Siglo XXI

«La planificación urbanística es vital ante las amenazas volcánicas»

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19
Sep
2022

Los volcanes han redefinido la vida de las ciudades desde tiempos inmemoriales. Un buen ejemplo es la histórica erupción de Pompeya, que ha alimentado mitos y dado a luz a cientos de historias. Existen adoraciones casi literarias, como en el caso del Popocatépetl en México. Pero lo cierto es que la actividad volcánica sigue redefiniendo en la actualidad la vida de numerosas poblaciones, y en España encontramos el caso de la mega erupción del Cumbre Vieja, en la isla canaria de La Palma, que duró más de 80 días y dejó un balance económico de daños de 842,33 millones de euros. Nadie creía que algo así pudiera ocurrir. Nadie, salvo vulcanólogos como Stavros Meletlidis, del Centro Geofísico de Canarias del Instituto Geográfico Nacional, una de las autoridades más prestigiosas en la materia que pasó los meses a pie de volcán ayudando a la población. Llegó a la isla como integrante del equipo de la Red de Vigilancia Volcánica del IGN una semana antes de la erupción porque sospechaban, por los datos recabados desde el inicio del enjambre sísmico del 11 de septiembre, que algo se movía en el subsuelo. Un año después, Metelidis insiste en que estudiar los volcanes es estudiar también la actividad humana, un trabajo tanto científico como técnico que se sostiene sobre una evidencia: como con cualquier catástrofe natural, para minimizar los riesgos durante una erupción es necesario estar prevenidos.


Un año después de Cumbre Vieja, ¿cómo se encuentra la zona en este momento? ¿Podemos calibrar ya al completo sus consecuencias?

La erupción acabó el 13 de diciembre de 2021, pero seguimos en la fase poseructiva registrando sismicidad dispersa en profundidades intermedias con algún que otro evento sentido por la población. No obstante, la red de GNSS, que mide la deformación del terreno, no indica ningún patrón o tendencia determinada y del cono sigue surgiendo una ligera emisión de gases compuesta prácticamente de vapor de agua, debido al enfriamiento de los conductos, que esta siendo controlada por la meteorología –pero puede haber cambios–. La población, por su parte, sigue recuperándose: está claro que, más allá de la alteración del paisaje, las consecuencias más importantes las han sufrido los vecinos debido al levantamiento del edificio volcánico y el emplazamiento de las lavas y del material piroclástico. Ha habido mucha destrucción de casas, plantaciones e infraestructuras y el valle se está recuperando poco a poco.

¿Cómo es ahora actualmente la actividad volcánica en Canarias?

Seguimos teniendo actividad sísmica en determinadas zonas. En las islas más activas –Tenerife, La Palma, El Hierro– y, cómo no, en el área entre las islas de Gran Canaria y Tenerife. Son zonas que siempre han dado sismicidad, si bien dispersa o en pequeños enjambres. En las demás redes de vigilancia no se observa ninguna actividad relevante.

«Ya se están desarrollando estudios sobre la influencia de los volcanes más explosivos en el cambio climático»

Hay, por lo menos, 500 volcanes activos en el mundo. A grandes rasgos, ¿cómo funcionan?

El volcanismo está ligado a la actividad tectónica (el movimiento de las placas). Así, tenemos en ciertas regiones del globo los llamados puntos caliente: la zona más activa del planeta es el anillo del fuego, que rodea el Océano Pacífico. Dependiente del marco geodinámico (límites divergentes o convergentes de las placas) y las regiones donde tenemos actividad del tipo punto caliente, los rasgos de los volcanes son distintos. Dependen del tipo de volcanismo, la explosividad y, cómo no, la peligrosidad.

Tan solo en Europa hay más de 100 volcanes potencialmente activos. ¿El nuevo urbanismo debe de tener como prioridad a la actividad volcánica?

Si la población aumenta en cualquier región donde existan volcanes, inevitablemente aumentará el riesgo. Por eso, la planificación del territorio es una herramienta vital para la mitigación de las amenazas volcánicas.

¿Cómo pueden prepararse las ciudades, que serán las áreas más habitadas en pocas décadas, ante fenómenos de esta índole?

En materia volcánica, los edificios y demás infraestructuras como vías de comunicaciones, industrias y otras son vulnerables, independiente de sus alturas. En general, los núcleos urbanos, las vías, las redes de agua y de luz o la comunicación pueden sufrir importantes daños. Pero esto, de nuevo, tiene que ver con el tipo de la erupción, y, sobre todo, de la distancia del punto donde surge la actividad volcánica.

«La población de La Palma aún sigue recuperándose de la erupción: se han destruido muchas casas, plantaciones e infraestructuras»

¿Qué relación podría tener la actividad volcánica con el cambio climático?

Una erupción volcánica que se prolonga mucho en el tiempo o que tiene un índice de explosividad por encima de 6 o 7 puede generar las condiciones para perturbar la climatología, debido a los productos, cenizas y gases que inyecta en la estratosfera. La erupción de Tonga, por ejemplo, fue una de las erupciones mas explosivas de las ultima décadas y ya se están desarrollando estudios sobre los posibles efectos en el cambio climático. Aunque por ahora solo tenemos modelos numéricos.

Solo uno de los cinco volcanes más peligrosos del mundo no se encuentra en un país desarrollado (Monte Nyiragongo, en la República Democrática del Congo). ¿Qué diferencias hay entre los países desarrollados y en vías de desarrollo respecto a la gestión de la actividad volcánica?

Obviamente la localización geográfica de un volcán es un factor muy importante. Para una vigilancia efectiva se necesitan muchos recursos, instrumentos, técnicos, científicos, observatorios, gastos de comunicación, ordenadores, etcétera. En el caso de las regiones donde hay dificultades para hacer una inversión tan grande, la comunidad científica internacional, junto con organismos como las Naciones Unidas o la IAVCEI, desarrollan proyectos que permiten la monitorización de la actividad y la implementación de las infraestructuras necesarias siempre en coordinación con las autoridades locales. La gestión del riesgo volcánico en estas zonas siempre es una tarea más difícil que muchas veces tiene que ver con las infraestructuras del propio país. En las últimas décadas creo que hemos avanzado en la mitigación del riesgo volcánico en estas zonas.

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