Biosofía de la respiración
«Una respiración a la deriva es una mente a la deriva», advierte la neurocientífica Nazareth Castellanos en su último libro, ‘El puente donde habitan las mariposas’ (Siruela, 2025). En él, explica cómo se relacionan en el cerebro el estado de ánimo y la respiración.
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Hace unos años, en el laboratorio de neurociencia cognitiva y computacional de la Universidad Complutense de Madrid, medimos la actividad magnética del cerebro de un grupo de personas. […] Por otra parte, registramos simultáneamente la actividad respiratoria. […] Normalmente, en los experimentos, la respiración se estima a través de una banda en el pecho que da cuenta de las extensiones del tórax en la inhalación y la exhalación. Sin embargo, las características técnicas de nuestro dispositivo proporcionaban una precisión temporal suficiente para poder identificar cambios sutiles. Gracias a él, pudimos localizar la actividad de las diferentes áreas del cerebro durante las tres fases del ciclo respiratorio: inhalación, exhalación y apnea después de la exhalación. […] La apnea que realizamos de forma natural, espontáneamente, después de exhalar, esconde una valiosa información sobre nuestra psicología.
Nuestro primer objetivo era registrar la actividad espontánea cerebral y respiratoria simultáneamente, es decir, cuando no estamos empeñados en alguna tarea mental específica ni estamos alterando voluntariamente la respiración. Una vez realizados los experimentos, localizamos las tres fases y estudiamos cómo le afectan.
Los resultados mostraron que las de mayor impacto para la coordinación de la ínsula, la amígdala y la corteza cingulada en ambos hemisferios son la inspiración y la apnea después de la exhalación, zonas altamente sensibles a las alteraciones de la salud mental. El grado de comunicación entre las neuronas de la amígdala se ve afectado en trastornos de ansiedad, estados crónicos de miedo y desregulación emocional. Los procesos de adaptación a situaciones emocionalmente negativas se apoyan en el vínculo entre la ínsula y la amígdala, es decir, entre el sentido o noción que se tiene de uno mismo y el procesamiento de la información emocional; ese vínculo se rompe en las alteraciones crónicas. Así, el cerebro no puede adaptarse o acostumbrarse a la dificultad, creando un estado de alarma permanente. También observamos que la inspiración tiene un mayor impacto en la amígdala situada en el hemisferio izquierdo, que es más sensible a las amenazas, el estrés y la depresión.
Parte de estas conclusiones ya se conocían; lo que nosotros aportamos es la relación que hay entre la apnea natural y el estado de ánimo. Las personas que se prestaron al experimento fueron sometidas a una evaluación psicológica que daba cuenta de su nivel de estrés, de síntomas depresivos y de ansiedad, por una parte, y del bienestar y la satisfacción vital, por otra. Según la teoría del continuo dual del sociólogo y psicólogo estadounidense Corey Keyes, el bienestar y la ausencia de enfermedades son dos dimensiones distintas pero interconectadas de la salud mental. Esto subraya la necesidad de medir tanto el malestar como el bienestar psicológico para obtener una evaluación integral de la salud mental. No estar mal no significa estar bien, ¡tomemos nota de ello!
Los niveles de ansiedad influyen en la frecuencia respiratoria
Nuestros cálculos mostraron que las personas con peores índices de bienestar mostraban una mayor duración de la apnea. El mecanismo que subyace es, una vez más, la actividad de la amígdala: a peor estado de ánimo, presentan mayor actividad amigdalina y activación de la «apnea impulsada por la amígdala». Es decir, la reducción del bienestar retrasa el inicio de la inhalación. Lo podemos observar en nosotros, son los famosos suspiros de tristeza o angustia. Esas exhalaciones que parecen no acabarse nunca, como si el cuerpo no quisiera volver a nacer, a inhalar.
La apnea natural después de la exhalación impacta con mayor fuerza en el hemisferio derecho, particularmente en la ínsula, asociada a alteraciones de la salud mental, a la introspección y a la conciencia corporal. El grupo del profesor Feinstein propuso en 2022 el modelo de ansiedad inducida por apnea: las apneas recurrentes son provocadas por la activación de la amígdala ante cambios en los niveles de CO2. Este modelo sugiere que la ansiedad crónica es un trastorno visceral impulsado por el sistema bioquímico del cuerpo en su lucha por mantener la homeostasis ante la dificultad para respirar. Un ejemplo agudo es la apnea obstructiva del sueño, que conlleva una desconexión y cambios metabólicos en la ínsula derecha.
La relación entre el estado de ánimo y la respiración se evidencia fundamentalmente en la fase de la apnea después de la exhalación. […] Los estudios del grupo de investigación del neuropsiquiatra Yuri Masaoka, del Hospital Universitario de Showa, en Tokio, destacan el papel de la exhalación en las respuestas emocionales, demostrando que los niveles de ansiedad influyen en la frecuencia respiratoria: una respuesta de ansiedad elevada se asocia con un aumento de la frecuencia respiratoria y la ventilación, lo que se correlaciona negativamente con el tiempo espiratorio. Sin embargo, estos estudios no diferencian entre exhalación y apnea, por lo que se camufla el papel de esta y su potencial terapéutico.
Curiosamente, en nuestra investigación observamos que la irregularidad en la duración de la apnea estaba asociada a la salud mental y a la actividad cerebral: cuanto mayor sea la variabilidad natural de la duración de la apnea, peor será el estado psicológico o la resiliencia. […] el cerebro es un sistema altamente predictivo, donde gran parte de los recursos neuronales se dedican a predecir la respuesta del mundo exterior e interior.
La incertidumbre es una de las situaciones más estresantes para la función cerebral
El cerebro escucha a los órganos e intenta anticipar la llegada de información. Si la respiración es muy rítmica, el cerebro podrá predecir con facilidad y seguridad cuándo va a recibir el nuevo impulso de la respiración. Le gusta saber lo que va a suceder, es un sistema de expectativas. Sin embargo, una respiración irregular dificulta dicha predicción, lo que genera alarma y estrés en el cerebro, puesto que no podrá predecir con exactitud y seguridad cuándo recibirá el siguiente impulso respiratorio. Todos podemos aprender fácilmente a emular el ritmo de un reloj, exquisitamente regular. Es fácil porque es previsible, y es previsible porque es rítmico. […]
Según cuentan, Kant dijo que la inteligencia se mide por la cantidad de incertidumbre que un hombre es capaz de soportar. En este caso, la inteligencia del cerebro es más bien poca. La incertidumbre es una de las situaciones más estresantes para la función cerebral porque viola uno de sus principios fundamentales: predecir. Una respiración irregular puede afectar a los sistemas de predicción cerebral y por tanto atenuar nuestras capacidades cognitivas y emocionales, siendo un indicador de alteraciones o potenciales alarmas psiquiátricas.
Nuestros resultados e hipótesis proponen la regularidad de las fases respiratorias, especialmente de la apnea, como herramienta terapéutica y preventiva. De ahí que gran parte del éxito de las técnicas de respiración se base, como punto de partida, en establecer un orden en el patrón respiratorio. La repetición de una secuencia de respiraciones induce regularidad en el ciclo respiratorio. Una respiración a la deriva es una mente a la deriva.
Este texto es un fragmento de ‘El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración’ (Siruela, 2025), de Nazareth Castellanos.
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