Economía

«Los jóvenes no vivirán peor que sus padres»

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17
Mar
2023

El optimismo y la esperanza podrían ser primos hermanos. En una sociedad marcada por una situación económica complicada, una pandemia mundial y una guerra a las puertas de Europa, el economista José Moisés Martín Carretero (Madrid, 1973) reivindica un futuro más viable y más humano donde se lleve a cabo la creación de un nuevo modelo económico y social basado en tres pilares: la transición económica, medioambiental y digital. En su último ensayo, ‘El futuro de la prosperidad’ (editorial Ariel), Martín Carretero, que es vocal del Consejo Asesor de Asuntos Económicos del Ministerio de Economía y Transformación Digital, y forma parte del Consejo Asesor del Alto Comisionado España Nación Emprendedora, dependiente de la Presidencia del Gobierno, reniega de la visión apocalíptica que abunda en muchos ámbitos. El economista reivindica la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: son la ruta, defiende, para alcanzar el progreso social y económico.


Su ensayo refleja cierta contrariedad: presenta una sociedad con muchas posibilidades pero también evidencia altas dosis de pesimismo y la impotencia para mejorar. ¿Realmente España es un país sin porvenir?

España es el quinto país donde la gente prefiere vivir, pero eso queda empañado por las tensiones políticas, que generan un clima complicado. El libro parte de una contradicción entre la constatación de ese derrotismo y esa impotencia y a la vez el optimismo de ver que hay un montón de elementos y de herramientas que están a nuestra disposición como nunca antes. No estoy diciendo que todo vaya a ir bien, pero sí que el derrotismo es el peor de los enemigos, ya que hace que uno deje de actuar. En España tenemos una serie de posibilidades que si ponemos en marcha pueden hacer que logremos una sociedad mejor de la que vivimos, pero dependerá de lo que decidamos hacer. 

¿Diría que ese derrotismo social está generado políticamente?

Por supuesto que sí, porque se están haciendo reformas y cambios muy positivos. Hay discursos políticos que generan frustración e impotencia, y una sensación de que no sabemos hacia dónde vamos, cuando realmente tenemos un país con un gran potencial para las energías renovables y una base industrial suficiente para su desarrollo. Yo creo que el gobierno está siendo muy valiente en la lucha contra el cambio climático, así como en materia de digitalización, y por supuesto que hay motivos para estar enfadados, pero también hay que valorar un progreso considerable en los últimos tiempos. Nos queda por avanzar, pero tenemos herramientas suficientes para hacerlo.

«Hay discursos políticos que generan frustración y una sensación de que no sabemos hacia dónde vamos, cuando realmente tenemos un país con un gran potencial»

¿Qué palancas destacaría para lograr una sociedad mejor?

Hay cuatro claves básicas. La primera es el cambio en la política económica de hoy, que nada tiene que ver con la que vivimos hace 15 años. El sistema de protección social que tenemos ahora es mucho mejor que el que se desplegó hace años: basta comparar la gestión de la crisis del 2020 con la del 2008. Además, la Unión Europea avanza en una dirección de política económica que es positiva para la gente. El segundo punto que defiendo es que no estamos condenados a vivir en un mundo en el que seamos esclavos de la tecnología, sino que podemos hacer que funcione a nuestro servicio. Tenemos elementos, como la Carta de Derechos Digitales, para blindar la digitalización como una fuente de oportunidad y no de opresión o desigualdad. El tercero es llevar a cabo planes para luchar contra el cambio climático, y ahí pongo el foco en las ciudades. Si las ciudades cambian y se convierten en espacios neutros climáticamente hablando, hemos hecho el 80% del trabajo. El cuarto punto es cambiar la mentalidad del mundo empresarial, que cada vez está pensando más en cuál es su relación con el entorno y empieza a formar parte de la solución.

Me llama la atención que no destaca la educación como pilar. ¿Es posible llevar a cabo todos estos cambios sin poner el foco en la sensibilización de la ciudadanía?

Creo que tenemos que dejar de castigar a la gente. Las personas están un poco cansadas de que les digan lo que tienen que hacer. Mi propósito era plantear que hay opciones para ser optimistas y mejorar la sociedad, y luego ya que cada uno haga lo que buenamente. Creo en el cambio de mentalidad de las personas y creo que podemos hacer muchas cosas desde ese punto de vista, pero me interesa más hablar de lo que está fuera del alcance del ciudadano, en todo aquellos avances que la ciudadanía piensa que no se están llevando a cabo.

