ENTREVISTAS

«Europa necesita un nuevo contrato social»

Javier Solana es una de las voces más relevantes en geopolítica y relaciones internacionales. Físico, profesor, exministro, exsecretario general de la OTAN y ex alto representante de la UE para la política exterior.

Autor

Eduardo Madina

Fotografía

Luis Meyer
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18
Feb
2018

Javier Solana (Madrid, 14 de julio de 1942) es una de las voces más relevantes de Europa en cuestiones de geopolítica y relaciones internacionales. Físico, profesor, exministro, exsecretario general de la OTAN y ex alto representante de la Unión Europea para la política exterior. Su vida transcurre entre reuniones con mandatarios internacionales que le piden consejo sobre los desafíos globales y conversaciones espontáneas con ciudadanos que le paran en los andenes del metro en el que se mueve por Madrid. Precisamente, estas charlas en el transporte público son las únicas de las que habla cuando detenemos la grabadora. Y, al hacerlo, se le ilumina la cara.

Javier, gracias por conceder esta entrevista. Debo reconocer que nunca imaginé que te la haría.

Gracias a ti, Edu. Debo reconocer que yo tampoco imaginé que me la harías, pero es un placer.

Empezando por las tendencias del contexto global, ¿dirías que estamos en un ciclo contractivo o en uno expansivo de la globalización?

Ahora mismo, los datos económicos empiezan a verse un poco mejor. La economía global tira un poquito, la economía americana está tirando sin duda y la economía europea, también. Estamos en el 2% de crecimiento. Yo creo que, desde ese punto de vista, estamos saliendo del agujero, de la burbuja de 2008, aunque todavía el objetivo del 3% está por alcanzar. Las previsiones indican un volumen en China en el entorno del 6%, de manera que estamos en un momento de crecimiento. Pues bien, hay que aprovecharlo. No sabemos cuánto va a durar y no sabemos cómo va a ser la parte política subyacente a este crecimiento, porque aún quedan muchos problemas por resolver.

«Todo lo que sea buscar la soledad es un disparate en el mundo de hoy»

Desde el punto de vista de la llegada de Trump a la Casa Blanca y analizando las relaciones globales, ¿crees que su apuesta por la finalización del multilateralismo como modelo preferente en el proceso de toma de decisiones significa una vuelta a una dinámica de zonas de influencia?

No sé si una vuelta a zonas de influencia, propias de la Guerra Fría, que en su sentido tradicional no va a volver. Pero sí puede que vuelvan algunos elementos. Es decir, él está obligado a la búsqueda de zonas de influencia, pero a mí lo que más me sorprende es que, en un mundo globalizado, en el que la interdependencia es tan profunda, donde todos nos necesitamos a todos, el mantra sea la confrontación, cuando debería ser la cooperación. Los problemas actuales no son solubles por nadie por sí solo. Todo lo que sea buscar la soledad, como está haciendo EE. UU. con su America first, es un disparate en el mundo de hoy… China first, Europe first… Eso nos lleva a la confrontación. El mundo first y todos a colaborar para hacerlo posible. Esas son las bases sobre las que hemos construido desde la caída del muro, cuando el mundo pasa a ser, tras un breve periodo en el que EE. UU. es la nación imprescindible y siguiendo la frase de Madeleine Albright, un mundo multipolar que necesita instituciones multipolares para resolver sus problemas. El G-20 nació casi milagrosamente. Empezó a operar en el nivel de jefes de Gobierno para frenar la caída de la economía. Sigue siendo un instrumento útil para gobernar el plano mundial.

Uno de los elementos destacados de este año de presidencia ha sido la intensificación de su agresividad hacia Corea del Norte. Con la impresión de que se rozaba la posibilidad de una guerra. ¿Está el mundo a tiempo de evitarla?

