Sociedad

El VIH ayer y hoy: desde el origen del estigma hasta la ¿cercana? cura

La prensa de la década de los 80 llegó a denominar este virus como «peste rosa» o «síndrome homosexual». Aunque esos términos ya no aparecen por ningún lado, lo cierto es que los prejuicios alrededor de este virus no han desaparecido. Hemos sido espectadores de una batalla sanitaria y social, pero ¿qué logros se han alcanzado hasta ahora? ¿Cuál será el siguiente paso?

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01
Dic
2022
VIH

Corría el año 1981 cuando el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos convocó una rueda de prensa alertando de cinco casos de una neumonía con un curso atípico causada por el hongo Pneumocystis jirovecii. Al mes siguiente, varios de los pacientes fueron diagnosticados de sarcoma de Kaposi, un cáncer de piel que se manifiesta en manchas de color violeta. Poco a poco, el listado de patologías comórbidas aumentó por culpa de infecciones oportunistas, llevando a la mayoría de personas a la muerte.

Las personas con esta enfermedad desconocida mostraban un denominador común: su sangre contenía pocos linfocitos y practicaban sexo con otros hombres. El primer hallazgo pasó inadvertido, pero el segundo fue el germen de un estigma que nos acompaña incluso en la actualidad. La prensa comenzó a utilizar el término «peste lila» haciendo referencia a las manchas causadas por el sarcoma de Kaposi, pero pronto aparecieron expresiones abiertamente homófobas como «síndrome homosexual» o «cáncer gay». Los medios contaban con el respaldo de la propia comunidad científica, que se refería a esta epidemia como «Deficiencia Inmunitaria Relacionada con la Homosexualidad», más comúnmente GRID por sus siglas en inglés. Se había apretado el gatillo de la pistola de la desinformación y la bala viajaba veloz arrasando con todo.

Un año después, el acrónimo GRID se sustituyó por el que a día de hoy conocemos y sigue vigente: SIDA o Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. La gran pregunta era su causa, y no fue hasta 1984 cuando la bioquímica Françoise Barré-Sinoussi y el virólogo Luc Montagnier dieron con la respuesta. La afección había llegado a Europa y aunque había pocos casos –aproximadamente cincuenta–, era agresiva por su celeridad y letalidad. A contrarreloj, detectaron un virus que afectaba al sistema inmune y que se transmitía por vía sanguínea, sexual o vertical de madre a hijo. Simultáneamente, comenzaron a elaborar pruebas de diagnóstico y a investigar un tratamiento que tardó años en llegar. El VIH era un enemigo conocido, pero nadie sabía cómo combatirlo.

Gracias al incansable esfuerzo del colectivo LGTBQ+ y de la comunidad médica, en 1986 se presentaron los primeros resultados positivos de un ensayo clínico con personas con SIDA

En esta lucha biomédica hubo un colectivo clave: la comunidad LGTBQ+. Pese al miedo a lo desconocido y la discriminación constante, grupos de Nueva York y San Francisco comenzaron a realizar campañas mediáticas, artículos críticos y manifestaciones con el objetivo de frenar el estigma y el virus, y poco a poco más Estados se sumaron a la reivindicación. Destacó la Declaración de Principios de Denver, un documento que exigía la participación de la comunidad gay en la investigación contra el VIH: todos les señalaban, pero nadie los escuchaba.

«Apóyanos en nuestra lucha contra aquellas personas que quieren echarnos de nuestros trabajos, expulsarnos de nuestros hogares, que se niegan a tocarnos o que nos separan de nuestras personas amadas, nuestras comunidades o nuestros iguales», abogaba el escrito. «No conviertas a las personas con SIDA en un chivo expiatorio, no nos culpes de la epidemia ni generalices sobre nuestro estilo de vida».

Gracias al incansable esfuerzo del colectivo LGTBQ+ y de la comunidad médica, en 1986 se presentaron los primeros resultados positivos de un ensayo clínico con personas con SIDA. Se trataba del primer antirretroviral, un medicamento diseñado para evitar que el VIH se replicase dentro del cuerpo y, en consecuencia, mantener estable la cantidad de células CD4, los glóbulos blancos que el virus atacaba. Era cuestión de vida o muerte su aprobación y distribución, pues la Organización Mundial de la Salud había identificado el virus en 85 países y subiendo.

Todavía hoy un 11% de la población sigue creyendo que el virus se transmite compartiendo un vaso y un 12,6% asocia el VIH y el SIDA a determinados colectivos (gays, consumidores de drogas y trabajadoras sexuales)

En 1987 se aprobó su comercialización y empezó a frenarse la epidemia. Un año más tarde, el 1 de diciembre fue designado como el Día Mundial en la lucha contra el SIDA y en España se lanzó la primera campaña mediática de prevención con eslogan «sí da, no da». En el anuncio, se explicaban las situaciones en las que era posible la transmisión del VIH y las que no. Lamentablemente, el mensaje no caló del todo y los mitos siguen presentes a día de hoy.

Según el estudio Creencias y actitudes de la población española hacia las personas con VIH de 2021, un 11% de la población sigue creyendo que el virus se transmite compartiendo un vaso, un 12,6% todavía asocia el VIH y el SIDA a determinados colectivos (gais, consumidores de drogas y trabajadoras sexuales) y un 36,3% se sentiría incómoda si su hijo tuviese un compañero de clase con VIH. Estos prejuicios chocan con la evidencia, pues el VIH es indetectable e intransmisible si se sigue un tratamiento, y una de cada tres transmisiones se produce durante una relación heterosexual en España, según los datos del Ministerio de Sanidad.

Una de cada tres transmisiones se produce durante una relación heterosexual

No obstante, aunque no hemos logrado desligar los prejuicios de la población general, sí que hemos encontrado cobijo en la ciencia. A lo largo de los años, se ha trabajado con gran rigor para lograr nuevos avances médicos. El más importante es el Tratamiento Antirretroviral de Gran Actividad (TARGA), aprobado en 1996 y considerado en la actualidad como el mayor descubrimiento terapéutico para frenar el VIH.

Casi una década después ha surgido un nuevo tratamiento desarrollado por dos farmacéuticas: ViiV Healthcare y Janssen –popular a raíz de las vacunas contra el coronavirus–. Se trata de la primera terapia antirretroviral de acción prolongada inyectable cada dos meses, algo revolucionario si tenemos en cuenta que a día de hoy el tratamiento consiste en una pastilla diaria. Este hallazgo promete mejorar la adherencia y la salud de quienes viven con VIH.

La ciencia nos repite una y otra vez que VIH no es lo mismo que SIDA, que con tratamiento antirretroviral el virus es indetectable e intransmisible y que, como ya hemos visto, no hay prejuicios que valgan. Por eso los retos de los años venideros no serán solo sanitarios, sino todo sociales; lo más urgente no es la cura contra el VIH, sino el antídoto contra la serofobia.

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