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Economía

Aumento de la edad de jubilación

Trabajar hasta morir

Dinamarca acaba de elevar la edad de jubilación hasta los 70 años. Se convertirá en el país con una jubilación más tardía en una Europa que empuja a su ciudadanía a estirar al máximo su carrera profesional.

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05
enero
2026

La jubilación es uno de los puntos calientes de los debates políticos. Lleva siéndolo, en realidad, desde hace bastante tiempo. Ya a finales del siglo pasado se usaba como un arma arrojadiza en las campañas electorales, pero ahora se ha convertido en uno de los puntos de fricción. Europa se ha sumido en un proceso para retrasar el retiro de su ciudadanía, un proceso que no está exento de polémica.

Dinamarca es el último de los países europeos que ha protagonizado tensiones por sus medidas sobre la jubilación. El país escandinavo ha aprobado recientemente retrasar la edad de jubilación hasta los 70 años. Esta medida se aplicará a la población nacida a partir del 1 de enero de 1971 y entrará en efecto, por tanto, en 2040.

Con ello, se han convertido en el país europeo con la edad de jubilación más tardía. Ahora mismo, la franja de edades va de los 67 años (en, justamente, Dinamarca, pero también Grecia, Italia, Islandia o Países Bajos) a los 62 (en Francia aunque con matices, Noruega o Eslovaquia). España está, con los 66 años y 8 meses actuales, entre los países que ocupan posiciones más elevadas de la tabla. Lo más común en Europa siguen siendo los 65 años como frontera para salir de la población activa.

Retrasar la edad de jubilación es una de las medidas más impopulares y que generan un mayor rechazo. En Dinamarca, se han registrado protestas, aunque quizás el caso más paradigmático del rechazo que crean este tipo de normas está en Francia.

Para una parte de la población, el retraso de la jubilación va en paralelo a una precarización en la entrada en el mercado laboral

En 2023, el país batió récords de manifestantes en las oleadas de protestas (virales en el resto del mundo) ante la entrada en vigor del reajuste de las pensiones: de forma progresiva y hasta 2030 se irá reajustando la edad mínima para poder jubilarse hasta llegar a los 64 años. Los sindicatos defendían entonces que el ataque contra las pensiones no era más que una punta de lanza contra los servicios públicos, un primer paso en una más amplia lista de potenciales recortes.

Para una parte importante de la población, el retraso de su futura jubilación va en paralelo a una precarización en su entrada en el mercado laboral. Le pasó a la generación millennial, que acumuló puestos de prácticas en sus primeros años activa, y les pasa ahora a los Z. De hecho, un estudio de Ivie y la Fundación BBVA concluía a principios de verano que la juventud actual tendrá que jubilarse a los 71 años, ya que será cuando alcancen los años de cotización mínimos. «El acceso más tardío a un empleo dificultará que los jóvenes de hoy en día logren completar carreras laborales suficientemente largas y, por lo tanto, tendrán que prolongar su permanencia en el mundo laboral para conseguir una pensión que les permita mantener su nivel de vida», concluye la investigación.

Por otro lado, la presión sobre la jubilación se conecta también con un envejecimiento de la población europea (lo que hace que cada vez haya más personas en esa fase de vida, pero menos población activa joven que funcione como recambio). Esta «pinza demográfica», como apunta un análisis de El País, y su agravamiento futuro han hecho que la cuestión de la jubilación haya sido un tema candente en los últimos años. «Hay una convergencia silente, todos en línea para aumentar la edad. Es una carrera», le explica al medio Carlos García de Cortázar y Nebreda, vicepresidente de la Asociación Española de Salud y Seguridad Social.

Algunos países, como Suecia o Dinamarca (lo que le permitió hacer el último ajuste), ya han vinculado la edad de jubilación por ley a la esperanza de vida. España ya ha cambiado cosas en la jubilación, más allá de retrasar la edad de jubilación a los 67 años. También permite y premia la jubilación tardía. Aunque solo uno de cada 10 trabajadores se jubila ahora mismo más tarde de la edad mínima posible, la cifra de quienes lo hacen se ha duplicado desde la última reforma.

El debate es complejo. Así, tampoco se puede obviar que hay profesiones con un elevado desgaste físico en las que prolongar la carrera laboral resulta difícil e impacta de forma altamente negativa en la calidad de vida de las personas que las desempeñan. Ahí está, por ejemplo, el personal de limpieza, que ha tenido que esperar muchos años a que su profesión se considerase entre las que merecen un coeficiente reductor que da acceso a la jubilación anticipada y cuya actividad implica un desgaste físico y numerosas enfermedades derivadas (y no siempre reconocidas).

Y, finalmente, tampoco se puede desconectar todo el debate de las pensiones y los retrasos en las edades de jubilación a su contexto macro: los cambios en los sistemas económicos del cambio de siglo y la presión política de los últimos años contra el propio estado del bienestar.

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