Es cierto que ha habido ejercicios militares alrededor de Corea del Sur, pero los hay todos los años. Después del último misil, parece que hubo movimientos militares y navales algo más intensos, pero la posición de Trump ha sido sobre todo retórica. El ministro de Defensa hizo unas contundentes declaraciones ante el Congreso, diciendo que la crisis no tenía solución militar. No nos engañemos, esto trae causa de una guerra que no se cerró, murió mucha gente (10.000 americanos, 100.000 coreanos del sur y un millón de coreanos del norte). Fue una guerra inmensa y eso no se va a resolver si China no está satisfecha con la solución. Dejó muchas vidas allí. No están dispuestos a que la reunificación de las dos Coreas se haga bajo hegemonía americana. No olvidemos que las relaciones entre China y EE. UU. en esta materia están muy dañadas. China no quiere poner en una situación demasiado difícil a Corea del Norte, porque, si se convirtiera en un Estado fallido, el coste puede ser altísimo. Especialmente para ellos. El hecho de que hoy puedan lanzar un misil con alcance en territorio estadounidense, a un americano lo pone en una situación no muy distinta a la de los misiles cubanos. Es exactamente lo mismo, pero desde más lejos. Aún así, yo creo que todavía no han desarrolla – do esa capacidad.

javier solana

¿Qué repercusiones tiene el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel?

Trump ha dado un paso imposible. Para los sauditas, que son los que elaboraron el plan de paz, el reconocimiento de Israel a cambio de la paz en Oriente Próximo es inaceptable. La situación es, por tanto, delicada. El príncipe que manda en Arabia Saudí tiene treinta años la pujanza económica que tienen no es eterna y lo saben. Y, por primera vez, gobierna una parte de la familia sin el consenso de los demás. Este es otro buen ejemplo de falta de visión. Se debería haber trabajado mucho más en conseguir un entendimiento entre Irán y Arabia Saudí. Siempre tuve clara la importancia geoestratégica de esta negociación y sus implicaciones en Oriente Medio. En mis distintas responsabilidades, siempre trabajé mucho en esa dirección. Las negociaciones deberían haber continuado por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y de la Unión Europea en una mesa de negociación seria entre Irán y Arabia Saudita.

«Europa tiene que ser un territorio de igualdad»

Ahora que citas a la UE, se ha instalado en todos los análisis que, como en el viejo Manifiesto comunista, un nuevo fantasma recorre Europa: los populismos. ¿Crees que son la principal amenaza que Europa tiene hoy incubada en su interior?

Hemos rozado una Francia populista con el Frente Nacional, igual que en Holanda… Hemos visto el éxito del populismo en el gran fracaso del brexit. Y ahora lo tenemos en Austria, donde no es lo mismo, pero también son malas las vibraciones. Aún así, creo que la dirección se está enderezando. La economía va algo mejor y estos asuntos están también ligados a ella, aunque no solo. Lo que pone de manifiesto todo esto es la fragilidad de la democracia. Si lo pensamos bien, esta es realmente un milagro tan extraordinario que tiene su propia entropía y su propia lentitud de respuesta. Para combatir estas amenazas en Europa, es necesario un nuevo contrato social basado en los principios que nos han guiado desde que empezamos a construir la Unión Europea, pero renovándolos.

Uno de los grandes éxitos del populismo es el brexit. ¿Cómo ves, a corto y medio plazo, los próximos pasos en las negociaciones entre la Unión Europea y el Gobierno británico?

Creo que se ha llegado a un acuerdo bastante razonable. Lo que ocurre es que el liderazgo de la señora May, la primera ministra, es débil y quienes quieren ir aún más lejos la están arrastrando hacia sus posiciones. Sin embargo, el negociador parece que por fin ha tomado las riendas y ha llegado a este acuerdo aprobado por el Consejo Europeo el pasado día 14. Los temas principales han sido más o menos aceptados: la factura por los compromisos pendientes de Reino Unido con la UE, tratar bien a los ciudadanos europeos y la frontera del Úlster. Ahora viene la parte más difícil, que es cómo nos vamos a relacionar en el futuro. Para ver la dificultad, toma un pedazo de tela. De toda esa complejidad del tejido, ahora vamos a cortar los hilos, uno detrás de otro. Después, hay que coser los trozos de nuevo. Estamos hablando de miles de hilos, cientos de tratados que hay que recoser de manera distinta. Espero que al final -al menos a mí me gustaría- haya una situación a la noruega, una participación en la custom union, pero eso supone para los británicos vender algo que no estaba en el referéndum. Significa estar obligados por cuestiones relacionadas con el mercado único, pero sin tener capacidad de voto. Según la última encuesta en Gran Bretaña, si hoy se realizara el referéndum, saldría lo contrario. No tiene sentido romper mucho para tener que volver a coser mucho. Hay que encontrar el equilibrio. Tenemos dos años por delante. Lo que sí es cierto es que Europa está preparada para vivir sin Reino Unido y para seguir desarrollándose. Van a sufrir más ellos que nosotros.

eduardo madina y javier solana

Eduardo Madina y Javier Solana en la entrevista organizada por Ethic en Esade (Madrid)

Integración económica, cohesión social o seguridad y defensa, ¿cuál dirías que es la prioridad que tiene hoy la Unión Europea?

