TENDENCIAS
Sociedad

Cómo gestionar los sentimientos encontrados

Nada hay más natural, y al mismo tiempo más incómodo, que sentir a la vez dos emociones incompatibles entre sí. ¿Por qué se produce esta ambivalencia afectiva y cómo gestionarla?

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
16
abril
2026

Quizás empiezas un nuevo trabajo y te sorprende percibir, entre el entusiasmo y la emoción, cierta nostalgia por ese empleo que creías detestar. Igual una amiga te cuenta que le han ascendido y te sientes culpable porque querrías estar feliz por ella, pero no acabas de estarlo del todo. O puede que no entiendas porque echas tanto de menos a tu padre, si cuando lo visitas, no aguantáis ni un solo día sin discutir. En el mundo real, las situaciones son complejas, las relaciones están llenas de matices y cualquier problemática puede presentar diversas facetas. Para afrontar estas circunstancias, las personas hemos de lograr integrar al mismo tiempo evaluaciones positivas y negativas de lo que acontece, y esa inconsistencia provoca sensación de malestar. Es lo que se conoce como tener «sentimientos encontrados» o, en jerga psicológica, ambivalencia emocional.

Se trata de una experiencia cotidiana y normal que no surge, como podría pensarse, por darles muchas vueltas a las cosas o autoanalizarse en exceso, sino que es una respuesta sana al valorar una situación compleja: una persona puede gustarte y molestarte a la vez; una decisión puede ser difícil de tomar porque hay que soportar cierta incertidumbre sobre las posibles consecuencias; una  situación puede enfrentar las expectativas que tenías sobre una realidad que frustra parte de tus deseos…

Esta ambivalencia resulta desagradable porque viola la motivación humana de ser coherente en los pensamientos, sentimientos y comportamientos. El cerebro detecta inconsistencias y trata de reducirlas. Esa tensión se puede manifestar como nervios, dudas, culpa o malestar físico. Desde la neurociencia se explica que los sentimientos encontrados aparecen porque el cerebro ha de procesar varias señales de forma simultánea. Una emoción no pulsa un solo «botón» en nuestra mente, sino que responde a patrones de actividad distribuidos: varias áreas se activan a la vez y se modulan entre sí. Esto significa que se pueden accionar códigos de placer, miedo, cariño, preocupación o desprecio al mismo tiempo. Al detectar señales opuestas, la corteza cingulada anterior (parte del sistema límbico y de la corteza frontal) permite mantenerlas activas en paralelo, pero también ayuda a regular la intensidad de la respuesta de la amígdala (responsable del estrés) para no abrumar a la mente.

Mientras tanto, la corteza prefrontal ventromedial, que se considera una de las áreas centrales en la toma de decisiones emocionales, integra las gratificaciones pasadas, los riesgos, los valores personales… para sopesar el lado positivo y negativo de una situación. Al mismo tiempo, los sistemas de recompensa y de amenaza se activan en paralelo, haciendo que una misma situación pueda generar ganas y evitación juntas. De hecho, este tipo de emociones mixtas dan lugar a patrones fisiológicos únicos diferentes a los que crean las emociones por separado: de ahí que sintamos la ambivalencia de una forma tan física e incómoda.

La ambivalencia emocional resulta desagradable porque viola la motivación humana de ser coherente en los pensamientos, sentimientos y comportamientos

Lo bueno es que la propia actividad cerebral ayuda también a reducir dicho malestar, adoptando estrategias de afrontamiento, tal y como explica la psicóloga holandesa Hannah U. Nohlen en uno de sus estudios, en el que se analizó, mediante resonancia magnética funcional, la actividad cerebral que se genera en una situación dicotómica. Funciones como «mentalizar», anticipar consecuencias y comparar alternativas son una forma de percibir la ambivalencia, pero también ayudan a reducirla. Lo que puede dar algunas pistas sobre cómo gestionar los sentimientos encontrados de la forma más efectiva posible.

El primer paso es reconocer los sentimientos sin juzgarlos, y nombrar lo que sientes: «Estoy feliz pero también asustado», «me alegra por esto, pero me apena por esto otro». El artículo de Lieberman Putting feelings into words muestra cómo etiquetar una emoción reduce la activación de la amígdala y aumenta la actividad en zonas prefrontales de regulación. Así, poner palabras sobre estados afectivos complejos modula su impacto fisiológico y psicológico.

En ese sentido, reflexionar conscientemente sobre lo que pasó, lo que sentiste y lo que te gustaría que fuera diferente, por paradójico que parezca, ayuda a que la ambivalencia no se quede rondando en la cabeza. La escritura expresiva (describir las emociones que se sienten por escrito) se asocia a menor rumiación y a mayor claridad, y es particularmente útil en personas con dificultad para identificar sentimientos. De la misma manera, hablar con alguien de confianza suele aligerar la carga, y reduce la presión al darnos cuenta de que otras personas entienden nuestros dilemas, y que todos nos enfrentamos a ambigüedades de este estilo en nuestras relaciones personales y decisiones cotidianas. Cuando el malestar es físico, las técnicas de respiración lenta y consciente pueden ayudar a regular el sistema nervioso autónomo.

Y a la hora de tomar una resolución, muchas guías de psicología clínica resaltan que dar tiempo antes de decidir consigue que la ambivalencia se asiente, porque la mente y el cuerpo necesitan procesar las señales contradictorias. Puede resultar de ayuda establecer plazos breves y concretos, para ir a pasos pequeños y evitar el colapso que los sentimientos encontrados pueden provocar. Por supuesto, si el malestar  se prolonga en el tiempo y afecta a la calidad de vida, las relaciones o al sueño, se recomienda buscar apoyo psicológico profesional.

En el resto de los casos, la clave está en la aceptación emocional. No es necesario elegir un sentimiento principal o más real, sino aprender a sostener la complejidad: podemos experimentar dos emociones al mismo tiempo, y no es preciso que ninguna de ellas se descarte. Estamos repletos de contradicciones porque, como diría el poeta Walt Whitman, somos grandes, contenemos multitudes.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

La raíz de la alegría

Mariana Toro Nader

Menos estudiada que la ira, la alegría tiene muchos beneficios para la salud física y mental.

El gobierno de las emociones

Victoria Camps

En 'El gobierno de las emociones’, Victoria Camps muestra la relación que las emociones guardan con la razón.

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME