Transformando el reto medioambiental en una oportunidad rural
Lo que durante años se ha considerado un problema ambiental, hoy puede convertirse en una de las mayores oportunidades para el desarrollo rural, la transformación de recursos se convierte en la herramienta clave para impulsar el impacto positivo territorial.
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La sostenibilidad del medio rural requiere aportar herramientas reales que permitan entender la actividad agrícola y ganadera como lo que verdaderamente son: una oportunidad profesional y económica de primer nivel capaz de fijar una población diversa en nuestros pueblos. En este complejo escenario, el gran reto que supone el impacto medioambiental de las granjas puede dejar de ser un hándicap para convertirse en una ventaja competitiva gracias al despliegue de las biorrefinerías rurales.
Hablamos de una evolución clave que parte de una idea tan sencilla como transformadora, y es que aquello que tradicionalmente hemos catalogado como un incómodo residuo (llámese purín, estiércol o subproducto orgánico), es en realidad una materia prima valiosa. En los territorios con una fuerte implantación ganadera, este modelo nos permite avanzar hacia una gestión eficiente de los nutrientes, reduciendo emisiones drásticamente y encendiendo el motor de una bioeconomía local que genera fertilizantes, bioingredientes y energía renovable allí donde se necesita.
La transformación rural consigue que lo que antes era un residuo, hoy es una materia prima valiosa
Desde la perspectiva del Grupo Vall Companys, esta filosofía no es un añadido, sino que encaja de forma natural en nuestra cadena de valor. A través de la hoja de ruta que marca el Programa PENTA hacia 2030, la economía circular se ha consolidado como un vertical estratégico de negocio que conecta nuestros procesos productivos con industrias tan diversas como la energética o la farmacéutica. Las deyecciones ganaderas son, en este sentido, un punto crítico pero lleno de potencial; nuestros purines ya se emplean estrictamente para el abonado de los campos de cereales que luego regresan a la cadena agroalimentaria, un círculo perfecto al que ahora sumamos el procesado de biogás para producir biometano y compost.
Esta transición se asienta sobre proyectos de innovación real y complementaria. El primero de ellos, LIFE Green Ammonia, demuestra cómo el nitrógeno puede dejar de ser un problema ambiental para convertirse en un recurso recuperable a través de tecnologías de membranas capaces de capturar el amoniaco de las instalaciones y transformarlo en fertilizantes ecológicos de alta eficiencia. El segundo, denominado MANUREFINERY, amplía esta lógica mediante el diseño de una biorrefinería descentralizada, modular y móvil a pequeña escala. Este proyecto, que cuenta con una granja porcina demostrativa en España vinculada a nuestro grupo, introduce herramientas de vanguardia como gemelos digitales y ciencia de datos para exprimir al máximo cada nutriente del estiércol.
Iniciativas de este calibre obligan a redefinir el papel de las explotaciones ganaderas dentro del mapa. Las granjas del mañana ya no son simples puntos de producción primaria, sino nodos activos de recuperación de recursos bajo un modelo preventivo y orientado al valor. Para nuestro grupo, implicarse en estos proyectos no es una casualidad, sino la consecuencia de una línea estratégica coherente con el modelo integrado, enfocada en mejorar la eficiencia y generar soluciones con un impacto real en el entorno rural.
El futuro del campo pasa por convertir lo que antes era un problema en una nueva fuente de riqueza
Esta visión ambiental se complementa, además, con una estricta política de autoexigencia operativa. Entendemos que la sostenibilidad ambiental debe caminar de la mano de la salud pública y el bienestar animal; por ello, hemos reducido casi un 60% el uso de antibióticos respecto a 2015 y contamos con certificaciones de bienestar animal que avalan el trato a nuestro ganado.
En definitiva, las biorrefinerías rurales nos muestran el camino hacia el futuro de la agroganadería. Un mañana en el que los purines y estiércoles se consoliden como fuentes estratégicas de valor y donde la colaboración activa entre empresas, universidades y administraciones sea el verdadero motor que traslade estas soluciones desde los centros de investigación hasta su aplicación industrial definitiva.
Coral Carrasco es la Coordinadora de I+D+i en Grupo Vall Companys
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