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Los cimientos del presente (y del futuro)

Vivimos una de las épocas más prósperas de la historia. Sin embargo, los avances tecnológicos y médicos de hoy son posibles gracias al trabajo científico de décadas o incluso siglos. ¿Cómo será el mundo que construyamos nosotros para las generaciones futuras?

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En la España de 1920, los avances sanitarios eran uno de los elementos que se leían en clave de modernidad: la salud se había convertido en el mejor indicador del avance y el progreso de las sociedades. Sin embargo, cuando se lee esa época de cambios un siglo después sorprende todavía descubrir cómo vivían, cómo enfermaban y cómo sanaban los españoles de entonces.

Así, llama la atención que el ayuntamiento de Santiago de Compostela –un ejemplo de tantos– agradeciese en esos años de forma oficial el valor de quienes cuidaban a quienes padecían ciertos tipos de meningitis, que se veía como algo excepcional por ser algo tan peligroso entregarse a esos cuidados  (y, por supuesto, se hacía seguimiento de los casos, por temor a focos de contagio). De hecho, la salud era un elemento tan complejo y delicado que la ciudadanía estaba dispuesta a comprar lo que fuese si prometía sanar o prevenir: eran los anuncios que dominaban en los medios de entonces, con bálsamos, jarabes y píldoras que lo curaban –o eso decían– todo. Y si la salud humana presentaba grandes retos con soluciones que hoy vemos como altamente cuestionables, la salud animal era ya un mundo completamente aparte, a años luz de los avances de 100 y hasta 50 años después.

Sin embargo, y a pesar de esto, en esos inicios de siglo se vivía un pleno boom de descubrimientos. Por ejemplo, ya en la I Guerra Mundial, Marie Curie puso en marcha un pionero cuerpo de servicios de radiología móviles. Después de la II Guerra Mundial, el avance se aceleró todavía más: tendría lugar una gran conquista de la salud, con un avance notable no solo en la esperanza de vida, sino también en la calidad de la misma.

El siglo XX fue el de los grandes avances en salud, con la conquista de hitos década tras década

Los hitos se fueron sucediendo año tras año y década tras década. Se popularizaron los antibióticos, que convirtieron en problemas leves lo que antes podría haber llevado a alguien a la tumba, y se integraron en la normalidad médica los trasplantes, que consiguieron algo que a los españoles de hace 100 años les hubiera parecido casi una cuestión de ciencia ficción. La innovación científica se sucedía mientras se iban desarrollando y poniendo en marcha nuevas soluciones que mejoraban la vida de las personas y resolvían (o permitían convivir con) enfermedades de todo tipo.

Por supuesto, estos avances no tenían solo una cara positiva. Cuestiones como el respeto por el medioambiente o la justicia social eran conceptos que ni se tenían en cuenta ni alteraban los caminos de la ciencia. Al fin y al cabo, y por muchos hitos que se hayan ido alcanzando a lo largo del siglo XX, quedan muchas fronteras por desarrollar en este siglo XXI. Todavía existen males sin remedio y, por supuesto, se necesita hacer mucha más prevención o mejorar las medicinas ya disponibles. Todos los avances del pasado nos han traído hasta este presente en el que se vive mucho más y mejor, pero no por eso está todo hecho. Nada más lejos de la realidad: se necesita seguir innovando, si bien sin caer en los mismos errores que en el pasado.

Comprometidos con el entorno

Por eso, la innovación farmacéutica tiene ahora muy presente no solo la importancia crucial de los avances y cómo estos impactan en la salud de la ciudadanía, sino también que todo debe realizarse desde un punto de vista sostenible. «Nuestra organización lleva muchos años comprometida con la gestión estratégica de los impactos no financieros: el medioambiente, los profesionales de la organización y la comunidad en la que desarrolla su actividad, además de la relación con otros grupos de interés como pacientes, proveedores y administración pública», explica Ana Urmeneta, coordinadora de Desarrollo sostenible para las generaciones de Boehringer Ingelheim España.

La industria farmacéutica del siglo XXI lo tiene claro: hay que seguir innovando, pero de forma sostenible

Boehringer Ingelheim está, de hecho, de aniversario en España, donde abrió sus primeras instalaciones en 1952 –como apuntan desde la compañía, fue ya entonces cuando consideraron al país como un «site estratégico a nivel internacional»– y donde cuenta ya con 70 años de experiencia que le permiten entender cómo debe ser esa innovación. Para asentar los cimientos del futuro en salud es crucial no olvidar cómo afecta en el presente a las personas, a los animales y al medio ambiente. En resumidas cuentas, se debe tener un impacto positivo en el entorno.

En el caso de Boehringer Ingelheim, esta idea ya forma parte del core de su estrategia corporativa. Su estrategia Desarrollo sostenible para las generaciones asienta su trabajo en lo que consideran «pilares estratégicos»: tres líneas maestras para avanzar e innovar, pero desde ese impacto positivo en la sociedad.  «Ponemos el desarrollo sostenible en el centro del negocio: los recursos, el entorno, los profesionales que formamos parte del equipo y las sociedades donde actuamos», resume Urmeneta, recordando que al trabajar «para satisfacer las necesidades de la salud humana y animal» están en una posición «única» para «hacer frente a retos de desarrollo sostenible interrelacionados». Pero ¿en qué consiste esta estrategia sostenible? En su caso, actúan desde tres pilares: «more health» (o más salud), «more potential» (o más potencial), y «more green» (o más verde).

Boehringer Ingelheim ha logrado recuperar 10.700 metros cúbicos de agua en 2021

Desde la perspectiva sanitaria, Boehringer Ingelheim trabaja por la prevención, promoción de hábitos saludables y sensibilización: han gestionado un total de 16 campañas de divulgación de patologías como Ningún Paciente en Pausa, impulsada desde la plataforma CH2025 (de la que Boehringer Ingelheim forma parte) sobre la cronicidad. Pero también celebran encuentros como el Patient Day, en el que escuchan a decenas de asociaciones de pacientes para poner en común aprendizajes, conocimientos y experiencias para mejorar la calidad de vida de los pacientes. O el foro Changing Health, que persigue el avance hacia una atención sanitaria basada en el valor y centrada en el paciente.

Pero desde la farmacéutica son conscientes de que una sociedad no podrá ser saludable si se desatiende el bienestar o el desarrollo económico. Para avanzar en este aspecto, la farmacéutica cuenta con acuerdos internacionales y locales como Making More Health junto a Ashoka. El objetivo: conseguir cambios a través de emprendedores que aporten proyectos innovadores sobre salud y bienestar a la sociedad. Pero, además, también favorecen el bienestar y talento diverso de sus empleados con iniciativas locales como  LETBE, para la integración y defensa del colectivo LGTBIQ+ o MAR (Mujeres alcanzando retos). 

El último pilar de su estrategia de sostenibilidad se refiere a un aspecto esencial que complementa a los otros dos pilares y que es básico para la propia actividad de la compañía –y de la sociedad en general–: el cuidado del medio ambiente. Además de centrarse en la reducción de residuos (un 8% menos en 2021) y en su valorización, ponen el foco en la minimización de consumo de agua (se recuperaron 10.700 metros cúbicos en 2021) y en el uso de energía 100% renovable. Pero también en el cambio sostenible en la movilidad a través de la instalación de placas solares y cargadores eléctricos. Iniciativas que, junto a otras, les han permitido obtener el reconocimiento Carbon Neutral en sus operaciones.

El presente se asienta sobre los cimientos de todo lo que se ha avanzado hasta ahora, pero afianza un futuro en el que no solo se seguirán resolviendo retos, sino que además se hará de una manera mejor.

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