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Educación, sostenibilidad y acción: los retos de la nueva generación

Una de las luchas más importantes de los jóvenes de la tercera década del siglo XXI pasa por salvar el medio ambiente. Y los datos en España son bastante alentadores. Sin embargo, aún quedan retos por afrontar para evitar que esa lucha caiga en contradicciones (como cada generación lo ha hecho).

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Matilda Lombas
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14
Sep
2022
Generación

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Matilda Lombas

Cada generación tiene su lucha y sus desafíos. También un contexto que determina y condiciona la consecución de esos objetivos. Los matices y las aristas son incontables, pero si algo es indiscutible respecto a los jóvenes que viven en la furibunda tercera década del siglo XXI es que el medio ambiente es uno de sus estandartes, una de esas cuestiones que incontables voces han abanderado a lo largo y ancho del planeta. Cabe destacar que, de acuerdo con Naciones Unidas, existen 1.200 millones de jóvenes de 15 a 24 años en el mundo. Un grupo poblacional que, dependiendo del rango, puede llegar a representar hasta el 30% del total mundial.  

Los jóvenes son el principal motor en la lucha contra el cambio climático. Durante la pandemia fueron ellos los que desde las plataformas digitales mantuvieron la lucha ambientalista. Es decir, han sido ellos, durante los días más duros de la mayor crisis sanitaria de nuestro tiempo, quienes llevaron adelante los proyectos ambientalistas más importantes. Nunca mejor dicho, los jóvenes están siendo los constructores más inmediatos del futuro.

Precisamente este escenario fue el abordado por Carmen Pellicer, pedagoga, presidenta de la Fundación Trilema, y directora de Cuadernos de Pedagogía; Berta Segura, directora de Dmentes, y experta en marketing, y Arturo Larena, periodista, divulgador y director de EFE Verde, en una mesa redonda organizada por la revista Ethic y por la compañía Essity. Y, aunque con matices, todos los expertos llegaron a la conclusión de que la generación actual es, muy probablemente, la más concienciada de la historia.

Conviene preguntarse, no obstante, cómo se aproxima a nuestros jóvenes la sostenibilidad y qué retos tienen estos por delante. Una interrogante frente al que Larena deja muy claro la importancia de no perder de vista que la juventud no es homogénea, sino que dentro de la sociedad hay distintos matices. Por otra parte, para Berta Segura, sencillamente, esta es la primera generación concienciada de que no existe «un planeta B», y al respecto alerta sobre un punto crucial: una cosa es concienciación y otra acción.

«¿Cambian realmente los hábitos respecto a sus causas? Lo cierto es que, como generación, los jóvenes viven en una contradicción porque, por una parte, hay movimientos como Fridays for Future y Extinction Rebellion, pero por otra hacen botellón, no recogen los residuos y creen que todos esos temas son responsabilidad de los Gobiernos», reflexiona, poniendo el dedo sobre una de las llagas más punzantes de esta generación: la incongruencia entre el activismo y el consumismo.

Berta Segura (Dmentes): «Esta es la primera generación concienciada de que no existe un ‘planeta B’»

Otro punto interesante a la hora de analizar a las nuevas generaciones son sus diferencias respecto a las anteriores. Para Larena, en la comparación de los jóvenes de ahora con los de su generación, a la que denomina como ‘la España en blanco y negro’ (la de los años setenta), los cambios son evidentes. Y uno de los más importantes es que, ahora mismo, el debate sobre el calentamiento global ya ha calado en toda la sociedad, desde las escuelas hasta las familias. No obstante, esa hipótesis también tiene aristas, pues Carmen Pellicer reflexiona sobre la discordancia que existe entre el aumento en el nivel de concienciación sobre el problema, a la vez que el compromiso ético de las pequeñas decisiones cotidianas disminuye. Es decir, que sí existe un antes y un después en cuanto a la educación ambiental en España, pero esa situación no garantiza, ni supone, una toma de decisiones sobre ello.

