Eric Storm
Los patrones del nacionalismo
Eric Storm disecciona los patrones y las dinámicas que han convertido al nacionalismo en un fenómeno mundial en auge.
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El nacionalismo está claramente en una tendencia ascendente. Algunos políticos populistas con un programa nacionalista han ganado recientemente las elecciones en muchas partes del mundo. Viktor Orbán lo hizo en Hungría en 2010, Narendra Modri en India en 2014, Rodrigo Duterte en Filipinas en 2016, Donald Trump en Estados Unidos en 2016 y Jair Bolsonaro en 2018. Todos ellos argumentan que la identidad y los intereses de su nación deben ser protegidos contra la globalización, la inmigración y las minorías asertivas. Por su parte, el Reino Unido votó a favor de abandonar la Unión Europea para «recuperar el control». También parece que los incidentes xenófobos se producen cada vez con mayor frecuencia. A pesar del énfasis que estos populistas de derechas ponen en la independencia nacional y en la protección de sus tradiciones y culturas únicas, es bastante curioso que esta ola nacionalista parezca haber ocurrido simultáneamente en todo el mundo.
Además, las formas en las que se expresa el nacionalismo también son sorprendentemente similares en todo el mundo. Durante la celebración de las Copas del Mundo de fútbol, se puede encontrar un «nacionalismo feliz» en casi todas las partes, incluso de manera bastante llamativa en países relativamente nuevos, como los del África subsahariana. Como en muchas partes de del mundo, los habitantes de Camerún, cinco veces ganador de la Copa de Naciones Africanas, se reúnen con familiares y amigos para ver los partidos de su selección nacional. Los programas de radio, las tertulias televisivas y los foros de internet debaten el rendimiento del equipo durante semanas, dando lugar a una conversación nacional en la que participan seguidores de todos los ámbitos sociales.
La nación no solo se imagina, sino que también se interpreta
El fútbol contribuye en gran medida a la reproducción de la comunidad imaginada de la nación, pero la nación no solo se imagina, sino que también se interpreta. En los partidos internacionales, los aficionados acuden al estadio con la camiseta nacional y ondeando la bandera nacional. Algunos asisten al juego con la cara pintada, pelucas con los colores nacionales o sombreros espectaculares, mientras que otros incluso se visten con trajes fantásticos inspirados en estereotipos nacionales. Algunos tocan música típica con instrumentos característicos o canciones especiales compuestas para la ocasión.
El nacionalismo tiende a asociarse con demagogia chovinista, movimientos xenófobos, guerras de conquista, campañas de limpieza étnica o incluso genocidio. Sin embargo, en las Copas del Mundo, también puede unir a las personas. Es más, el nacionalismo puede ser utilizado incluso para pacificar una situación tensa o bélica. En Costa de Marfil, la selección nacional de fútbol contribuyó a la consolidación de un frágil acuerdo de paz entre el gobierno y los insurgentes del norte. En 2007, el capitán del equipo, Didier Drogba, insistió en que el próximo partido de clasificación para la Copa del Mundo se debía jugar en Bouaké, que había sido el centro de las fuerzas rebeldes. La victoria por 5-0 sobre Madagascar, con el último gol marcado por el propio Drogba, provocó un estallido de alegría colectiva que ayudó a unir las dos partes del país.
Incluso en los países subsaharianos, con fronteras muy artificiales y poblaciones muy diversas, el nacionalismo se ha apoderado de la imaginación colectiva y tiene un fuerte impacto en la vida cotidiana. Camerún, por ejemplo, tiene alrededor de 280 grupos étnicos y cientos de idiomas. Sin embargo, sus habitantes expresan sus sentimientos nacionales en masa durante los eventos deportivos, animando a sus representantes nacionales. Pero, ¿cuál es la nación con la que se identifican? Está claro que, en este caso, la pertenencia no está determinada por la etnia o la cultura. De hecho, la nación está formada por la comunidad de ciudadanos, el demos, y está definida principalmente por el Estado.
También hay muchas naciones que se pueden caracterizar de una manera muy diferente: como un ethnos, un gran grupo de personas que comparten el mismo origen étnico, idioma y cultura. Ahora bien, muchas naciones definidas en estos términos, como los kurdos o los catalanes, no tienen su propio Estado y, en consecuencia, podrían describirse como naciones sin Estado, o naciones que aspiran a tener un Estado.
Este texto es un extracto de ‘Nacionalismo’ (Crítica, 2025), de Eric Storm.
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