Ciudades para todos
En 1997 se fijaron los principios básicos del diseño universal, cuyo objetivo es lograr que los espacios públicos del entorno urbano sean inclusivos, funcionales, seguros y accesibles para todos los ciudadanos, eliminando barreras y facilitando su utilización.
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Desde hace años, el concepto de diseño universal se ha impuesto como de necesaria aplicación en los entornos urbanos. Lo que implica es que tanto los proyectos arquitectónicos como los planes de urbanismo de las ciudades partan de un diseño orientado a la accesibilidad, comodidad e inclusión de todos sus habitantes. En nuestro país, el Real Decreto Legislativo 1/2013 contempla una estrategia de diseño universal que elimine cualquier barrera que dificulte la autonomía de todos los individuos, especialmente de aquellos que cuenten con algún grado de discapacidad, tanto en viviendas como en oficinas, edificios públicos y el resto de entornos urbanos.
Para lograr que los espacios públicos y privados de nuestras ciudades sean verdaderamente accesibles para todos, es necesario que cualquier proyecto que vaya a desarrollarse en el entorno urbano tenga en cuenta, desde su planificación inicial, los principios básicos del diseño universal: uso equitativo, flexibilidad en el uso, uso simple e intuitivo, información perceptible, tolerancia al error, esfuerzo físico bajo y tamaño y espacio adecuados.
Algunos principios del diseño universal son la flexibilidad en el uso, uso simple e intuitivo y la información perceptible
Fue en 1970 cuando, en el terreno de la arquitectura, se comenzaron a desarrollar diseños orientados a proveer espacios públicos accesibles para cualquier persona sin necesidad de que sean adaptados a posteriori. En 1989, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad con el desarrollo de diseños accesibles, se fundó en la Universidad de Carolina del Norte (EE. UU.) el Centro de Investigación de Diseño Ambiental. En 1997, los expertos de dicho centro publicaron oficialmente el listado con los siete principios básicos del diseño universal.
Desde entonces, y gracias en gran parte a las nuevas tecnologías, estos principios no han dejado de evolucionar, aplicándose no solamente a los espacios públicos urbanos sino también a los centros de trabajo. La plena accesibilidad logrará que podamos desarrollar nuestra vida en urbes y entornos laborales verdaderamente inclusivos.
El uso equitativo implica que el diseño sea útil y accesible para todas las personas, sin discriminación alguna, permitiendo que puedan usarlo con idéntica privacidad, funcionalidad y seguridad. Rampas de acceso a edificios y puertas automáticas con sensores de movimiento, permiten dicho uso equitativo.
La flexibilidad en el uso permite crear espacios que se adapten a las diversas preferencias y capacidades de cada persona, en cualquier ámbito, desde los cajeros automáticos y otras máquinas dispensadoras o informativas que permitan ajustar el tamaño de texto, el idioma y la navegación hasta las mesas regulables en los espacios de trabajo. Asimismo, para que toda persona, independientemente de su conocimiento previo, pueda comprender de forma sencilla el uso de cualquier diseño, es imprescindible que este sea fácil e intuitivo. Cada vez está más extendido el uso de pictogramas reconocibles universalmente en cuartos de baño, espacios y sistemas de transporte públicos, entre otros.
La flexibilidad en el uso permite crear espacios que se adapten a las diversas preferencias y capacidades de cada persona
El principio de información perceptible logra que esta sea transmitida por canales visuales, auditivos y táctiles, permitiendo así hacerse comprensible para cualquier persona, independientemente de sus habilidades sensoriales. El pavimento táctil en áreas de transporte público y los semáforos con señales acústicas y visuales cumplen dicho principio.
Pensar en diseños con tolerancia al error permite minimizar las consecuencias de errores accidentales o involuntarios, como caídas o botones mal accionados. Muchos ascensores de edificios públicos ya cuentan con botones de emergencia de uso táctil y sonoro que tienen en cuenta dichos errores.
El esfuerzo físico básico es imprescindible tenerlo en cuenta para que la utilización de cualquier espacio o sistema elimine barreras y evite maniobras complejas. Así, ya podemos comprobar como la gran mayoría de cadenas de supermercados cuenta con puertas automáticas y los aseos de espacios y edificios públicos incorporan grifos de palanca de uso sencillo para todos.
Por último, para lograr la plena accesibilidad, los diversos entornos de edificios públicos y centros de trabajo deben contar con el espacio y tamaño adecuados que permitan a personas con distinta movilidad maniobrar en su interior y utilizar sus diferentes elementos de forma cómoda. El mejor ejemplo son los cada vez más comunes cuartos de baño adaptados, que cuentan con barras de apoyo, sistemas de uso sencillos y amplitud suficiente para personas que se desplazan en silla de ruedas.
Nuestra sociedad no deja de evolucionar hacia la inclusión y accesibilidad de todas las personas que la conformamos, y cada día somos más exigentes al respecto cuando pensamos en nuestro entorno urbano y laboral. Los principios básicos del diseño universal son, sin duda, un magnífico aliado, y una mirada atenta a los espacios en que desarrollamos nuestro día a día nos puede ayudar a incorporar nuevas aplicaciones de los mismos.
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