Jaque a la obesidad infantil

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El 80% de los padres cree que sus hijos tienen un peso normal, cuando la realidad es que solo en el 62% de los casos es así

La iniciativa Nutriplato busca mejorar los hábitos alimentarios mediante un programa de educación dirigido a los padres

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El número de niños y adolescentes con obesidad en el mundo se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años. O, lo que es lo mismo, mientras que en 1975 (primer año del que hay datos) las niñas con este problema solo suponían cinco millones del total, en 2016 la cifra subió hasta alcanzar los 50 millones. En el caso de los niños, en ese mismo periodo de tiempo, la tónica es idéntica y la cifra pasó de 6 a 74 millones. Así lo pone de manifiesto un estudio elaborado por el Imperial College de Londres en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y publicado en la revista The Lancet. Se trata de la investigación más exhaustiva sobre el tema realizada hasta la fecha, con una muestra de 130 millones de personas mayores de cinco años procedentes de 200 países distintos.

«Si no te comes todo, no habrá postre». «Mejor estar lleno que pasar hambre». «Tienes que dejar el plato limpio». A todos nos suenan estas instrucciones. En efecto, en el mundo occidental, muchos adultos sobrealimentan a sus hijos, bajo el temor a que no coman lo suficiente. Este fenómeno, unido a otros factores como el aumento del sedentarismo, la influencia de las cadenas de comida rápida o, incluso, la genética, abren paso a una realidad aún no del todo conocida.

Cardiopatías, accidentes cardiovasculares, diabetes, trastornos del aparato locomotor como la artrosis y el cáncer de endometrio, mama y colon son algunas de las consecuencias más graves del sobrepeso y de la obesidad infantil que a menudo no se manifiestan hasta la edad adulta, enmascarando, por tanto, la relación de causalidad. Así lo explica la OMS en su proyecto Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud. Y reitera: «Los niños con sobrepeso u obesos tienen mayores probabilidades de seguir siendo obesos en la edad adulta y de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles». Un reciente estudio de la Universidad McGill de Montreal concluye, por su parte, que la obesidad reduce la expectativa de vida de quien la padece en hasta casi diez años. El pronóstico basta para entender las voces de alarma.

España, por encima de la media

A pesar de ser una de las cunas de la dieta mediterránea, España presenta unas tasas de obesidad y sobrepeso infantil alarmantes, y por encima de la media europea. El último Estudio Aladino concluye que el 19% de los niños de entre seis y nueve años tiene obesidad y el 23% sobrepeso. Es cierto que son ligeramente menores que los datos del estudio del año 2010, en los que se hablaba de un 18,3% y un 26%, respectivamente. Un descenso que no debe eclipsar la gravedad del problema.

A partir de los siete años, la tendencia al exceso de peso aumenta considerablemente hasta alcanzar al 34% de la población, de acuerdo con el IV Observatorio Nestlé sobre Hábitos Nutricionales y Estilos de Vida de las Familias, cuyos resultados se han obtenido a través de 1.078 entrevistas a familias con hijos de entre tres y doce años. «A partir de esa edad, aumenta el grado de autonomía de los hijos y comienzan a desmarcarse de los padres, por lo que se deterioran sus hábitos. Por ejemplo, muchos niños poseen cierta capacidad adquisitiva para comprar chucherías o pasan demasiado tiempo delante de la televisión y manejando dispositivos electrónicos», explica el psiquiatra Rafael Casas, experto en promoción de hábitos de salud y en obesidad infantil y asesor del cuestionario en base al cual se ha realizado el estudio. Además, puntualiza que «en muchos casos, son los niños quienes mandan en su alimentación y eligen lo que desean para comer, probablemente platos muy calóricos en lugar de recetas saludables».

Mientras que, hasta los seis años, nueve de cada diez progenitores aseguran que sus hijos realizan las cinco comidas recomendadas, a partir de los siete reconocen que empiezan a sacrificar las tomas intermedias hasta desembocar en la realidad de que solo el 37% de los padres con hijos de entre diez y doce años les proporcionan algo de comer a media mañana todos los días.

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¿Sabemos qué es «comer bien»?