Al respecto de este tema surge la siguiente cuestión: ¿el cambio nace en la sociedad o en las administraciones? Para Larena, la base de todo cambio tiene un origen en la educación y en la infancia. No obstante, para Segura esta generación –a diferencia de la millennial– sí que ha adoptado cambios en los hábitos diarios de consumo (botellas de aluminio en vez de plástico y desechables, menor consumo de carne, etcétera) en pro de una conciencia social. Una afirmación que, sin embargo, no esquiva una reflexión: ¿existe una contradicción en sus acciones? Para esta experta es evidente que sí, al considerar que la juventud abandera un discurso ambientalista y de inclusión social con ciertos límites, representados en unas zapatillas o un teléfono móvil de moda. Es, entonces, un problema de avaricia el que contradice al discurso activista.

El impacto de nuestras acciones en el medio ambiente

De acuerdo con el informe Green Response Report España 2021, elaborado por Essity, existe un cambio de perfil en la sociedad española a partir de la irrupción del coronavirus. El perfil español post pandémico dibuja a una ciudadano que, desde marzo de 2020, ha comenzado a llevar una vida más sostenible reciclando, reutilizando y apostando por las energías renovables. Es alguien con un mayor grado de compromiso y que considera que sus pequeñas acciones marcan una diferencia tanto en la sociedad como en el medio ambiente. Es, en términos generales, alguien que pondera más el entorno y el bienestar mental. Una actitud a la hora de afrontar el día a día que se traduce, según los datos del presente reporte, en un 61% de los españoles considerando que sus acciones influyen positivamente en la ralentización el calentamiento global.

Según el ‘Green Response Report’, el perfil español post pandémico ha comenzado a llevar una vida más sostenible

Ahora bien, este informe también revela otros datos clave. Uno de ellos es que el 53% de la población considera que todos los actores de la sociedad (Gobierno, empresas y sociedad civil) son responsables del cuidado ambiental. De forma complementaria a ello, casi la mitad de los españoles creen que es importante tener en la etiqueta de todo producto la información completa sobre el impacto medioambiental que pueda producir. No son las únicas cifras alentadoras: buena parte de la ciudadanía está dispuesta a gastar hasta un 9% de su presupuesto anual en productos sostenibles. Una situación que en la ‘España en blanco y negro’ mencionada por Larena era impensable.

El lado B del activismo

Ahora bien, ¿cuál es el papel del resto de generaciones en la sociedad actual? Para los tres expertos hay un rol esencial: mostrar a los jóvenes la parte oscura del sistema. Y es que, quizá, el origen de las contradicciones con las que tropieza la juventud es que precisamente desconoce esa cara B de lo que consumen.

Porque admirando la naturaleza desde una montaña o una playa no han logrado llegar al nivel de conciencia necesaria para comprender todo el CO2 que generan las empresas de envíos a las que parecen haberles jurado fidelidad, o las ingentes cantidades de desperdicio alimentario procedentes de los supermercados o de las cadenas de comida rápida a las que son tan adeptos. En pocas palabras, como así lo sugieren Segura y Larena, «habría que enseñarles más sobre las cloacas del sistema». 

Carmen Pellicer (Fundación Trilema): «La infancia es el periodo clave para concienciar»

Una idea que no es del todo compartida por Carmen Pellicer, quien apuesta más por la visión de que la infancia es el periodo clave para formar y educar. Sin duda, la juventud es un periodo de crisis, uno en los que se construyen las bases educativas, y es por eso que para ella, tanto llevar a los niños a la montaña como enseñarles las cloacas del sistema no resultan líneas incompatibles, sino todo lo contrario.  Al mismo tiempo, la propia Pellicer considera que no se puede esperar que los jóvenes actúen instintivamente hacia lo que los mayores les quieren inculcar acerca de lo que supuestamente es correcto para el planeta y la sociedad. «Queda mucho por trabajar en la autorregulación, la educación de la voluntad y el sentido del deber», afirma.

Independientemente de los matices, Larena considera que la juventud actual es mucho más exigente que la de otras generaciones. «¿Será, también, que es mucho más exigente con los otros, pero no consigo misma?». Esa es una de las reflexiones que deja Pellicer sobre la mesa. Y esa interrogante, sin duda alguna, es el origen de otro interminable debate sobre cómo la generación de jóvenes de la tercera década del siglo XX tiene que hacer frente a los retos que aún tiene por delante.

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