Defiende que hoy en día todos somos decrecentistas. ¿Diría que crecer ya no es el objetivo principal de la sociedad, que se están imponiendo ciertos límites?

Creo que hay una serie de límites que no se pueden traspasar y que, por lo tanto, hay que decrecer para volver a estar dentro de esos límites. Si se le pregunta hoy en día a cualquier economista sensato si prefiere un crecimiento sin frenos o más bien mantener ciertas restricciones medioambientales, estoy seguro de que elegirá lo segundo. El Banco Central Europeo calcula que vamos a dejar de crecer en torno a un 2% anual para luchar contra el cambio climático. Me parece una buena noticia que se estén anteponiendo los principios sociales y ambientales al mero crecimiento económico, eso significa que la economía se está complejizando, porque ya no se mide solamente el PIB, también se tiene en cuenta el bienestar.

¿Cree que el sistema de protección social que impera en España es suficiente? ¿Si nos atenemos a los datos de desempleo o de salud mental, consideras que somos un país que prioriza realmente ese bienestar social?

Antes vivíamos en un modelo de protección social que estaba pensado para un tipo de trabajador con una familia estable y con un acceso a la vivienda de clase media. Ahora ese sistema de protección cada vez atiende a menos gente. Ha sido suficiente hasta ahora, pero no atiende a los nuevos espacios, ni a los nuevos tipos de trabajo y tipos de familia. Tenemos que ir a un modelo de bienestar diferente del que tenemos ahora, uno capaz de ofrecer protección a quien se está quedando sin protección. Hay un cambio generacional y unas condiciones materiales que han evolucionado, por lo cual el sistema también tiene que evolucionar.

«El sistema fiscal es claramente insuficiente, poco progresivo y no atiende plenamente a las necesidades que tenemos como sociedad»

El sistema público de pensiones ha abierto un debate generacional. ¿Cree que es una falacia decir que ahora los jóvenes viven peor que sus padres?

Creo que es falso decir que nuestros hijos van a vivir peor que nosotros. El problema ahora es que las perspectivas de crecimiento económico son peores que antes. La generación que nació en 1960, en sus primeros 30 años de vida, vio cómo la renta per cápita de nuestro país se multiplicó por tres. Para la generación que nació en el año 2000, la renta per cápita está estancada. Por eso defiendo un nuevo contrato social donde la sociedad del bienestar no se base únicamente en el crecimiento económico, porque el crecimiento económico no va a ser nunca ya el que fue y por tanto el modelo vital no puede ser el que tuvieron tus padres.

De cara a ese nuevo contrato social que defiende, detalla que nuestro sistema fiscal es uno de los que menos redistribución genera. ¿Tiene sentido apostar por unas políticas que rebajan impuestos?

En España tenemos un problema serio con los impuestos, porque al final no hay un consenso sobre qué nivel de servicios públicos queremos. Junto a Italia, somos el país de la OCDE que dedica menos recursos a atender a los más desfavorecidos. El sistema fiscal es claramente insuficiente, poco progresivo y no atiende plenamente a las necesidades que tenemos como sociedad, así que claro que necesitamos una reforma.

¿Cree que es un fallo del actual Gobierno no haber apostado por esta reforma fiscal?

Es el mayor error que ha cometido el gobierno de coalición. La tenían que haber llevado a cabo justo cuando llegaron al mando. La reforma fiscal es lo más difícil de sacar, es lo que más coste político tiene y, una vez puesta en marcha, es lo más difícil de cambiar. Creo que ahí se equivocaron gravemente, porque todos necesitábamos una reforma fiscal en profundidad, y todos lo estábamos esperando.

«No haber apostado por una reforma fiscal es el mayor error que ha cometido el gobierno de coalición»

¿Cómo valora la decisión de Ferrovial? ¿Considera justificadas las críticas?

Creo que Ferrovial es una empresa que está ya muy internacionalizada y solo está buscando mejores condiciones de financiación de su crecimiento en mercados financieros más amplios y profundos que el español. Seguramente la decisión no ha sido bien comunicada, pero a mi parecer el Gobierno ha sobrerreacionado en su respuesta. Los movimientos transnacionales de empresas se dan todos los días y forman parte de las libertades de movimiento y establecimiento de la Unión Europea.

¿Qué opina de aquellos que defienden que tal decisión no es patriótica?

