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¿Cómo actúa el Alzheimer contra el cerebro?

Un equipo internacional con participación de la UOC desarrolla un índice que permite analizar la atrofia desigual de las regiones cerebrales a causa de la enfermedad de Alzheimer.

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01
julio
2026

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La enfermedad de Alzheimer empieza a remodelar el tejido neuronal mucho antes de su diagnóstico. Desde que empiezan los primeros cambios hasta el diagnóstico final pueden pasar entre quince o veinte años. Ahora, un equipo internacional con participación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ha conseguido desarrollar una medida capaz de detectar variaciones en esta serie de cambios, permitiendo así una evaluación de la progresión de la demencia.

La herramienta, que podría usarse como biomarcador para identificar la afectación de esta enfermedad y estudiar su progresión, analiza el desgaste desigual que se produce en las distintas regiones del cerebro.  «Hemos desarrollado un índice de asimetría general del cerebro», explica Agnès Pérez Millan, investigadora del grupo de investigación AIWELL, adscrito al eHealth Centre de la UOC, y primera autora del trabajo publicado en la revista de acceso abierto Brain Communications. «Vemos que, cuanto más valor tiene el índice, más asimetría hay en el cerebro, lo que se correlaciona con más neurodegeneración y más síntomas», resume.

La sustancia gris

La sustancia gris se va perdiendo en distintas regiones del cerebro a medida que envejecemos. El hipocampo, la zona encargada de la memoria, la regulación de las emociones y los nuevos aprendizajes, es una de las zonas más afectadas, en un proceso natural e irreversible.

La sustancia gris se va perdiendo en distintas regiones del cerebro, particularmente en el hipocampo

Hasta ahora, se pensaba que las personas con enfermedad de Alzheimer desarrollaban un desgaste homogéneo en todo el cerebro.  Sin embargo, en un estudio previo este mismo equipo de investigadores ya descubrió que la progresión de esta demencia no era simétrica.

«Estábamos estudiando otra enfermedad, la demencia frontotemporal, que es muy asimétrica, y quisimos comparar el cerebro de estos pacientes con el de pacientes sanos y el de pacientes con enfermedad de Alzheimer», recuerda Pérez Millan, que es también profesora lectora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC. «Partíamos de la hipótesis de que los pacientes con enfermedad de Alzheimer tendrían un cerebro simétrico similar a los individuos sanos, pero descubrimos que no era así», afirma.

Así, si las personas sanan tienen pérdida de sustancia gris simétrica frente a la asimetría de las personas con demencia frontotemporal, los pacientes con Alzheimer se sitúan en un punto medio, un descubrimiento que fue el germen de este nuevo trabajo.

El estudio

Los pacientes objeto de estudio han sido aquellos que tienen una forma de Alzheimer genética, menos del 1% de los casos de esta demencia. En total, fueron 60 participantes del Hospital Clínico de Barcelona y 564 individuos más procedentes de un proyecto llamado DIAN, liderado por la Universidad de Washington en Saint Louis (EE. UU.), donde también están incluidos pacientes europeos. De ambos grupos de pacientes disponían de imágenes de resonancia magnética y, en algunos casos también de muestras de líquido cefalorraquídeo e información de los niveles de neurofilamentos en plasma, un biomarcador que señala daño neuronal.

«La resonancia magnética nos daba una foto del cerebro en el momento de hacerla, y las procesaron con un software que nos daba el volumen o grosor cortical», explica Pérez Millan. Después aplicaron un algoritmo que les permitía medir diferencias en este grosor, lo que les permitió desarrollar un índice que cuantifica este adelgazamiento desigual en la sustancia gris.

Este índice se podría utilizar para saber la afectación de la enfermedad, ya que, dentro de la enfermedad de Alzheimer, existen diferentes estadios antes de llegar a la fase de demencia. También sería útil para medir la eficacia de los nuevos fármacos para tratar la enfermedad de Alzheimer, así como para cribar entre personas portadoras del genotipo APOE4 (uno de los factores de más riesgo de sufrir enfermedad de Alzheimer) con síntomas de las que son portadoras sin síntomas de la mutación genética de esta demencia.

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