Argumentos falsos para defender el uso del burka
El burka en espacios públicos está prohibido en Francia (2010), Bélgica (2011), Austria (2017), Dinamarca (2018), Países Bajos (2019) y Suiza (2021). Su prohibición ha sido aceptada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
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Mentira me parece que en pleno siglo XXI en España tengamos que seguir defendiendo, las feministas radicales, por aclararlo, que no puede tolerarse ni un solo signo más de opresión a la mujer y que eso debería estar legislado por ley.
Esta queja inicial surge como reacción a las dos propuestas de ley que ha propuesto Vox en el Congreso de los diputados para prohibir el uso del niqab y el burka en España. PP y Vox han votado juntos, pero la propuesta ha sido rechazada por el voto de Junts que a última hora no ha votado a favor (estarán haciendo cálculos electorales). Los partidos en el gobierno –PSOE y Sumar–, claro, han votado en contra.
Antes de seguir, y por situarnos en el contexto geográfico y cronológico en el que nos movemos, el burka en espacios públicos está prohibido en Francia (2010), Bélgica (2011), Austria (2017), Dinamarca (2018), Países Bajos (2019) y Suiza (2021), y ha sido aceptada esa prohibición por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Sigamos. Como digo, aquí la izquierda se ha llevado las manos a la cabeza cuando Vox ha propuesto su prohibición, porque esos debates, dicen, constituyen alimento para los discursos xenófobos. Los partidos en el gobierno, que han votado en contra de la proposición de ley, lo han hecho argumentando que la medida puede ir en contra de dos artículos de la Constitución: el 14, que prohíbe la discriminación por razones, entre otras cosas, de sexo y religión, y el 16, que consagra la libertad religiosa.
Yolanda Díaz ha defendido su uso apelando a la Constitución
La argumentación, obvio, es errónea. Primero, porque el burka nada tiene que ver con la religión y prohibirlo no vulnera la libertad religiosa y, sin embargo, sí tiene mucho que ver con la discriminación sexual (quizás Yolanda Díaz, que ha defendido su uso apelando a la Constitución, y que ha estudiado Derecho, debería hacer un repaso a la asignatura de Constitucional para recordar que los mecanismos para imponer una sociedad basada en la segregación estricta entre hombre y mujer son anticonstitucionales). Lo segundo, como consecuencia, tampoco tiene sentido, puesto que los pañuelos (y sus distintas modalidades) no los impone la religión, no hay un solo versículo del Corán en el que se mencione su uso, así pues, la tan cacareada libertad religiosa se mantendría sin problemas.
Me temo, y cuesta pensar que haya que explicarlo a estas alturas de la película, que las respuestas de los partidos del gobierno –PSOE y Sumar– poco o nada tienen que ver con esos dos artículos y mucho con ese buenismo instalado desde hace tiempo en la izquierda que se centra en una defensa de las multiculturalidades, las libertades religiosas y demás y que, ninguna sorpresa, siempre acaba perjudicando a las mujeres.
Eso por no hablar que sabido es que los argumentos de Vox y el PP poco o nada tienen que ver con el feminismo, pero que no podemos encallarnos en él: si tú dices que la leche es blanca yo voy a decir que es negra, por más que todo el mundo sepa que es blanca. Y justo eso es lo que está pasando, el mundo al revés, la izquierda a favor de una indumentaria religiosa en los espacios públicos y la derecha en contra. Y mientras, claro, sin que nadie se preocupe de lo que eso supone para las mujeres que son las únicas que sufren los resultados de una práctica que solo pretende anularlas.
Otro de los argumentos –absurdos– esgrimidos desde la izquierda para explicar que no es necesaria la regulación de esas prendas que oprimen a la mujer es la poca incidencia real del mismo. Es evidente que el uso del burka, el niqab y yo añadiría el hijab no es porcentualmente significativo en nuestra sociedad. ¿Y? Tampoco lo es el porcentaje de asesinos en serie, yo me cruzo menos con ellos que con mujeres veladas por las calles de Barcelona, y está más que legislado que no puedes matar a gente…
Siguiendo con los argumentos, y ya acabo aquí, pues no he querido buscar más, porque se me hace hasta tedioso tener que incidir en el desconocimiento, quiero pensar que involuntario, de las razones que se dan desde alguna izquierda, es que «también las monjas van cubiertas, o en algunas ceremonias católicas las mujeres usan una toquilla». Mentira me parece que hagan esas comparaciones, como mentira me parece que no se vea, claramente, la diferencia que existe entre la posibilidad no solo de «colgar los hábitos» o de no ponerte la toquilla sin que seas asesinada a pedradas frente a la imposibilidad, en más casos de los que nos imaginábamos, de que les suceda a las mujeres que usan burka o niqab o hiyab se lo quiten.
La escritora y feminista egipcia Nawal Saadawi reflexiona: «No se puede ser feminista y apoyar el uso del velo»
Y no puedo evitar referirme a un cuarto argumento. El de que, si se les prohíbe el niqab, su marido les impedirá salir a la calle. Como bien ha señalado el periodista Ilya Topper, entonces deberíamos urgentemente enviar a la policía al domicilio de toda mujer velada, porque eso significa que está en situación de secuestro. O si piensan que una mujer con niqab dejará de salir a la calle voluntariamente si no puede circular con la cara tapada, tal vez deberíamos mandar un equipo médico psiquiátrico.
Quizás, por simplificar, deberíamos quedarnos con una reflexión de la escritora y feminista egipcia, Nawal Saadawi: «No se puede ser feminista y apoyar el uso del velo». De modo que, igual acabamos antes si lo que prohibimos es el uso de cualquier prenda que esté destinada a ocultar el rostro, salvo aquellas necesarias por necesidades sanitarias, las mascarillas del Covid, para desempeñar un trabajo, como los trajes de bomberos, o, claro, festividades tipo el carnaval. Luego, el respeto de la libertad de culto, eso ya, cada uno en su casa.
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