Tanto la primera como la segunda son importantes, lo que necesariamente implica a la tercera. El crecimiento es fundamental y, además, debe ser un crecimiento con cohesión social. Europa tiene que ser un territorio de igualdad.

Mi generación nació diez o quince años antes del derrumbamiento del muro de Berlín, en plena Guerra Fría, con el enfrentamiento y la carrera nuclear de dos superpotencias, tema que conoces perfectamente, porque fueron años en los que estuviste trabajando intensamente como ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de España. ¿Dirías que mi generación está más lejos o más cerca de ver un mundo sin armamento nuclear?

Hay quien dice que estáis más lejos, pero yo creo que estáis más cerca. El tratado de no proliferación es un tratado bastante exitoso. Hemos vivido 30 o 40 años en los que ningún país que se ha armado nuclearmente y, por el contrario, ha habido varios que se han desarmado o que han parado sus programas. Alemania, Japón, Arabia Saudí, Sudáfrica… Hemos vivido un periodo en que el único ejemplo en contra ha sido el de India y Pakistán. Y, por otro lado, Corea. Las grandes potencias, China y otros como Japón y Alemania, no tienen la bomba atómica. Creo que estamos más cerca, no de una desaparición completa -esta no creo que la veas-, pero sí de un no incremento. De eso estoy casi seguro. De ahí la importancia de la negociación con Irán.

«Hay que salvaguardar los bienes públicos globales»

Uno de los elementos claves en los últimos diez o quince años es la lucha contra el cambio climático. ¿Qué impacto tiene la salida de EE. UU. del Acuerdo de París?

Es un desastre. Es muy grave en sí que la primera potencia mundial sea negacionista con respecto al cambio climático, algo completamente irracional. Además, se había llegado a París con un acuerdo muy bueno entre americanos -Obama en ese caso- y China -Xi Jinping-. Trump ha roto una negociación exitosa que ya había comenzado. Por otra parte, tu generación tiene que estar necesariamente muy preocupada por salvar los bienes públicos globales. Hasta ahora, esto se ha hecho con los bienes públicos locales, a nivel municipal o nacional, para los que estaba claro quién era el responsable. Ahora bien, hay un bien público global que es el aire que respiramos, otro bien público global que es el agua que bebemos, etc. La cuestión aquí es quién los defiende y quién los provee. Hay que empezar a hablar más del concepto de bien público global. Nos ayuda a comprender nuestra propia dimensión universal y nuestra interdependencia.

Terminemos en casa, ¿cuál crees que debería ser el rol de España y cuál crees que será?

España es un país con una historia conocida. No está entre los veinte países más importantes del mundo. En muy poco tiempo, los países europeos estaremos fuera de la parte alta de la tabla de PIB. Si nos dividimos, el primero de nosotros estará el vigésimo. Yo quiero una España europeizada, metida en la molécula europea. Con cierta tristeza, digo que podríamos tener más peso del que tenemos. Creo que la derecha española no se ha creído que hay responsabilidades europeas que van más allá de sentarse en las mesas. Cuando uno se sienta a la mesa, tiene que aportar. En la época en la que yo vivía en la Unión Europea, no había reunión en la que España no dijera algo. Ahora veo cada vez menos reuniones o lugares en los que España tenga la voz que se merece. En la época en que fui ministro de Asuntos Exteriores, cuando se celebraban consejos de ministros del ramo, la noche antes, me reunía con el ministro francés y el ministro alemán. No éramos un país del G-7, pero había una sintonía muy grande con la dirección de la Unión Europea. Ahora ya no veo esto. Honestamente, creo que hay una gran diferencia entre la manera de entender Europa como lo hacían Felipe González y sus equipos y lo de ahora.

Muchísimas gracias, querido Javier.

A ti, querido Edu.

No te pierdas el vídeo-resumen de la entrevista a Javier Solana:

 

 

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