La obesidad y el sobrepeso infantil vienen con un hándicap adicional: los niños dependen directamente de sus padres y de la alimentación que estos les faciliten. Tanto, el Estudio Aladino como el Observatorio Nestlé evidencian que los padres, en un gran número de casos, no son conscientes de que sus hijos pesan más de lo recomendable. El 80% cree que sus hijos tienen un «peso normal», frente al 12%, que considera que tienen un «ligero sobrepeso», o el casi anecdótico 0,8%, que reconoce que tienen «mucho sobrepeso». Unos datos que chocan con el panorama real: solo el 62% tiene un peso dentro de lo que se considera «normal» para su edad.

A esto se suma un dato, cuando menos, preocupante. Uno de cada tres padres conscientes del sobrepeso que sufren sus hijos reconoce que la situación le preocupa «algo» o directamente «poco o nada». La explicación, aportada por el Observatorio Nestlé, es que consideran que tener sobrepeso e incluso obesidad es una etapa pasajera en su desarrollo, en la que no es necesario intervenir. Paradójicamente, el mismo estudio señala que, en el caso contrario, cuando el pequeño tiene un peso inferior al recomendado, el 47% de los padres no solo son conscientes del problema, sino que además acuden al pediatra para encontrar una solución médica. Preocupa más que los niños coman poco, que todos los problemas de salud que puede acarrear el haber padecido sobrepeso y, desde luego, obesidad infantil.

Estamos ante un problema sanitario y alimenticio de primer orden que necesita medidas urgentes. La obesidad ya es considerada como un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA), de igual manera que lo son la bulimia y la anorexia y, como tal, es tratada en centros hospitalarios infantiles. En este sentido, Nestlé ha desarrollado un método pionero en colaboración con el Hospital Sant Joan de Déu: el programa educacional Nutriplato. «Entre todos –industria alimentaria, instituciones públicas y privadas, profesionales de la salud, etc.– debemos ser capaces de conseguir que resulte sencillo aplicar las recomendaciones nutricionales e incorporar a la rutina diaria los hábitos saludables a la hora de comer. Es fundamental aportar consejos y herramientas útiles. Ello contribuirá, sin lugar a dudas, a mejorar la salud de los niños», explica Anabel Aragón, responsable de Nutrición de Nestlé España.

«Nos llamó la atención que solo el 18% de los padres dan la fruta recomendada a sus hijos y el 54% la verdura, y que, cuando nos fijamos en la distribución de los grupos de alimentos de las comidas principales, no cuadra la realidad con la recomendación. Se comen más del doble de los hidratos de carbono recomendables y la fruta y verdura que se ingiere no llega a la mitad de los porcentajes recomendados», argumenta Laura González, directora de Nutrición, Salud y Bienestar de la compañía. El programa persigue el objetivo de mejorar los hábitos alimentarios mediante un programa de educación nutricional dirigido a los padres. Para ello, han desarrollado un «plato didáctico», bautizado como Nutriplato, a tamaño real, que muestra de una manera gráfica la proporción de cada grupo de alimentos que hay que comer en las dos comidas principales del día: 50% de verduras y hortalizas; 25% de carne, pescado, huevo y/o legumbres; 25% de cereales integrales y/o tubérculos.

La iniciativa está inspirada en el famoso Healthy Eating Plate de la Universidad de Harvard, pero presenta dos diferencias que la hacen pionera en Europa. «Por un lado, está adaptado a niños de entre 4 y 12 años, por lo que es un método pensado para que aprendan a comer. Por otro, está basado en la dieta mediterránea, es decir, hemos incluido alimentos como el pescado azul, los frutos secos, las legumbres y el aceite de oliva», explica Laura González. El método, además del plato físico y la guía de alimentación con recetas, cuenta con una parte clínica que se desarrolla en el Hospital Sant Joan de Déu, en la que se lleva a cabo un seguimiento pormenorizado de los cambios de los hábitos de los niños y la mejora en su salud. Nutriplato solo lleva en funcionamiento desde septiembre de 2017, pero desde Nestlé y el hospital confían en que, en 2018, 40.000 familias se adhieran al proyecto.


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