Motor verde
Regenerar los bosques para sostener el futuro
La reforestación se ha convertido en una estrategia ESG para muchas empresas: además de compensar parte de su huella de carbono, pueden generar empleo y apoyar la economía de zonas rurales.
Artículo
Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).
COLABORA
Artículo
Caminar bajo la sombra de un bosque, escuchar el murmullo del viento entre las hojas, disfrutar del olor de los árboles. Pocas sensaciones transmiten tanta calma como un entorno natural bien conservado. Quizá porque intuimos que en él se sostiene mucho más que un paisaje. Los bosques albergan cerca de la mitad de las especies terrestres del planeta, regulan el agua dulce de la que dependen comunidades enteras y actúan como barrera frente a fenómenos extremos, desde inundaciones hasta deslizamientos de suelo.
También son una de las herramientas naturales más eficaces para contener el cambio climático. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en su último informe sobre el estado de los bosques, éstos cubren aproximadamente un tercio de la superficie de la Tierra, y se estima que tendrían un potencial de mitigación de entre 4,1 y 6,5 GtCO₂e para 2030, siempre que exista una gestión forestal adecuada —es decir, entre 4.000 y 6.500 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, lo que incluye CO₂ y otros gases expresados como CO₂ equivalente—. Es una cifra que ilustra hasta qué punto los bosques pueden contribuir al esfuerzo global de mitigación en un momento en que muchos sectores aún arrastran emisiones difíciles de eliminar.
Los ecosistemas forestales ocupan algo más del 55% del territorio español
En España, los ecosistemas forestales ocupan más de 28 millones de hectáreas, una cifra que supera el 55% del territorio, lo que sitúa al país entre los más forestados de la Unión Europea, solo por detrás de Suecia. Además, casi el 41% de la superficie forestal se encuentra bajo alguna figura de protección (Espacio Natural Protegido (ENP), Red Natura 2000 y/o ambas figuras). Sin embargo, factores como el aumento de las temperaturas, las sequías, el abandono rural y la falta de gestión en algunas zonas aumentan la vulnerabilidad de los bosques ante situaciones extremas como los incendios. Según el último informe del Sistema de Información de Incendios Forestales de la Comisión Europea (EFFIS), la temporada de 2025 apunta a convertirse en la más grave desde 2001.

Devolver la vida a la tierra
Ante este panorama, la reforestación se ha convertido en una herramienta urgente para devolver vida a los bosques y proteger tanto al planeta como a las comunidades que dependen de ellos. Pero la restauración de ecosistemas no puede depender exclusivamente de administraciones y organizaciones ambientales: los sectores económicos también pueden ser impulsores de este cambio.
Un ejemplo concreto de esta responsabilidad compartida es Motor Verde, un proyecto de reforestación en la península ibérica impulsado por Fundación Repsol y la empresa especializada en restauración forestal Grupo Sylvestris, en el que ya participan más de 60 empresas y que combina restauración forestal y empleo local. A través de esta iniciativa, las compañías pueden mitigar o compensar parte de su huella de carbono a través de proyectos de absorción registrados en la Oficina Española de Cambio Climático (OECC), como complemento a las estrategias empresariales de reducción de emisiones en origen y, al mismo tiempo, contribuir a la generación de empleo y a la reactivación de economías que llevan décadas perdiendo población. Existen diferentes formas de hacerlo: desde la inversión en proyectos de restauración forestal para compensar parte de la huella de carbono a través de los procedimientos del Ministerio para la Transición Ecológica, hasta la mitigación de las emisiones de las actividades de la empresa apoyando la plantación de especies autóctonas en terrenos deforestados o afectados por incendios.
Reforestar es un proceso lento y complejo que implica mucho más que sumar árboles a un paisaje. Importa qué se planta, cómo, dónde y cómo se cuida después. En Motor Verde se trabaja con especies autóctonas y se realizan tareas de mantenimiento en las zonas restauradas para favorecer su supervivencia a largo plazo, con revisión periódica de resultados y reposición de plantones cuando proceda, un aspecto determinante en contextos cada vez más secos. Desde su lanzamiento en 2021, se han regenerado más de 7.000 hectáreas en España y Portugal, con una absorción potencial estimada de 2,3 millones de toneladas de CO₂ en los próximos cincuenta años.
Además, se han generado más de 3.000 empleos, en los que se ha priorizado a residentes de las zonas y a personas en situación de vulnerabilidad para dinamizar la economía rural. Se calcula que, al colaborar con las empresas locales, más del 70% de la inversión retorna directamente a las comunidades. Además, más de 500 personas han recibido formación en competencias digitales y oportunidades laborales vinculadas a la reforestación y la economía circular.
Por otro lado, este proyecto también está promoviendo la innovación tecnológica en la prevención de incendios. Gracias a la colaboración con Hispasat, compañía española de satélites, se ha instalado un sistema satelital para la detección temprana de incendios, capaz de identificar cambios de temperatura y presencia de gases en tiempo real. Este sistema ya funciona en zonas de Extremadura, Asturias y Portugal.
Motor Verde es un proyecto que permite a las empresas compensar parte de su huella de carbono y, al mismo tiempo, contribuir a la generación de empleo y el desarrollo económico en zonas rurales
Un compromiso a largo plazo
Pero el impacto de proyectos como Motor Verde se potencia cuando se integran en una estrategia de sostenibilidad que promueve cambios estructurales dentro y fuera de la empresa. Este cambio de rumbo implica acciones complejas y valientes, como descarbonizar la producción, acelerar la eficiencia energética, promover la circularidad, digitalizar procesos, reforzar la trazabilidad ambiental o impulsar soluciones basadas en la naturaleza.
Por eso, en la transición hacia un modelo más sostenible, la implicación empresarial debe ir más allá del cumplimiento normativo o de la inclusión de una línea medioambiental en los informes ESG. Si las empresas quieren formar parte de esta transición energética, deben hacerlo con honestidad, ambición y coherencia; hay que comprender, por encima de todo, que devolver vida a la tierra no es un gesto de marca, sino una responsabilidad con el territorio y con las generaciones futuras.

COMENTARIOS