Apelar al patriotismo me parece una mala estrategia. Ferrovial va a mantener en España, de momento, más de 5.000 puestos de trabajo. Va a seguir siendo una empresa importante. Mi idea con este caso es que deberíamos tener un entorno lo suficientemente atractivo para que no se fuera ninguna empresa y para que vinieran más. También tendríamos que pensar en cómo el mercado único está inclinado para que siempre ganen los mismo países.

Percibo cierto desencanto con los partidos actuales. ¿La crispación política está enturbiando el ámbito económico?

Una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo es que la economía se está complejizando y la política se está simplificando. En política lleva tiempo instalada la brocha gorda y la falta de matices. Pienso en el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, que hizo campaña electoral contra la zona de bajas emisiones. Este tipo de cosas son las que hacen que se pierda el ánimo.

Defiende la Agenda 2030 como un buen marco de referencia. ¿Qué le diría a los que ponen en duda el cumplimiento de sus objetivos?

Hay mucho mito con este asunto. La Agenda 2030 es universal, llega a la Asamblea General de las Naciones Unidas y 192 países después de un debate de una década, refrendado por una consulta ciudadana. No surge de la cabeza de cuatro elitistas, es un proceso de construcción complejo. Creo que tenemos tiempo para actuar en elementos centrales como la lucha contra la pobreza, el cambio climático o la digitalización. Está claro que necesitamos acelerar, pero hasta el año 2020 la pobreza global se había revertido; volvió a crecer por una pandemia tremenda pero, pese a todo, creo que se puede revertir todo esto en 2030.

«Es una pena que en España tengamos una visión tan negativa de las alianzas público-privadas: el dinero privado puede ayudar a preserver el planeta y están surgiendo oportunidades de negocio»

El coste para lograr una transformación ecológica de la economía asciende a entre dos y cuatro billones al año hasta 2050. En este reto, defiende que la capacidad del sector público en España es pequeña.

Creo que lo público no tiene todas las herramientas suficientes como para movilizar esto, por eso defiendo la participación del capital privado. La mayor movilización de recursos por el green deal fue de 500.000 millones de euros para siete años. Es una pena que en España tengamos una visión tan negativa de las alianzas público-privadas, porque el dinero privado puede ayudar a preserver el planeta y están surgiendo oportunidades de negocio. Hay que entender que no puede haber rentabilidad en un mundo que está hecho un erial.

Menciona a los trabajadores de plataforma. ¿Los cambios en el modelo de trabajo actual están llevándonos a una precariedad inevitable?

Un empleado de Glovo, Uber o Deliveroo son trabajadores normales que están en condiciones precarias, y así lo establece la ley. Un trabajador de plataforma es una persona que a través de las plataformas tiene muchos clientes diferentes e interviene con todos ellos de manera diferente. La plataforma es un marco de intermediación positivo y genera un mercado para que esa persona encuentre a sus clientes o a sus proveedores. El problema es que el sistema no está pensado para un trabajador; por ejemplo, para un periodista freelance que trabaja para cuatro medios. En el momento en el que tú estás trabajando con varias empresas, hay diferentes espacios donde sufres una desprotección que no es responsabilidad de nadie más que de ti mismo. Ese tipo de trabajadores en España está desprotegidos y hay que reformar el sistema. Hay que tejer ese nuevo contrato social.

Menciona el nuevo contrato social a menudo, y también pone el foco en la transición justa.

Sí, porque son temas clave que hay que explicar bien para que no se transformen en conceptos vacíos. La Transición Justa me parece importante, pero entendiendo que nunca va a poder ser barata, rápida y justa a la vez. Hay que hablar de cómo gestionamos los millones de empleos que van a estar afectados por esta transición climática, cómo vamos a financiar este proceso a través de dinero público… A mí me preocupa que se vuelvan conceptos vacíos.

¿Le preocupa que el auge de la extrema derecha, como ha sucedido en Italia, dificulte los objetivos que menciona?

Bueno, claro que nos influye tener un gobierno de extrema derecha en el sur de Europa que demoniza los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero creo que estas ideologías también están supeditadas al interés nacional. Creo que ahora mismo hay mucho ruido político y muchos numeritos pero el impacto es más simbólico que real, como podemos ver en Castilla y León o en Madrid. Al final ambas comunidades siguen comprometidas con los objetivos marcados por mucho ruido que generen. Si todos los gobiernos de la Unión Europea terminan en manos de la extrema derecha, tendríamos un escenario diferente, pero de momento el marco institucional que tenemos es lo suficientemente sólido como para aguantar.

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