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Cuántica e IA: astrolabio y mapa de la nueva revolución industrial

La IA ya ha creado el marco para una nueva revolución industrial. La cuántica lo hará con la siguiente y Europa en general y España en particular están aún a tiempo de tener un papel determinante en esa nueva era.

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Se podría decir que no se ven venir las grandes revoluciones tecnológicas hasta que no se viven sus efectos. Los astrolabios y los mapas que marcaron el inicio de la Edad Moderna eran, en su momento, simples herramientas que los navegantes tenían disponibles para sus viajes. Y, sin embargo, el efecto dominó de estos descubrimientos cambió el rumbo de la historia, de la economía y de la sociedad.

Internet apareció a finales del siglo XX como una nueva forma de comunicarse, una que la ciudadanía veía con curiosidad, pero no mucha trascendencia, y con el tiempo sin embargo ha apuntalado una transformación digital. La digitalización y la transformación tecnológica lo han cambiado todo, aunque en cierto modo no ha sido más que un primer paso en una cadena de cambios. La nueva revolución industrial llegará, como advierten las firmas de análisis, gracias a la inteligencia artificial (IA) y la cuántica.

La IA mueve ya grandes cantidades de dinero, tanto en inversión como en impacto estimado en la economía global. Posiblemente es la más familiar para la población de estas innovaciones, ya que la popularización de herramientas como Claude, ChatGPT o Gemini la ha introducido directamente en sus bolsillos. Según cálculos de IDC, en 2030, la IA sumará 19,9 billones de dólares al crecimiento económico mundial. Las cifras económicas de la cuántica son un tanto más reducidas, pero esto se explica porque este es todavía un segmento en fases iniciales y su madurez aún tardará un tanto en llegar. McKinsey espera que su valor de mercado global ronde los 106.000 millones de dólares en 2040 y que aporten a la economía global unos 1,3 billones en 2035.

Vanesa Díaz, presidenta de la SQuA: «Tenemos la oportunidad de ser una fuerza tractora en tecnologías cuánticas»

También es mucho más desconocida para el gran público. La computación cuántica parte de los principios de la mecánica cuántica y altera por completo los paradigmas tecnológicos actuales. Se basan en cúbits (en lugar de los bits actuales), que pueden gracias a la superposición representar varios estados a la vez (y no solo el 0 o el 1 de los bits). «Utilizando las superposiciones hacemos computaciones en paralelo, pero cuando las tenemos que leer desaparecen, así que tenemos que hacer algo para que el resultado no sea completamente aleatorio», explica a RTVE Ignacio Cirac, físico y director del Instituto Max-Planck de Óptica Cuántica. «Ese es el arte de la computación cuántica: utilizar las superposiciones, pero lograr que el resultado sea determinado y se ajuste al objetivo que queremos».

Esto abre las puertas a conseguir resultados que para la tecnología actual serían imposibles. La computación cuántica necesita además menos recursos y es más eficiente en consumo de energía que la IA.

Estos avances abren nuevos retos en áreas clave. Uno de los principales es el que se relaciona con la soberanía digital y tecnológica; esto es, cómo se garantiza la independencia de los países y sus empresas en un entorno en el que estas tecnologías están dominadas por países concretos. Es algo que ya está impactando en la IA, como demostró el reciente bloqueo por parte de Estados Unidos de la versión más avanzada de los modelos de Anthropic. La soberanía se vincula con otro de los retos cruciales, el de la autonomía estratégica. En un mundo cada vez más complejo a nivel geopolítico, se vuelve más determinante no ir a rebufo en los saltos tecnológicos y, sobre todo, no depender de un único mercado externo para conseguirlo.

Al tiempo, tanto la IA como la cuántica tienen ya un potencial impacto en la seguridad (y lo tendrán más en el futuro: la cuántica hará que la criptografía actual sea vulnerable, algo para lo que ya se preparan desde las empresas tech a las fuerzas de seguridad de los Estados). Optimizar la ciberseguridad es crucial, pero también lo es entender lo que esto implica en el mundo físico, desde el riesgo posible en infraestructuras críticas hasta cómo reinventará las guerras del mañana.

En paralelo, tanto los riesgos como las necesidades inherentes al desarrollo de estas tecnologías obligan a tomar decisiones fundamentales en gobernanza y ética, cuestiones que deben ser analizadas a nivel país o en organismos supranacionales como la Unión Europea. Comprender qué implica y qué traerá esta nueva revolución industrial es fundamental para prepararse para los cambios y para contar con las herramientas necesarias para beneficiarse de ellos. Al fin y al cabo, la IA está abriendo ya nuevos mercados y escenarios y la cuántica lo hará a un tiempo vista. Y si los analistas concluyen que Europa ha llegado un tanto tarde a la revolución IA (aunque se están haciendo inversiones cruciales para encontrar un nicho propio y reducir la dependencia de mercados externos, como las gigafactorías que llegarán a España), no debe hacerlo a la revolución cuántica, especialmente cuando Europa está ahora mismo en posiciones de liderazgo en innovación.

En 2030, la IA sumará 19,9 billones de dólares al crecimiento económico mundial

España es, de hecho, uno de los países que está apostando fuertemente por la cuántica e incluyéndola en planes estratégicos e inversiones. «España está en el top 3 europeo en tecnologías cuánticas», asegura en una entrevista Vanesa Díaz, presidenta de la Spanish Quantum Alliance (SQuA). Díaz habla de un sector «muy entusiasta» que ya está creando un ecosistema propio. La clave, afirma, está ahora en «coordinar de verdad todo el ecosistema nacional existente y materializar la visión que compartimos mucha gente en la industria desde hace ya muchos años: que Europa, lo que incluye a España, no ha conseguido ser una fuerza tractora en inteligencia artificial, pero sí tenemos la oportunidad de serlo en tecnologías cuánticas».

Europa empezó a invertir en cuántica ya en 2018, lo que la posiciona con una base sólida, aunque los analistas advierten ante los riesgos en fuga de talento e inversión. «Hay que crear un fondo de fondos paneuropeo que permita invertir con fuerza para proteger y escalar las iniciativas e inversiones europeas», recomienda en El País Daniel Granados, profesor de investigación en IMDEA Nanociencia.

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