La libre Olympe de Gouges
La pensadora defendió la libertad de la ciudadanía, los derechos de las mujeres y el fin de la esclavitud durante los turbulentos años de la Revolución francesa.
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Una de las mujeres más importantes de la Revolución francesa pasó desapercibida en la historia hasta el siglo XX: «Aún os queda por hacer en favor de este sexo desgraciado. Pese a que las mujeres hemos contribuido tanto como vosotros a la Revolución, tendríais que ser vosotros quienes trasladarais el presente trabajo al cuerpo legislativo. Pues cuando se derribaron los muros de la Bastilla, nada os importó admitirlas como ciudadanas. A partir de estas ruinas pretendo formar una legión de mujeres y mostrarles el camino hacia la gloria», escribió Olympe de Gouges en el artículo titulado «¿Reinará?» de 1791. Este fragmento es bastante adelantado a su época, pues de Gouges fue una escritora y revolucionaria que desempeñó un papel muy relevante en la Revolución francesa, aunque su figura no se reivindicó hasta mediados del siglo pasado.
El libro Camino a la guillotina: textos políticos de Olympe de Gouges de la editorial ContraEscritura es uno de los pocos textos que reúnen en español los artículos Olympe de Gouges; las traducciones de sus escritos que mencionamos en este artículo también proceden de esta edición, que incluye un detallado prólogo firmado por Núria Molines.
Olympe de Gouges nació en 1748 en la ciudad de Montauban, al suroeste de Francia, y fue hija Anne Olympe Mouisset. Defendió que fue una hija bastarda, pues, aunque en su acta de nacimiento apareciera el marido de Anne, Pierre Gouze, todo apunta que su padre fue el escritor y marqués Jean-Jacques Lefranc.
La casaron contra su voluntad en 1765, cuando tenía diecisiete años, mientras que su marido rondaba los cincuenta. A los meses nació su hijo Pierre y, un año después, murió su esposo. Es en ese momento cuando la escritora cambia su nombre de nacimiento por el que se le recordaría en la historia: pasa de ser Marie Gouze a ser Olympe de Gouges. Renuncia al apellido de casada y toma el nombre de pila de su madre. Cabe destacar que no vuelve a casarse, ya que las viudas no tenían que pedir permiso para publicar sus escritos: utilizó su viudedad como un arma política.
En los años precedentes de la Revolución francesa acudió a salones literarios parisinos. A pesar de ser liberal y aburguesada, abogó por una protección hacia los más desfavorecidos. Defendió la protección de la infancia, la instauración del divorcio y los derechos de las mujeres por encima de todo, aunque, según Molines, «no encontramos referencias rotundas en favor de la igualdad entre ricos y pobres». Apoyó la creación de centros sanitarios, de casas de acogida y de un tribunal supremo popular, así como la implementación de ayudas para obreros. Asimismo, defendió los derechos de los esclavos a través de su obra de teatro L’esclavage des noirs [La esclavitud de los negros]. Se publicó en 1792, pero fue inscrita en el repertorio de la Comédie Française en 1785 bajo el título Zamore et Mirza, ou l’heureux naufrage [Zamore y Mirza o el naufragio feliz]. Se dice que escribió entre quince y treinta obras a lo largo de su vida, además de los escritos políticos.
La pensadora escribió: «Si a la mujer le está dado subir al cadalso, también tiene derecho a subir al estrado».
El 14 de septiembre de 1791, un día después tras la firma de la primera Constitución francesa, publicó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana. En ella, alteró la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, puesto que, a pesar de ser uno de los símbolos más representativos y primordiales de la Revolución francesa, no tuvo en cuenta a las mujeres, relegándolas prácticamente a la esclavitud y a no ser libres. Una de las frases que más han resonado de la Declaración de Olympe de Gouges fue: «Si a la mujer le está dado subir al cadalso, también tiene derecho a subir al estrado».
Otra de las citas más recordadas proviene del texto «Proyecto dirigido a la Asamblea Nacional el día del arresto del rey», también de 1791: «Las mujeres hemos contribuido, tal vez, más que nadie a una Revolución que ha traído consigo la Constitución llamada a renovar el reino y a garantizar la buena ventura de todos sus miembros».
En 1793, en pleno Reinado del Terror de Robespierre, Olympe de Gouges publicó el texto titulado Las tres urnas, en el que proponía una votación a nivel nacional para elegir la estructura que debía tener Francia: una república indivisible, una federalista o una monarquía constitucional. La encarcelaron al día siguiente y la aprisionaron hasta el 3 de noviembre de ese año. «A día de hoy, no existe ningún registro que nos explique por qué se la mantuvo tanto tiempo en prisión o los motivos por los que compareció ante los jueces en dos ocasiones», expone Núria Molines.
Pero el destino de la escritora ya estaba firmado. El 16 de octubre de 1793 habían guillotinado a María Antonieta; Olympe de Gouges fue la segunda mujer en subir al cadalso. Fue la única mujer ejecutada por ser libre y escribir abiertamente sobre la política francesa y la lucha por los derechos de las mujeres. En 1945, casi 200 años después de la muerte de Olympe de Gouges, las francesas consiguieron el derecho al voto.
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