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Manual para reducir el estrés (hídrico)

En un mundo que consume más agua de la que es capaz de regenerar, garantizar su disponibilidad es urgente. La producción agraria, principal consumidora de agua dulce, está buscando modelos más sostenibles y eficientes para que estén alineados con los límites del planeta.

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12
agosto
2026

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En enero de este año, la ONU alertó de que la Tierra ha entrado en una era de «bancarrota hídrica»: se consume más agua de la que los sistemas naturales pueden reponer, comprometiendo así el futuro del recurso. Ante esta situación, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) cobran especial relevancia. Lejos de ser una declaración abstracta, esta agenda de cara a 2030 se articula a través de más de 230 indicadores que permiten evaluar los avances de forma precisa. Entre ellos está el 6.4.2, que mide el nivel de estrés hídrico y cuantifica hasta qué punto un territorio está utilizando sus recursos de agua dulce de manera sostenible.

La agricultura es la principal consumidora de agua dulce a nivel global: según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), alrededor del 72% de las extracciones se destinan a este sector. Adaptar los sistemas agrarios a la disponibilidad real de agua es un imperativo.

En esta línea, compañías como Unilever —uno de los mayores proveedores mundiales de productos de cuidado personal, hogar y alimentación— llevan años impulsando iniciativas orientadas a una producción más eficiente y sostenible en el uso de los recursos hídricos.

Unilever lleva años impulsando iniciativas orientadas a una producción más eficiente y sostenible en el uso de los recursos hídricos

Con el objetivo de reducir el consumo de agua en sus procesos productivos, Unilever ha desplegado programas de gestión responsable tanto en sus propias instalaciones como en su cadena de suministro. La estrategia apuesta por una transformación integral del uso del recurso en los territorios donde opera. En concreto, la compañía ya ha puesto en marcha más de veinte iniciativas en regiones con alto estrés hídrico, en colaboración con expertos locales, oenegés y administraciones públicas.

Uno de los ejemplos más representativos es su trabajo con la marca Knorr, donde se están impulsando prácticas de agricultura regenerativa. Estas incluyen la mejora de la salud del suelo, la reducción del uso de fertilizantes sintéticos y una optimización del riego en algunos cultivos. Esto no solo se traduce en un menor consumo de agua, sino también en suelos más resilientes y en un aumento de la biodiversidad, demostrando que es posible avanzar hacia modelos agrícolas más sostenibles sin comprometer la productividad.

En la península, Unilever colabora desde 2010 con Grupo Conesa, empresa extremeña líder en procesamiento de tomate. Gracias a este trabajo conjunto, en los últimos años se ha logrado sostener una alta producción, reducir el consumo de agua en un 26% y mejorar significativamente la calidad del tomate destinado a la industria.

«La sostenibilidad es un esfuerzo conjunto que debe involucrar a todos los actores de la cadena de valor. La colaboración con nuestros proveedores y agricultores es esencial para lograr un futuro más resiliente, en el que la gestión responsable del agua y la agricultura regenerativa sean herramientas clave para preservar nuestro planeta», señala Ana Palencia, directora de Sostenibilidad y Comunicación de Unilever España.

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