En la crisis de la salud mental, las farmacias son parte de la solución

Los problemas de salud mental tienen el efecto de una bomba de racimo en las familias que los viven y de un agujero negro en las economías nacionales. El afectado o la afectada sufren por patologías que la sociedad rara vez comprende o conoce en profundidad, y su entorno padece el doble castigo de ver sufrir y de sentirse inerme ante el sufrimiento.

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Yvonne Redín
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Los problemas de salud mental tienen el efecto de una bomba de racimo en las familias que los viven y de un agujero negro en las economías nacionales. El afectado o la afectada sufren por patologías que la sociedad rara vez comprende o conoce en profundidad, y su entorno padece el doble castigo de ver sufrir y de sentirse inerme ante el sufrimiento. A la angustia, el dolor y el miedo que acompañan cualquier enfermedad importante, se une la frustración de un sistema sanitario que carece de los recursos para hacerle frente, a pesar de lo rentable que sería la solución: antes de la pandemia, la OCDE estimó en 45.000 millones de euros anuales el coste derivado de este desafío para España, una cifra que se habrá disparado durante los dos últimos años.

En este contexto, las farmacias llegan a jugar un papel imprescindible en la prevención y respuesta a la crisis de salud mental.

De acuerdo con el estudio más reciente del Sistema Nacional de Salud (Base de Datos Clínicos de Atención Primaria, publicada en 2021 sobre datos de 2017), un 30,2% de las mujeres y un 24,4% de los hombres presentan en España algún tipo de problema de salud mental. La ansiedad y la depresión son los trastornos más habituales, pero el espectro incluye patologías más graves como la anorexia nerviosa, las psicosis y la esquizofrenia. Desde los jóvenes a los ancianos, casi ningún espectro de edad se libra de una carga que ha crecido de manera alarmante durante la pandemia y el confinamiento: tanto la depresión como la ansiedad han crecido un 27% y un 25% respectivamente, castigando a grupos de población menos habituales como los trabajadores en activo.

En España, un 30,2% de las mujeres y un 24,4% de los hombres sufre algún problema de salud mental

El contexto social y sanitario en el que se produce esta epidemia de salud mental es diferente al de otras enfermedades. En parte, nuestro sistema público carece de los recursos adecuados para hacerla frente, con variaciones notables entre regiones. Solo en lo que se refiere a la atención de profesionales de la psiquiatría en el sistema público, las comunidades autónomas mejor dotadas –como el País Vasco, Asturias o Cataluña– doblan en capacidades a las que están en peor situación –como Melilla, Andalucía o La Rioja–. Los centros de corta y larga estancia escasean hasta el punto de haberse convertido en un pingüe negocio para los inversores privados.

Pero los servicios más especializados y las infraestructuras, en todo caso, son la cúspide de una pirámide en cuya base se encuentran la capacidad de autocuidado, la intervención comunitaria y los servicios de salud primaria. Estas piezas del sistema –más baratas y más eficaces para la prevención y la identificación temprana de las enfermedades– constituyen uno de los desafíos principales del sistema español y una de las prioridades para las autoridades sanitarias.

Las farmacias constituyen un punto de proximidad fundamental en la prevención y respuesta a la crisis de salud mental

Y ahí es donde las farmacias juegan un papel insustituible. Como hemos podido comprobar en el transcurso de la investigación realizada entre ISGlobal y el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, las farmacias constituyen un punto de proximidad fundamental en diferentes fases de la cadena de prevención y respuesta a la crisis de salud mental. Las farmacias –muy especialmente los establecimientos rurales o fuera de las capitales de provincia, que son dos de cada tres de las 22.137 que hay en España– ofrecen al ciudadano un punto de apoyo antes, durante y después de su problema mental: promueven hábitos preventivos, identifican las necesidades, derivan a los centros de salud y contribuyen a la adherencia de los tratamientos médicos. Lo que es tanto o más importante, las farmacias ofrecen una imprescindible capacidad de escucha donde muchas veces no llega el sistema sanitario o de protección. La iniciativa «Mascarilla-19», por ejemplo, permitió a muchas mujeres víctimas de violencia de género utilizar estas palabras clave durante el confinamiento para pedir ayuda a través de sus profesionales farmacéuticos.

Este trabajo, sin embargo, no puede depender de la buena voluntad de los profesionales y de su intuición para identificar los problemas de salud mental. Los colegios han pedido mayor formación, recursos y sistemas de coordinación que aprovechen todo el potencial que ofrecen las farmacias. Un apoyo fundamental al que no podemos renunciar.


Gonzalo Fanjul es director de análisis de ISGlobal

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