquiera hay electricidad las 24 horas del día. “La solidaridad se está resistiendo, está dando muestras de agotamiento”, advierte Manuel Sánchez-Montero, jefe de Acción Humanitaria de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Los refugiados pagan un alquiler, pero los que llegaron con ahorros ya no los tienen. «Además –advierte- no pueden trabajar legalmente, por eso hacen labores en el campo o como obreros y a expensas de que alguien les quiera ayudar. Los problemas de seguridad alimentaria, de saneamiento y de acceso al agua son acuciantes».

Mientras tanto, la crisis en Irak, que se vincula de manera cada vez más estrecha con la de Siria, ha obligado a más de 2,8 millones de niños a abandonar sus hogares y ha dejado a muchos otros atrapados en zonas controladas por grupos armados.

Sánchez-Montero hace hincapié en que «debe combatirse el riesgo de fatiga y de olvido, y también de rechazo. El olvido más peligroso es el de la comunidad internacional, y esto puede ir a peor. Para ello hace falta coordinación y voluntad política«.

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