Economía

¿Qué hacer para no ser como el pavo de Acción de Gracias?

Debemos evitar ser como ese entrañable animal y pensar que mañana se nos dará de comer igual que hoy. Para ello, solo cabe mirar hacia el futuro, abrir la mente y, sobre todo, ampliar nuestra visión.

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24
Nov
2022
acción de gracias

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Al disfrutar de una aparente vida de prosperidad y bienestar, el pavo no sabe que en realidad está siendo engordando para el Día de Acción de Gracias. Vive confirmando la regla de que todos los días le alimentan, ganando seguridad y confianza a medida que se acerca el día de su inminente sacrificio. En su día de mayor sentimiento de seguridad, el pavo llamado Riesgo fue sacrificado, como nos recuerda Nassim Nicholas Taleb en su libro Cisne Negro (Paidós). En él, Taleb nos explica que tendemos a confundir una observación ingenua del pasado como un futuro definitivo debido a nuestra incapacidad de comprender los riesgos de baja probabilidad (y alto impacto).

Anticipar riesgos disruptivos no parece tarea fácil, y la tendencia humana a empeñarnos en pensar que el pasado es lo único que define el futuro nos lleva ineludiblemente a una primera medida drástica: abrir la mente, ampliar la visión, atender a las cosas como nunca antes lo habíamos hecho y analizar los riesgos auditando el entorno de otra manera. 

Y aunque pareciera que la primera medida fuera aprender, más bien es lo contrario: repensar lo que se considera sabido. Esa es precisamente la idea de Piénsalo otra vez (Deusto), el libro de Adam Grant donde se comparte el potencial de abrir la mente y descubrir de nuevo el mundo desde la capacidad de reflexionar acerca de lo que pensamos que sabemos; es decir, escuchando al entorno como si estuviéramos equivocados en nuestras ideas.

Uno de los puntos clave está en saber cuándo tomar una decisión de cambio. En su libro Quit: The Power of Knowing When to Walk Away (Penguin), Annie Duke anima a superar el sesgo de la heroicidad vista en la perseverancia, ya que en ocasiones puede llevarnos a consecuencias catastróficas. Esto puede aplicarse a decisiones empresariales (como mantener productos y servicios que van camino de la obsolescencia), pero también a decisiones personales (como mantener una pareja o una amistad más cargante que positiva) e incluso a una revisión del pasado.

Para anticiparnos a los riesgos necesitamos abrir la mente, ampliar la visión y atender a las cosas como nunca antes lo habíamos hecho

En este sentido, Manuel de Landa propone en Mil años de historia no lineal (Gedisa) deconstruir nuestras ideas sobre el progreso y la temporalidad, reinterpretando el último milenio desde visiones capaces de superar perspectivas limitadas como el eurocentrismo y el antropocentrismo. ¿Y por qué no revisar también el futuro? Diamandis y Kotler nos advierten: El futuro va más rápido de lo que crees (Deusto), e imaginar las turbulentas experiencias de la próxima década se antoja una actividad difícil, aunque fascinante. De hecho, Cecily Sommers explica en su libro Think Like a Futurist (Bass) cómo el hecho de pensar como un futurista ayuda a todo tipo de personas y empresas a salir de ese permanente presente que nos ciega.

Todos estos autores consideran que repensar lo sabido es algo incómodo y agotador, si bien también necesario en este mundo volátil y cada vez más incierto: en el desarrollo tecnológico exponencial, en el desafío climático y en los complejos escenarios geopolíticos, un hecho disruptivo puede cambiar las reglas del juego. De la misma forma que el invento del ascensor fue un elemento clave en el desarrollo de la propiedad horizontal a mucha mayor escala y derivó en megaedificios y macrociudades impensables hasta entonces, Desjardins nos recuerda que estamos rodeados de Señales (Deusto) que, detectadas a tiempo, nos pueden ayudar mucho en la comprensión del mundo y la toma de decisiones inteligentes. De hecho, hay muchas señales –están por todas partes–, si bien fácilmente se confunden con el Ruido (Debate), sobre el que Kahneman apunta: limita la calidad de una predicción sobre el futuro. El ser humano está lleno de errores de juicio y sesgos, pero se pueden trabajar logrando cierto grado de éxito; así lo ha constatado en ámbitos como la salud, las ciencias forenses y la contratación y selección de empleados. 

En definitiva, nadie puede predecir el futuro, pero sin duda será distinto, como dicen José María Blanco y Óscar Jaime; detectar señales, anticipar amenazas y repensar los riesgos abriendo la mente nos puede alejar de la historia del pavo de Taleb. No obstante, con una diferencia previa: nosotros estamos advertidos.

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