Derechos Humanos

El artífice de una solución de vida en África para 35.000 personas

El misionero Ángel Olaran ha convertido un desierto en un lugar habitable, una ciudad con estructuras de apoyo social, colegios, hospitales, zonas de cultivo y centros de formación bajo un esquema democrático.

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Lula Gómez
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14
Feb
2014
Por Lula Gómez

El misionero Ángel Olaran ha convertido un desierto en un lugar habitable, una ciudad con estructuras de apoyo social, colegios, hospitales, zonas de cultivo y centros de formación bajo un esquema democrático que realza la fuerza de la comunidad.

Por lo que cuentan los que le conocen, el vasco Ángel Olaran (Hernani, Guipúzcoa) de 74 años, el misionario podría ser el nuevo Vicente Ferrer, un hombre íntegro convertido en promotor de un gran cambio en uno de los lugares más pobres del planeta. Su discurso es claro y se enfrenta a todo aquel que no hable de humanidad, Iglesia incluida, si hace falta: “El derecho a comer no se puede negociar. El Primer Mundo está estrujándonos. No hay principios y el sistema global que se ha impuesto es uno en el que manda el dinero, que sólo pide dinero. Y éste no tiene moral ni ética”, señala en unas declaraciones grabadas en vídeo desde África. Así se iniciaba ayer el acto de presentación del libro sobre su trabajo, ¿Qué podemos hacer? Le apadrinaban el magistrado y juez Baltasar Garzón y el seleccionador nacional Vicente del Bosque.

Las ocho o nueve guerras que vivimos aquí [Wukro, norte de Etiopía] están todas organizadas por el capital. Y no hay voluntad para acabarlas porque a la sociedad civil se le ha impuesto la económica”, afirmaba desde la distancia el religioso. El libro retrata cómo su obra ha transformado una zona desértica en un lugar habitable, verde, con agua y estructuras sociales para una población de 35.000 personas castigada por las guerras, el hambre, el sida y la muerte.

Olaran ha sabido organizar a la gente para que se defiendan a sí mismos

Para el abogado Baltasar Garzón, que conoce personalmente al misionero y su trabajo en África, Olaran “es uno de los héroes anónimos que tienen ya en vida la categoría de santos”. De él destacó su energía e imaginación para resolver problemas.

De hecho, una de las cosas que más valora la comunidad donde trabaja el español es la forma democrática y participativa cómo se resuelven la sanidad, educación y formación de los habitantes de Wukro, el lugar donde se estableció el religioso. “La democracia tal como funciona en Wukro es bastante más real que la española. Hay una sociedad civil (las asociaciones de campesinos, de comerciantes, de mujeres…) con un calendario de reuniones para escuchar y pedir cuentas a las autoridades políticas de sus proyectos, de sus acciones, pueden cesarlo si no cumplen lo prometido…”, destaca el vasco.

Una cooperación desde África

Parte del éxito de las iniciativas emprendidas por Olaran se basan en “que ha sabido organizar a la gente para que se defiendan a sí mismos”, subraya Josep Jaumà, autor del libro. Así, en vez de construir un orfanato para atender a los cientos de niños sin familia, el padre optó por pagar a los habitantes de Wukro por acogerles. De esa forma, aportaba un dinero a quiénes no lo tenían y daba calidez y apoyo a los niños y niñas sin padres. Cuando esa solución no era viable, puesto que obligaba a separar a hermanos, la opción fue crear casas (de una habitación, como son todas las de la zona) regentadas por el mayor de los hermanos, que se hacía cargo de los mas pequeños, acompañados por unas mujeres que les visitan a diario para ver si hacen sus deberes, comen, la casa está limpia y van al colegio. Tanto a los niños como a las mujeres se les ofrecía un dinero por su trabajo.

La escuela (más allá de secundaria) se instauró como “universidad de agricultura”. Allí aprenden hombres y mujeres –lo cual ya es otra novedad- a sacar provecho de donde no hay nada. Porque en la más extrema aridez de Etiopía ahora fluye el agua gracias a la construcción de pozos y diques.

La Misión también ofrece microcréditos (5.000 birrs, unos 200 euros), unos préstamos que los ciudadanos deben devolver mes a mes sin intereses. Gracias a ellos, lo que fue un día un campo de refugiados es hoy un lugar con pequeñas tiendas, puestos de venta, gallineros y negocios montados por mujeres como casas de costura.

Los fondos obtenidos por el libro se destinarán íntegramente a la misión. ¿Qué podemos hacer? está editado por la Fundación Centre d’ Iniciatives Solidàries.  Está escrito por Josep Jaumà y cuenta con fotografías de Joan Tomás. La Fundación Fibgar ha donado a la misión ordenadores portátiles y ordenadores con impresora y fotocopiadora. También instalará bancos y mamparas de estaño que sirvan para crear lugares de sombra.

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