«La conciencia de los jóvenes impulsará el emprendimiento social»

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Borja Rebull
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Casi todas las empresas, también las tradicionales, nacieron con un propósito social. Así lo explica Irene Milleiro, directora de Ashoka España, cuando se le pregunta por el papel que las compañías deben jugar en la construcción de un futuro en el que el medio ambiente y la justicia social convivan con la prosperidad económica. De recuperar esa idea, de romper la dinámica de las últimas décadas para que la innovación y el propósito precedan a la cuenta de resultados, dependerá –en buena medida– que alcancemos un futuro deseable (o, en cambio, continuemos degradando nuestros entornos.


La aceleración del cambio climático, la disrupción de la pandemia o la reordenación geopolítica del mundo han despertado sensibilidades que demandan a empresas e instituciones un cambio de paradigma en el que la sostenibilidad ambiental y el bienestar social se sitúen en el centro. ¿Estamos preparados para afrontar tal transformación? 

Estamos preparadísimos. No hay motivos para pensar otra cosa. Con tanta prosperidad, con tantos avances científicos, con tanta conciencia social y medioambiental… Como sociedad podemos abordar esta transformación. Pero hace falta ese empuje y esa valentía para poder hacerlo. 

¿Cuál es la clave para culminar con éxito esta transformación?

Hay que cambiar la manera en que medimos el éxito. Dejar de pensar tanto en el dinero y valorar más el impacto social y medioambiental. Y dejar de pensar en el corto plazo para valorar más el largo plazo.

«La sociedad está más preparada que nunca para el cambio»

¿Qué papel juega el emprendimiento social como herramienta de transformación entre las nuevas generaciones?

Lo que busca, en definitiva, es resolver de forma innovadora un problema que existe en la sociedad. Idealmente, cambiando o revolucionando el sistema en el que ese problema existe. Creo que la especial conciencia que traen las nuevas generaciones va a lograr que cada vez haya más emprendedores sociales, porque querrán que su idea no sea solo una idea de negocio, sino de negocio con impacto positivo. 

La digitalización también ha traído nuevas formas de activismo digital a través de redes sociales o plataformas como Change.org. ¿Cómo afecta esto al cambio de paradigma en cuestión?

La tecnología, básicamente, ha conseguido que cada persona pueda comunicarse con otras, organizarse con más gente, lanzar sus mensajes y amplificarlos hacia la sociedad de manera muy sencilla. ¿Tiene riesgos la tecnología? Claro que sí. Pero llevamos pocos años con esta revolución que ha avanzado muy rápido y los legisladores no han sabido muy bien cómo regularla. No obstante, creo que ese va a ser precisamente el camino de los próximos años

Si nos centramos en las empresas tradicionales, ¿deberían su estrategias y objetivos alinearse con propósitos que persigan la mejora del bienestar general? 

Casi todas las empresas tradicionales, cuando se fundaron, lo hicieron con un propósito. Y a veces, desde Ashoka, les decimos a esas empresas «id hacia atrás, a la persona que fundó esta empresa» porque normalmente había un propósito social. En aquellos momentos se veía a las empresas como parte del contrato social, y es como deben verse ellas mismas hoy en día. 

Recientemente se ha aprobado en el Congreso de los Diputados la creación de la figura jurídica de las «Empresas con Propósito». ¿Es una política eficaz? 

Sin duda es un buen paso adelante, ahora queda por ver cuáles son los detalles de las empresas con propósito. Lo importante es que lo sean con un propósito de verdad, con estándares sociales, medioambientales y de gobernanza serios y garantistas. 

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